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viernes, 29 de abril de 2016

si algún poeta boliviano y literato merece ser elevado al altar de la fama y obtener el Nobel, es Armando Soriano Badani, intenso escritor con más de 30 títulos sobre los anaqueles. me enternece cuando se refiere a Gesta Bárbara la pléyade de pensadores bolivianos que encarnó en las letras el alma boliviana. Ivone Juárez Zeballos se refiere a ello.


Ivone Juárez Zeballos

Comienza la década de los años 50 del siglo XX en la ciudad de La Paz, que se ha convertido en la primera urbe de Bolivia. En ella una clase dominante conservadora marca la tendencia del arte y la literatura, que se precia de su gran influencia europea. Los autores nacionales son apenas reconocidos.
 En la terraza del Domec, una confitería ubicada en pleno centro paceño, en la avenida 16 de Julio -hoy conocida como El Prado- un grupo de jóvenes está reunido sosteniendo una efusiva conversación que llama la atención del resto de los clientes. 
Se trata de algunos de los miembros de la segunda generación de Gesta Bárbara, un movimiento de intelectuales, literatos y artistas creado a principios de siglo XX, en Tupiza, Potosí, bajo el liderazgo de Carlos Medinacelli, autor de la emblemática novela boliviana Chaskañawi. El movimiento estaba guiado por el sentido de revalorización de la producción literaria y cultural boliviana. Su fuerza fue tal que llegó hasta La Paz.
En el grupo de jóvenes en la terraza del Domec están Mario Miranda, Julio de la Vega, Gustavo Medinacelli, Óscar Alfaro, José Federico Delós, Jacobo Liberman y Valentín Abecia, que años después serán reconocidos y recordados como los más grandes poetas y escritores de Bolivia. Entre ellos también se encuentra Armando Soriano Badani, un joven de casi 30 años, estudiante de Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés.
La charla del grupo es espontánea y gira en torno a diferentes temas. A momentos de política, en otros de economía, religión... pero el tema ineludible es el cultural y el literario, en lo que están involucrados todos ellos.
No faltan las declamaciones de versos, poemas y sonetos de amor o de exquisita sátira contra la política y sus representantes...
 Armando Soriano ya tiene escrito un libro de poesía: Alba rota, que años después se convertiría en una de sus mayores obras. La concibió en sus años de estudiante.
 Ahora está cultivando la poesía amatoria, ésa de tinte erótico que le fascina. También está escribiendo Escondida entre mis sueños, una novela en primera persona que describe la experiencia de Gesta Bárbara y los acontecimientos que se dan en la carrera de Filosofía, donde él estudia.
Soriano nació en Cochabamba en 1921, pero radica en La Paz desde muy niño. Es el séptimo de los siete hijos de María Badani, viuda de Soriano. Después de salir bachiller, del colegio La Salle, siguió, simultáneamente, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.
A principios de los años 50, concluidas las dos carreras, logró una beca de estudio en París, donde se especializó en seguridad social, pero, al mismo tiempo, siguió cursos de estética e historia del arte.
 Salió de Bolivia con sus amigos Julio de la Vegas y Mario Miranda, con los que compartió esa experiencia de vivir tres años en "esa libertad extraordinaria” de la Ciudad Luz, donde conoció los museos más famosos del mundo y asistió a diferentes eventos culturales de la época, lo que le representa "una fuente nutriente de enriquecimiento espiritual extraordinario”.
A su regreso a Bolivia, junto a Julio de la Vega y Mario Miranda y otros poetas y escritores, llega a formar parte de la segunda generación de Gesta Bárbara. 
Pese a que el principal sentido del movimiento era revalorizar la literatura boliviana, Armando Soriano y sus amigos estaban  muy influenciados e inspirados en escritores de la época, que representan al cubismo literario, una corriente vanguardista que se originó en París alrededor de 1908.

MEDIO SIGLO DESPUÉS 
Hoy, más de medio siglo después, una ola de recuerdos empapa a Armando Soriano, el último de los caballeros de Gesta Bárbara. Verbaliza sus recuerdos  en medio de la euforia que desata la nostalgia. Describe los momentos junto a sus amigos ya fallecidos, evoca los momentos junto a ellos y hasta recita sus poemas con  emoción.
 "Éramos una familia espiritualmente reunida que se tomaba sus pequeñas licencias nocturnales para escribir,  decir poemas y tertuliar como uno de los símbolos más seductores del intercambio de ideas.  Formaron parte de esa familia poetas estupendos que dejaron su obra importante”, evoca.
"Cada quien guardaba su independencia, no sólo de pensamiento y conducta. Todos éramos absolutamente libres, tanto que si bien algunos teníamos nuestras inclinaciones izquierdistas, habían otros con inclinaciones diferentes, pero todos éramos respetados, éramos igual queridos”, añade este hombre casi centenario, dueño de una intacta memoria, una elegante estampa y un trato caballeroso y galante, propio de los caballeros de Gesta Bárbara.
Soriano se detiene en su amigo Gustavo Medinacelli. "Era un personaje con gran fuerza y entereza, con una personalidad medio extravagante. Era un espíritu completamente libre, el líder de todos nosotros, el fundador”, dice.
  Recuerda que Medinacelli siempre solía sorprender. "A veces, cuando teníamos alguna obra en la que tenía que aparecer, no salía al escenario. ¡De pronto aparecía en algún rincón entre el público!, ¡inuscitadamente!, creando una verdadera sorpresa”.  Gustavo Medinacelli fue el primer miembro de la segunda generación de Gesta Bárbara que murió.
En seguida se le viene a la mente José Federico Delós, "un gran poeta crítico de las autocracias militares”. Para evocar su memoria declama uno de sus poemas, Sarjam: -"Qué quereís en la cumbre, las eternas nieves ciegan aquí a las alimañas, lo lobos deben ir a las cavernas, sólo el águila habita las montañas. No os queremos aquí, ir a hundiros en el cero mismo de la nada, abajo, más abajo, no los queremos aquí, ¡sarjam carajo!”-.
También recuerda a Óscar Álfaro "con su poesía política absolutamente aguerrida, pese a ser un poeta absolutamente de espíritu manso y quieto”.
"Era un niño, por eso se convirtió en el poeta de los niños de Bolivia. Tenía un poema que hablaba de él mismo”, dice y comienza a declamarlo: -"Desde adentro, desde el fondo de mí mismo sale corriendo a mi encuentro un niño que soy yo mismo”-.

