Páginas vistas en total

viernes, 7 de julio de 2017

nadie podrá dudar del talento de García Márquez, aunque es preciso reconocer que sin ayuda de Castro que lo empleó por muchos anos en Prensa Latina, no habría llegado muy lejos. así fue. Vargas Llosa cuenta su relación con el compadre cursos en El Escorial.


Vargas Llosa desnuda a García Márquez


El escritor peruano detalló en los cursos de la Complutense en El Escorial los lazos que lo unieron al autor de «Cien años de soledad»
De izquierda a derecha, García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay, junto a Carmen Balcells (1974) - ABC
1
Con un aguacero que podía asumirse como un homenaje al clima tropical de la Colombia que vio nacer a Gabriel García Márquez repicando en las ventanas, Mario Vargas Llosa protagonizó en San Lorenzo del Escorial una ponencia en la que desgranó la obra y la personalidad del difunto «Gabo», de quien se distanció tras un enfrentamiento en el año 1976. Con el medio centenario de su obra más reconocida, «Cien años de soledad», el Nobel peruano habló de su homólogo a la manera en que Tolstoi lo hubiese hecho de Dostoievski, o Wolf de Joyce.
«Él no era un intelectual, funcionaba más como un artista o un poeta. No estaba en condiciones de explicar intelectualmente su enorme talento para escribir, lo cual quiere decir que funcionaba a base de intuiciones, instintos, pálpitos. No pasaba tanto por lo conceptual. Esa disposición extraña que tenía para acertar tanto con los adjetivos, los adverbios y, sobre todo, la trama narrativa. Uno se da cuenta de una complejidad intelectual extraordinaria cuando lo estudia, pero también de que él no era consciente de las cosas mágicas que hacía», dispuso Vargas Llosa ante un aula hasta la bandera para atender lo que fue la ponencia que clausuraba la semana de homenajes a García Márquez en el marco de los cursos de verano que la Universidad Complutense organiza en El Escorial.
«Me deslumbró "Cien años de soledad". Me pareció una novela magnífica, extraordinaria. Escribí inmediatamente un artículo en el que decía que por fin América Latina había tenido su novela de caballerías donde lo imaginario prevalecía sin que el sustrato real desapareciera. Creo que esta impresión mía fue compartida por un público muy grande. Entre otras características, tenía la de ser un libro lleno de atractivos para un lector refinado, culto y exigente, o para uno absolutamente elemental, que solo sigue la anécdota y que no se interesa en la lengua ni en la estructura de una historia», desgranó el escritor peruano.
Su devoción por la prosa de «Gabo» lo llevó a estudiarlo y a enseñarlo. Primero lo hizo en Puerto Rico, después en Inglaterra y, por último, en Barcelona. Ello provocó que Vargas Llosa tuviera que racionalizar la obra de su amigo para después poder explicarla a unos estudiantes que también eran devotos de la saga Buendía. El trabajo terminó resultando en un libro que se alimentó de cientos de notas y materiales que había utilizado para elaborar su tesis doctoral: «La historia de un deicidio» (Barral Editores).
De la lectura que García Márquez hizo del ensayo surgió un reguero de anotaciones al margen que su autor nunca vería. «Los datos biográficos me los dio él, y yo lo creí. Pero recuerdo que en un viaje a Europa en barco yo paré en un puerto donde estaba toda su familia. Estuve conversando con ellos y el padre me dijo, "oíga, ¿usted por qué le quitó edad a 'Gabito'?" Se lo dije a "Gabo" y se puso muy incómodo, así que cambié de tema», expuso el conferenciante.

Génesis de una amistad

Durante la estancia de Vargas Llosa en Francia, trabajó en un programa de televisión que tenía una sección en la que comentaban libros que podían generar interés en América Latina. Fue antes del 67 cuando una obra titulada «Pas de lettre pour le colonel» («El coronel no tiene quien le escriba»). Fue el primer contacto entre el peruano y García Márquez. «Me gustó su realismo estricto, esa descripción tan precisa del viejo coronel que sigue inasequible al desaliento enviando cartas para reclamar una jubilación que nunca llegará», detalló.
Tras aquello llegaron los primeros intercambios de cartas, suficientes para hacerse amigos sin haberse visto las caras. De ahí surgió un proyecto a cuatro manos que nunca llegaría a puerto: escribir una novela sobre la guerra entre Perú y Colombia en el Amazonas. Si germinaría en libro una entrevista pública que Vargas Llosa le hizo en Lima, en lo que fue toda una excepción a las costumbres del fallecido, «reacio y uraño» cuando se trataba de exponerse ante las masas con un micrófono frente a los labios. Lo hizo con una edición pirata: se publicó sin que el artífice de la misma informase a los dos protagonistas. «García Márquez nunca se lo perdonó», recordó con cariño el autor de «La ciudad y los perros».
Las similitudes que ligan los caminos de ambos literatos no son escasas: ambos fueron criados por sus abuelos maternos, tuvieron una relación conflictiva con su padre, estuvieron internos en colegios y empezaron a trabajar como periodistas desde muy jóvenes. Pese a todo, Vargas Llosa puntualiza: «Las lecturas fueron la similitud más importante. Éramos admiradores de Faulkner. Hablábamos mucho de la impresión que nos causaba, como nos había educado, nos había puesto en contacto con la técnica moderna: sin respetar la cronología, cambiando puntos de vista...», explicó, antes de exponer ciertas diferencias formativas. «A él le había influido mucho Wolf, a mí Sartre, al que él ni había leído. Él había leído sobre todo literatura anglosajona», cerró.
Gabriel García Márquez perdura como un escritor afín a la corriente socialista, pero quien lo conoció durante los años calientes de la revolución cubana puede exponer como se gestó la conciencia política del autor de «Crónica de una muerte anunciada». «Él había pasado por un proceso de desencanto con la revolución. Trabajó en Cuba para Prensa Latina, vinculada a los Castro, pero el Partido Comunista acabó purgándolo. Él guardó con enorme discreción este asunto. Cuando lo conocí yo era muy entusiasta con la revolución, y él no. Tenía una posición como diciendo, "muchachito, ya verás, ya verás"», contó Vargas Llosa. Su postura cambiaría tras la declaración de Padilla posterior a su detención. Entonces «Gabo» comenzó a mostrar una postura mucho más cercana a los Castro, con una motivación clara a los ojos de quien ayer habló. «Creo que García Márquez tenía un sentido muy práctico de la vida, que descubrió en ese momento fronterizo que para un escritor era mucho mejor estar con Cuba que contra Cuba. Se libró del baño de mugre que nos llevamos los que estábamos en contra. Es la izquierda la que tiene el control sobre la vida cultural en todas las partes del mundo», sintetizó.
Aunque no hayan quedado pruebas certeras que definan su ideología, sí que es posible saber que García Márquez quería para su América Latina «cosas sensatas» como «desarrollo» o «socialismo» –aunque Vargas Llosa precisa que su idea del mismo era «muy suigéneris»–. «América Latina no es lo que se ve en su obra. En la fealdad de América Latina él podía ver belleza porque su prosa lo podía», explicó el de Perú.

Escalar hacia la democracia

Hablar de su tierra hizo que Vargas Llosa redirigiera el final de su discurso hacia la situación que hoy vive América del Sur. En ese sentido, se refirió a la importancia de que hoy vivamos en una sociedad que permite escalar rápidamente a los países en vías de desarrollo. Rechazó seguir caminos como los que tomaron Rusia, China, Cuba o, especialmente, Venezuela, y dio preferencia a posibles gobiernos corruptos que dictatoriales. Los objetivos que él ve prioritarios, cristalinos: erradicar la violencia, hacer crecer las clases medias y reducir la pobreza, todo ello con un destino común: la democracia.
«El desarrollo de América Latina solo es bello en su literatura. Son sociedades injustas, con mayorías aglutinando privilegios y minorías marginadas y sin oportunidades, que junto con la violencia conjugan el subdesarrollo. Con eso se puede hacer gran literatura, porque esta se alimenta mucho más de la mugre que de la belleza», dijo Vargas Llosa. «Cada país tiene la literatura que se merece. Si tenemos una pobre, menos imaginativa, tendremos que conformarnos y leer a los africanos, que tendrán una literatura rica como la de García Márquez» concluyó.

sábado, 10 de junio de 2017

Puka se apunta con una segunda parte de su artículo tan leído sobre "Borges y la burguesía pluri" y nos aclara un par de conceptos a propósito de los "estremists de izquierda que dicen una cosa y practican "el bien vivir a su manera"


El (in)discreto encanto de la “borguesía”



lunes, 5 de junio de 2017

LO QUE HACE SUSANA es despertar unas ganas tremendas de leer la obra de Harold Olmos plasmada en 4 libros de 750 páginas. Gracias Harold tu aporte es inconmensurable y Seleme Antelo hace bien en adelantarnos su contenido. "Labrado en la memoria" vendrá a resultar en el testimonio incontrastable de los testigos que han seguido desde el primer dia, "el juicio del siglo" a punto de concluir. nos quedamos repito con las locas ganas de su lectura.


Presentación del libro “Labrado en la memoria”

Susana Seleme Antelo

¿Qué le  motivó a Harold Olmos escoger el título “Labrado en la memoria” para este libro, en mi criterio una obra monumental, que debiera leerse, releerse, masticarse para recordar siempre una parte sustantiva de lo ocurrido en Bolivia en los últimos 11 años?