EXALTADORES de la cultura boliviana


Pero el movimiento Gesta Bárbara no sólo era un espacio en el que este "grupo original de extravagantes” encontraba la motivación para escribir poesía, cuentos, novelas o crítica literaria -afirma Armando Soriano- sino que promovía y organizaba actividades públicas para "mover el ambiente anquilosado de la cultura”.
Cada semana organizaban recitales en el Teatro Municipal,  en el Salón Municipal, de la Cañada Strongest, o en cualquier otro local "de lo más conocido o desconocido”.
En esos espacios los miembros de Gesta leían sus poemas en actuaciones presentadas por Gustavo Medinacelli, "que hacía y decía sus locuras”.
Pero la pluma de los miembros de Gesta Bárbara también alcanzó a los periódicos más destacados de la época. En diarios, como La Razón y Última Hora, eran los encargados de las páginas de cultura, donde escribían críticas sobre la producción cultural en nuestro medio.
"Éramos absolutamente exaltadores y amantes de la literatura boliviana, porque había muchas expresiones un poco falaces, algunos escritores que tenían sus grandes laureles y prestigios, pero eran de una gran modestia creadora. Todo eso nos inducía a tratar de exaltar lo que verdaderamente era una expresión genuina de nuestra cultura”, comenta Armando Soriano.
El autor se regocija al recordar que el grupo llegó a ser estimado por generaciones más antiguas de grandes figuras de la literatura boliviana, como Carlos Medinacelli, Armando Alba y otros grandes escritores.
"Era un estímulo para nosotros. Éramos irreverentes por una rebeldía que nace más de la juventud que de una actitud racional, pero nuestro contacto con esta gente tenía un gran valor en nuestra producción”, expresa.


El GERMEN DE LA POESÍA 


Si Gesta Bárbara fue un estímulo para cada uno de sus miembros,    para Armando Soriano fue el germen que lo convirtió en uno de los mayores conocedores del cuento boliviano  y en un maestro de la poesía amatoria.

En su incursión por el cuento, este barón de  las letras bolivianas se coronó como un especialista, que prácticamente sembró la definición de ese género literario. En 1964 publicó El cuento boliviano, una obra en la que recopiló y analizó todo lo producido hasta entonces por los autores nacionales. 
"Ahí afloran la mayoría de los que comenzaron a escribir sus libros de cuentos”, explica.
Ese exitoso trabajo cruzó las fronteras, porque desde Argentina  le pidieron escribir una antología del cuento boliviano, que fue impresa en 30.000 copias, que llegaron hasta  bibliotecas de Estados Unidos.
En 1989 Soriano escribió su primer cuento, Rumbo de la fatalidad, inspirado en la represión política de la época. Señala que como cuentistas desarrolló el estilo del "desenlace desconcerante que destruye la intriga”.
Y el trabajo de Armando Soriano sigue y suma, porque también escribió sobre autores bolivianos analizando y criticando su obra. Entre esos trabajos destaca Elogio a La Paz, donde se dedicó a revisar el trabajo de los intelectuales y literatos paceños.
En cuanto a Soriano como el maestro de la poseía amatoria, él mismo considera que de sus más de 30 libros y decenas de ensayos,  su obra más exitosa fue la que  escribió hace casi  75 años, pero  que publicó en 1960: Alba rota, un compendio de sus poemas  escritos en el colegio y dedicados a "esos amores que aparecían y desaparecían de repente”.
"Lo publiqué  regañadientes, pero fue muy bien recibido. Es un libro nutrido de sonetos, una de mis inclinaciones porque es una de las formas poéticas más encantadoras, armoniosas y difíciles”, comenta.
Pero  Soriano no sólo cultivó el verso libre, sino la mayoría de las manifestaciones poéticas clásicas que hoy son un gran patrimonio de la poesía boliviana.
Por eso, al referirse al verso de este último caballero de Gesta  Bárbara,  Jacobo Liberman,  su amigo de siempre , ya fallecido, lanzó  una  profecía:   "Soriano, por favor, y no digo nada original, no está para otoños, él es un poeta condenado a escribir un siglo de poesía y su lugar en la lírica boliviana se encumbra a la altura de esta tierra”.