“Labrado en la memoria” es un libro “Para no olvidar” como titula  el autor el Libro Cuarto de esta historia,  monumental reitero, de 750 páginas.

No se trata solo de que lo se conoce como ‘el caso Rózsa’,  o ‘el complot contra las autonomías’,  o ‘EL JUICIO POLÍTICO CON CARÁTULA JUDICIAL TERRORISMO-SEPARATISMO’.

No. No es solo eso, lo que sería por demás suficiente. Es, en realidad,  un relato histórico. Es una minuciosa crónica periodística e histórica  de ese juicio, ordenada, ampliada  y rigurosa en la descripción y análisis de los contextos internos y externos tanto políticos, jurídicos, económicos, sociales y diplomáticos  que la rodearon y rodean.

Es la radiografía  de lo ha sido una práctica común en la Bolivia de estos tiempos, sobre la administración de justicia y su deriva hacia la “judicialización de la política”, contraria al  Estado de Derecho Democrático.

La obra consta de 4 libros. El primero es la reedición de la primera aproximación del autor a los hechos del 16 de abril de 2009, cuando fueron asesinados  extrajudicialmente el húngaro-boliviano, Eduardo Rózsa,  el irlandés Michel Dwyer, y el también húngaro Arpad Migyarosi.
Su título mantenido en esta edición, es una frase tomada de la película “Chico” sobre Eduardo Rózsa: “Allí donde me sepulten, nadie se arrodillar”. En ese texto,  el autor refresca el perfil  de ese  personaje.

El segundo, tercero y cuarto  libros, son el desarrollo del propio proceso en su fase de juicio oral, al principio itinerante, desde su instalación en 2012 en Cochabamba, luego en Tarija, Yacuiba y finalmente Santa Cruz de la Sierra.

“LABRADO EN LA MEMORIA” es la narración  histórica que hace un profesional de la comunicación, la información y el buen escribir, como el periodista Harold Olmos.

Haberse metido a fondo en el estudio, el análisis y la vivencia diaria de lo que también él denomina el ‘Juicio del Siglo’,  lo llevó a constar, mientras escribía, y lo cito, que estaba ante un caso que incluía mucho de la historia boliviana contemporánea”. Y la incluye totalmente. Es una investigación histórica en calve de crónica.

Esa es la historia que relata el autor, a veces de forma conmovedora, y otras brutal, detallada en sus contextos, como ya dije, acertadamente hilvanados y descritos, con una diáfana escritura  y una  incalculable información.

Nadie que no fuera el experimentado periodista  que él es, podía haber visto esa veta de información que contenía “el juicio del siglo”.

Y nos la ha dejado para la posteridad, con fidelidad histórica  y valentía democrática.

Es  la narración de un tema, en apariencia  judicial, pero cruzado por el exceso  del poder  político y el ejercicio de poder abusivo y obsceno.

El libro apunta  a desenmascarar las lacras del juicio contra 39 imputados de delitos jamás cometidos. Y va detallando este proceso y sus arbitrarios métodos antijurídicos,  en  desmedro del ejercicio del Derecho como civilización jurídica.

Lo hace con objetividad profesional, sin estridencia alguna.
Así pone al descubierto a los autores intelectuales y materiales, en este caso ‘los victimarios’, todos personajes del alto mundo político oficialista y sus  servidores.

No los califica, simplemente los ubica, los cita en algunos casos, en el escenario donde se hubieran desenvuelto,  ya sea utilizando datos de prensa nacional y extranjera, o de primera mano,  cuando asistía a las sesiones del juicio oral  en esta ciudad.

En ese marco, Olmos pone el dedo en la llaga sobre el asesinato extrajudicial de las tres personas ya mencionadas.

Relata con lujo de detalles los hechos de aquella madrugada de abril de 2009, y lo cito: “cuando la policía, apoyada en una orden del Presidente de la República, irrumpió en el Hotel Las Américas de Santa Cruz, los mató y lanzó una persecución tenaz sobre dirigentes políticos, cívicos y empresariales de la región”.

En mi criterio, aquellas muertes son el resultado de las evidencias DEL PROCESO Y LA PRESUNCION DE INOCENCIA  único caso de terrorismo, en este caso ‘Terrorismo  de Estado’, como puede deducirse de las evidencias presentadas en los más tres años de juicio oral desde que fue instalado, a pesar de las telarañas y preguntas que aun persisten.

Cada vez menos, en todo caso: sabemos quiénes son los “victimarios”.
Harold Olmos describe con magistral realismo el juicio oral, y lo cito otra vez, incidencias diarias, las pequeñeces, el poder de la iniquidad, la acción obsecuente que se percibía en la sala con los designios mayores del poder que confirmaban las flaquezas y omisiones de la justicia En lo personal, fue un aprendizaje.  Como lo fue compartir las penurias de los detenidos y de los obligados a asistir a las sesiones que aprendieron a vivir solo en el perímetro de sus viviendas como alternativa a la prisión”.

“LABRADO EN LA MEMORIA” nombra y recuerda  a todas las víctimas: las presas, las que sufren detención domiciliaria y las del exilio forzoso. A estos los llama  LA VOZ DE LOS SIN VOZ, a las que representó uno de los imputados, hoy  detenido en su vivienda.

Quienes salieron del país,  no tuvieron otra opción porque ni el Estado,  ni el el gobierno que lo administra, ni Poder Judicial subordinado al poder político de turno, les garantizó un juicio justo.

A falta de justicia, fue además  un juicio inhumano, porque ahí la vida  no valía nada. Quedó demostrado por las enfermedades e impedimentos que sufren algunas víctimas, dejándoles a ellos, a sus familias y amigos la sensación de impotencia e indefensión.

Como al General de la República Gray Prado Salmón, al arquitecto Ronald Castedo Allerding, al doctor Juan Carlos Santisteban y otros.
Durante el juicio, cuando la defensa de los acusados con graves problemas de salud invocaron ‘el derecho a la vida’, la respuesta del entonces fiscal Sergio Céspedes,  ofendió, y ofende todavía, a las conciencias democráticas bolivianas y del mundo.

Dijo que “en Bolivia los tiempos políticos habían cambiado”  y para simplificar su pensamiento agregó que “En la antigua Constitución Política del Estado se valoraba la vida. En esta nueva es Patria o Muerte”.

Hasta ahora no sabemos, como apunta Olmos,  contra quién estábamos en guerra para semejante arenga bélica.

En todo caso, el juicio no ha destruido a los imputados, aunque si afectado profundamente a cada uno de ellos y ellas, a sus familias  y a sus hijos, algunos muy niños entonces, que siguen siendo niños aun hoy.

El autor narra que la presentación por parte de los fiscales del régimen de los supuestos indicios e hipótesis, fue aberrante por la contaminación, suplantación y siembra de falsas pruebas. Entre otras razones, porque nunca  tomaron en cuenta el debido proceso, es decir el lugar de los hechos y su juez natural que debía instalar y presidir el juicio.

Tampoco consideraron  la norma legal,  basada en el “iuris tantum”.
Es decir, en la presunción de inocencia, a pesar de que en todo proceso que respete las normas de un juicio justo, se la admite para probar la inexistencia de hechos que se imputan a los acusados, sin pruebas concluyentes.

Mientras leía “LABRADO EN LA MEMORIA” para que no se olvide nada, no podía dejar de recordar  el libro,  “El proceso” de Franz Kafka y la situación del protagonista, Joseph K,  impotente, en esa atmósfera hostil, en la opresiva burocracia del impero austrohúngaro,  en tiempos de la ‘Gran Guerra’ o  Primera Guerra Mundial.

Y recordaba ese libro, porque aquel proceso que describió Kafka, se fue convirtiendo poco a poco en sentencia, como en este “Juicio del Siglo” .
Ambos se ajustan a lo que podemos llamar “el aparato judicial kafkiano”,  que en Bolivia  ha desterrado a las instituciones de un Estado de Derecho.

¿Es ese Estado, aquí, hoy y ahora,  una especie en extinción?
El autor del ‘Juicio del siglo’, deja la pregunta, sin enunciarla,  flotando en sus nutridas páginas.

Olmos escribe en  el prólogo  a la segunda edición que,  y lo cito nuevamente,  “Pocos juicios en el mundo han durado tanto:  siete años y medio y nunca en Bolivia se había dado un proceso que involucrase alzamiento armado, terrorismo y separatismo. El cuarto elemento inicial, magnicidio, fue suprimido de la acusación porque habría sido imposible sustentarlo y acabaría bloqueando los otros elementos de la acusación que tampoco pudieron ser probados en tres años y medio de juicio oral”.

Revisar el índice de “Labrado en la memoria”, para no olvidar,  es una invitación-interpelación  a leer y seguir leyendo las cientos de  paginas que están delante. Los títulos de cada capítulo son ideas fuerza, algunas poéticas, otras  en clave de metáforas e impulsan para continuar la lectura.

En la parte final del libro, el autor relata que la defensa de uno de los imputados, convocó como testigos a los policías que intervinieron en el asalto al Hotel las Américas, donde fueron asesinaron extrajudicialmente las tres personas asesinadas.

Los testigos eran Marilyn Vargas, Walter Andrade y Gary López, dragoneante, capitán y subteniente de policías, miembros de la ahora disuelta UTARC.  ¡Qué nombre: unidad táctica de resolución de conflictos… a bala como entraron al hotel de marras!

“Cercados por una muralla de policías”, relata Olmos, “ingresaron uno a uno a la sala de audiencias, gafas oscuras y traje de fajina mientras periodistas, fotógrafos, camarógrafos, parientes y amigos de los procesados eran expelidos de la sala

Se les pagó pasajes y reserva en las habitaciones ocupadas por Rózsa, Magyarosi y Dwyer en dicho hotel. Se negaron a pernoctar en ellas.
Durante la sesión, el tribunal resolvió que la sesión sería reservadas en previsión  a las declaraciones que podrían hacer. Pero se acogieron al derecho del silencio.

No puedo dejar de compartir con ustedes otro sentimiento que me fue dejando la lectura de este libro.

Ese sentimiento me remitía a la filósofa alemana Hannah Arendt, víctima del nacionalsocialismo en tiempos de Hitler. Se salvó porque, siendo judía, huyó, y pudo legarle al mundo su mirada lúcida y penetrante en libros sobre los totalitarismos, las revoluciones, la violencia, la condición  humana, entre otros.

Lo que me martillaba la cabeza, era la elaboración de Arendt sobre el concepto La banalidad del mal, con el que describió a Adolf Eichmann en el juicio que se le siguió en Jerusalén  en 1961 por su intervención en lo que se conoce como “la solución final del problema judío”.

No se trata de  comparar o encontrar similitudes entre uno y otro juicio. Se trata de constatar,  como  hizo Arendt,  y la cito, “la larga carrera de maldad, la terrible banalidad del mal” que le impedía al acusado  darse cuenta de sus “horrendos actos y el daño que había causado”.  

Él y todo el aparato nazi tenían licencia para matar, por eso nada les importó, ni los métodos usados, ni las víctimas, ni sus familias, ni los entornos.

Esa es la terrible banalidad del mal, que se arropa en la naturaleza de la INjusticia en Bolivia,  en manos de dirigentes políticos, de funcionarios del aparato estatal y del gobierno; de policías corrientes o miembros de fuerzas especiales,  que van por el mundo sin inmutarse por las culpas que pesan sobre sus espaldas.

No les hace mella “la larga carrera de maldad, la terrible banalidad del mal”, como dice Arendt  que han ejercido sobre sus semejantes,  hombres y mujeres, y sobre toda la sociedad.

En este juicio del siglo, los autores intelectuales y materiales del complot contra las autonomías, del asesinato extrajudicial de tres personas, de todo el vicioso desarrollo del juicio, de las vidas truncadas aquí o en exilio, van por la vida como si no hubiesen cometido  maldad alguna.  ¡Esa banalidad del mal indigna!

“LABRADO EN LA MEMORIA” es un libro para no olvidar. También para aprender.   Gracias Harold por tu memoria fiel a la historia y al oficio. Santa Cruz, fundamentalmente,  y Bolivia te lo agradecen.

martes, 30 de mayo de 2017

El Dia consagra su primer comentario a glosar facetas de la vida de Luis Luksic que nacido en Potosí destacó como pintor, poeta, escultor y conservador de arte, Rigoberto Villarroel Claure escribe sobre su obra, aún cuando Luksic terminó sus dias en la pobreza de un hospital caraqueño.


Luis Luksic y el periodo vanguardista en Bolivia

E n el año de 1988 falleció en Venezuela, el poeta y artista potosino de ascendencia yugoslava, Luis Luksic (1910-1988). La crisis política de finales de la década de los años cuarenta, obligó a exiliarse en tierras caribeñas. Este forzado alejamiento terminó por aislarlo del ámbito artístico y cultural de Bolivia. En la actualidad se tiene pocas referencias acerca de su labor poética, artística y política.

El crítico de arte Rigoberto Villarroel Claure, en su estudio sobre el Arte contemporáneo: Pintores, escultores y grabadores bolivianos (Imprenta López, Buenos Aires, 1952), retrata brevemente el trabajo artístico que desempeñó Luksic en Bolivia. Según Villarroel, Luis Luksic fue un gran colaborador en la clasificación y restauración del acervo artístico.

Ejerció el profesorado y posteriormente asumió la Dirección en la Academia Nacional de Bellas Artes “Hernando Siles Reyes” de la ciudad de La Paz. Con referencia a su técnica artística,Villarroel afirma: “Está dotado de teoría académica y conocimiento técnico; conoce los secretos de su pintura (...). Cultivó con asiduidad el paisaje neo-impresionista, con virtuosidad en la combinación del colorido imaginativo y libre, sin tendencia, ni concepto preconcebido”.

Fiel a su época, Luksic contribuyó al “misticismo de la tierra”. Esto se ve reflejado por ejemplo en sus acuarelas coloristas sobre el“Nacimiento indio”, “Felices pascuas para el pueblo” o la “Danza de la diablada”, estos motivos indígenas tuvieron cierta notoriedad y atención en distintas exposiciones individuales en el Museo Social Argentino (Buenos Aires), en 1948; en la Real Sociedad de Acuarelistas (Londres) y en la Casa de América Latina (París) ambas exposiciones realizadas en 1949; y en el Club Paraíso de Caracas (Venezuela), en 1959, entre otras exposiciones.

En el campo poético, Luksic se movió entre el vanguardismo, el surrealismo y la protesta social. Los escritores Armando Soriano Badani y Julio de la Vega, en su compendio sobre la Poesía Boliviana (La Paz, 1982), se inclinan en considerar las odas de Luksic como una manifestación de la etapa vanguardista en Bolivia: “Nutridos de cierto objetivismo realista cultivado con imágenes renovadas y audaces, y un vanguardismo de subjetiva tendencia que penetra hasta las abismales profundidades del subconsciente (...). Estos vanguardistas renuevan la poesía, insuflando un inédito soplo emocional que transforma su imagen original”. El bohemio Luis Luksic llegó a publicar Cantos de la ciudad y el mundo. Poemas 1932-1947; Cantos de la ciudad y del campo (ambos poemarios se publicaron en 1948); 4 poemas y dibujos (1958); Cuatro conferencias (1963); y Elogios a este paraíso terrenal en el que vivimos (1980). Finalizada la contienda bélica con el Paraguay (1932-1935), Luis Luksic fue seducido por la política. Al respecto, el escritor y político José Antonio Arze considera este contexto político con las siguientes palabras: “Por suerte, lo mejor de la juventud menor de 40 años se alineó decididamente, después de la Guerra del Chaco, bajo las banderas de la izquierda antifascista. Dos de los mejores valores poéticos de hoy, Yolanda Bedregal y Luis Luksic, son antifascistas”.

El trovador Luksic fue uno de los fundadores del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) y luego militó en el Partido Comunista de Bolivia (PCB). A partir de los años cuarenta, participó activamente en el Congreso de Izquierdas como delegado del Grupo Vanguardista de La Paz. Sobre este periodo político, el subjefe del PIR, Ricardo Anaya Arze indica: “En La Paz se agrupó una juventud brillante y luchadora, pero no alcanzó a desplegar estrategia política sistemática, lo cual impidió una acción más positiva del PIR en la sede de gobierno”. Anaya hace referencia a los entusiastas jóvenes: Julio de la Vega, Alberto Crespo Rodas, Alfredo Otero, Luis Luksic, Jaime Saenz, Emilio Estrada, entre otros. El espíritu revolucionario de Luis Luksic fue plasmado encantos surrealistas inspirados en el PIR.

La agitada época que le toco vivir al versificador Luksic se tradujo en persecución, prisión y destierro por sus convicciones izquierdistas.

Sobre este punto, Gastón Cornejo Bascopé indica que Luksic fue exiliado a Europa: “Permaneció dos años en París donde dio conferencias en la Maison de L´Amerique Latine y participó en el evento político más importante de ese tiempo: El 2do Congreso Mundial de la Paz celebrado en París en abril de 1949 donde se reencontró con Pablo Neruda y compartió ideales y presencia de con grandes personajes, Pablo Picasso, Joliot Curie e Ilya Eremburg”. Una vez clausurado el evento, Luis Luksic viajó a Venezuela donde tuvo una actividad fecunda en la pintura, el dibujo, la caricatura, la poesía, relator de cuentos, titiritero y tuvo un fugaz paso por el teatro y cine. Su agitada labor artística se fue desvaneciendo con el pasar de los años, al final de su vida terminó desamparado y enfermo en un hospital universitario de Caracas.

viernes, 26 de mayo de 2017

Pedro fue muy amigo de Raul Rivadeneira recientemente fallecido, por ello este recuerdo tan tierno, tan humano tan próximo de un poeta a otro poeta, de un escritor a otro. lo curioso es que ambos fueron discíplulos entrañables de Juan Quiroz, aquel sacerdote lírico que habiendo vivo en plena Guerra Civil española estuvo a punto de ser fusilado. ningune mejor que Shimose para mostrar la obra prolífica de Raul con tantos títulos publicados...paz en su tumba!


Réquiem por

Raúl Rivadeneira Prada

Un amigo ha muerto fulminado por un aneurisma estomacal. Raúl Rivadeneira Prada (Sucre, 07.05.1940 – La Paz, 18.05.2017), católico de rigurosa ortodoxia y cumplida liturgia, periodista intachable, abogado distinguido, profesor respetado, académico brillante y ciudadano ejemplar. Defensor de la libertad de prensa, luchador intransigente por los derechos humanos, vivió unos años exiliado en México, en cuya capital publicó dos libros sobre teoría de la comunicación: Periodismo y La opinión pública, que ya van por la vigesimoquinta edición. 

Con Carlos Coello (+), Mario Frías Infante y Carlos Castañón Barrientos, Raúl integró el núcleo de lexicógrafos bolivianos que contribuyó a incorporar 2.809 bolivianismos en la última edición del Diccionario de la Real Academia Española. Publicó 30 libros, la mayoría sobre teoría de la comunicación, seis sobre lexicografía y otros seis sobre crítica literaria: Rulfo en llamas, 1980 / El teatro de evocación de Guillermo Francovich, 1989 / El grano en la espiga, 1997 / Troja literaria, 2002 / Escritores en su tinta, 2009 / y La escritura inaugural de Mario Vargas Llosa, 2012. Su libro testimonial sobre el Teatro Experimental Universitario de la UMSA /La Paz (Historia del TEU, 1999) merece mención especial por su aporte a la historia del teatro boliviano que empezó a escribir Mario T. Soria y que otros seguirán escribiendo. 

Ahora que lamento su muerte, quiero reivindicar su faceta de escritor y crítico literario. Fue uno de los narradores más notables de mi generación y un excelente crítico literario, discípulo de Juan Quirós, maestro de la crítica periodística del siglo XX. Raúl publicó seis libros de crítica literaria y cuatro de relatos: El tiempo de lo cotidiano (1987), Colección de vigilias (1992), Tiempo de ficción (2007) y El saxofonista y su perro cantor (2013). Su trayectoria como periodista, lexicógrafo y profesor universitario relegó injustamente su obra literaria a un segundo plano. 

Nos conocimos en 1959, en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA / La Paz. Fuimos compañeros de curso y compartimos clases de filosofía y letras en la misma universidad hasta que, en 1961, abandoné definitivamente mis estudios de Derecho y me dediqué al periodismo. En el recién fundado diario católico Presencia (1960) nos volvimos a encontrar como reporteros y, desde entonces, nuestra amistad no hizo sino crecer en el tiempo y la distancia, a pesar de mi largo destierro. Su muerte me ha vuelto a recordar que, como dijo el poeta, “nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir”. Mis condolencias a Carmen, su esposa, y a sus hijos Raúl, Celia y Catalina, que le dieron esas alegrías que dignifican y le dan sentido a la existencia. Descansa en paz, amigo. // Madrid, 26.05.2017.


jueves, 11 de mayo de 2017

aunque lo de Mario tiene mucho que ver con la política y la situación en Venezuela y Francia, no dejan sus expresiones de estar vinculadas a la literatura, a las lecturas, al idioma español por esto Vargas Llosa "querendón de Bolivia" aparece aquí. Mario aprendió a leer en Cochabamba, Bolivia y jamás lo olvidará.


Mario Vargas Llosa: “Lo de Venezuela es una dictadura que se va a terminar pronto”

El premio Nobel de Literatura 2010 afirmó que el régimen militar de Nicolás Maduro está “dando las últimas bocanadas” y pronto caerá. “El sufrimiento del pueblo venezolano es enorme, la crisis es atroz”, sostuvo
Mario Vargas Llosa (Foto: Nicolás Stulberg)
El escritor peruano Mario Vargas Llosa dijo que la democracia es una alternativa que está en marcha en América Latina, por lo que no hay espacio para el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, que está “dando las últimas bocanadas” y pronto caerá.


El sufrimiento del pueblo venezolano es enorme, la crisis es atroz“, indicó al afirmar que “nadie que tenga uso de razón” puede ver en Venezuela un modelo a seguir.

Lo de Venezuela es una dictadura que se va a terminar pronto, no puede tener un futuro largo“, concluyó en una conferencia de prensa en Chicago (EEUU).

El sufrimiento del pueblo venezolano es enorme, la crisis es atroz
En opinión del premio Nobel de Literatura 2010, América Latina ha rechazado en general al populismo y afirmó que no ve riesgos de recaída, porque los cambios de gobierno registrados en Argentina, Perú y Brasil muestran que “hay una orientación cada vez más democrática en el continente“.

Durante su encuentro con periodistas, previo a una conferencia en el Instituto Cervantes de Chicago, Vargas Llosa se refirió a las elecciones francesas y dijo que los resultados “son muy estimulantes“.

“En esta elección se jugaba algo muy serio, no sólo la subida al poder de un partido de origen fascista, sino el peligro de que la Comunidad Europea desapareciera”, indicó.

“Si Francia se saliera de la comunidad como prometía el Frente Nacional, sería su fin. Eso hubiera sido una gran tragedia“, aseveró.

“Para la democracia, la cultura y el futuro de la humanidad”, la elección del centrista Emmanuel Macron como presidente de Francia es muy alentador, indicó el escritor de “La ciudad y los perros“.

“El populismo ha sufrido una derrota fuerte en Europa y eso va a estimular mucho a todos los demócratas, que son la inmensa mayoría de los europeos”, agregó.

Más tarde en su conferencia, Vargas Llosa habló sobre el peligro que corren el español y todas las lenguas en estos momentos con la “gran revolución audiovisual de nuestro tiempo“.

“Las pantallas parecen haberle ganado la partida a los libros y estos se fueron quedando cada vez más arrinconados. Los grandes protagonistas de la cultura en estos momentos son las pantallas“, manifestó.

Vargas Llosa también analizó el triunfo de Emmanuel Macron en Francia
A su juicio, la gran revolución audiovisual es algo importantísimo porque “ha unificado enormemente a la humanidad en nuestro tiempo en materia de comunicaciones“.

No obstante, el Nobel defendió el papel de los libros, porque tienen un rol en la formación de los individuos y de la comunidad “y no pueden ser totalmente reemplazados por las pantallas“.

Afirmó que es muy importante que pantallas y libros coexistan, pero es muy importante defender al libro, porque enriquece la personalidad de una manera que no pueden hacerlo las pantallas.

“No hay mejor manera de conocer un idioma, las riquezas que entraña, lo que significa hablar y pensar con precisión y claridad, si no es a través de los buenos libros y de la buena literatura”, afirmó.

Además de su presentación en el Cervantes, Vargas Llosa ha dictado una serie de conferencias en la Universidad de Chicago sobre el proceso de creación de cuatro de sus novelas, que culminará el próximo lunes con “La fiesta del Chivo”.
(Con información de EFE)
LEA MÁS:

viernes, 21 de abril de 2017

Shimose rinde homenaje a Raúl Botelho Gosálvez a quién conocí en La Paz, hospedado en el Hotel Sucre de El Prado, en una de las pausas de la carrera diplomática que asumió por décadas, sin abandonar la literatura. su obra basta en cuando a libros y ensayos no ha sido del todo difundida aunque los círculos intelectuales lo valoran en alto grado.


Centenario de Raúl Botelho Gosálvez

Raúl Botelho Gosálvez (La Paz, 11.04.1917 – ídem, 09.05.2004) era un hombre rebelde, comprometido, “engagé”, dirían los existencialistas franceses.

Escritor precoz, tenía 18 años cuando escribió Borrachera verde, su primera novela, y 21, cuando escribió su segunda, Coca. Narrador, ensayista, dramaturgo, periodista, diplomático, tenía tres grandes pasiones: Bolivia, la literatura y las mujeres. Y una manía: cada 12 de octubre, solía enviar a la embajada de España, en La Paz, un ramo de flores con una dedicatoria: “A la República Española”. 

Rechazó ser miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, apoyó el proceso de descolonización de la posguerra y, en plena Guerra Fría, a los Países No Alineados. En los años 40, Botelho había encabezado manifestaciones callejeras en defensa de la Escuela de Warisata, antes de que este ayllu se alzara en armas contra la Revolución Nacional y la Reforma Agraria de 1953 que le había devuelto sus tierras y le había proporcionado fusiles para que defendieran sus derechos. A partir de entonces, Botelho vivió desencantado de aquella aventura racista, germen de la Nación Aimara de los Reynaga, Jorge Sanjinés, García Linera y Felipe ‘Mallku’ Quispe. (Botelho nunca pensó que Warisata fuese una comuna socialista). Así era este hombre que me indujo a firmar (y lo hice con gusto) una adhesión a la candidatura de Rómulo Gallegos al Premio Nobel de Literatura. 

Como Gallegos en Venezuela, Botelho intentó expresar en sus novelas y relatos realistas el carácter de un país invertebrado. Sus novelas Borrachera verde (1938), Coca (1941), Altiplano y Los violentos años (1999); sus libros de relatos Los toros salvajes (1965), Con la muerte a cuestas (1975), La revancha (1987) y Vale un Potosí (1994); y sus libros de ensayos: Vendimia del viento (1967), Trece ensayos (1984) y 20 ensayos bolivianos (1998) son algunos títulos de su vasta obra literaria. 

También publicó dramas y libros sobre temas geopolíticos e históricos. Cuando me amnistiaron, en 1984, y me permitieron visitar Bolivia, uno de los placeres que justificaban mis viajes, era reunirme con él, Mariano Baptista Gumucio y Alberto Crespo Rodas. Conversador exquisito, su palabra era una fiesta de ingenio, finura e ironía. Vestía de forma impecable, siempre elegante; razonaba como estadista y su habla clara y sencilla era como su prosa. 

En 2003, ya hospitalizado, no recibía visitas que no fueran las de su entorno familiar. No obstante, permitió que ‘Mago’ Baptista y yo fuéramos a verle. Sabíamos que se trataba de una despedida, la definitiva. Desde su lecho de enfermo seguía leyendo mis artículos de opinión. “¡Caramba, Pedro, no trabaje tanto!”, me dijo. Como ven, no le hice caso.
// Madrid, 21.04.2017.