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sábado, 1 de octubre de 2016

poeta, tenor, demócrata cristiano, maestro Edmundo fue eso y mucho más. me sumo compungido al homenaje de Gastón Cornejo que lo conoció bien, no sólo como lídez de poetas y escritores, sino en el ajetreo del sindicalismo. Edmundo ocupó largo tiempo la dirigencia docente y modesto y acendrado en la humildad no aceptó lauros. me duele su partida. cuántas jornadas compartimos juntos...oh! recuerdos que laceran por la ausencia.

Hoy descansa junto a nuestro corazón que también quiere partir, y ciertamente, quebrado de tristeza, altera presuroso su ritmo por la ausencia del ser querido, del compañero de trabajos literarios en la Unión de Poetas y Escritores
Cada ser humano que nace en este bendito planeta trae un duende interior que oficia de genio y transmite sus mensajes en brotes de existencia fecunda.
También se allega a la interioridad un hermoso ruiseñor que canta su alegría y profetiza la inmensa felicidad del vivir. Cuando calla, algo grave está pasando a la humanidad entera, pues el silencio es una elegía por un comisionado de Dios que, agotado de ser su portavoz añejo, dejó de trasmitir el bendito mensaje.
Pues el ruiseñor de Edmundo ha silenciado su canto pero queda la resonancia en nuestros corazones, se mantiene como eco profundo la melodía de su voz y su palabra, sus gestos amigables y su sonrisa de ángel envejecida su testa plena de tiernos bucles desordenados, cargados de hebras “más dulces que el recuerdo del hombre” al decir de nuestro poeta Camargo.
En su rostro logre distinguir signos interrogantes de cuestionamiento continuo. Había fábulas misteriosas en sus mejillas, asteriscos, estrellas, todo aquello que atesoran los poetas en su alma.
Lo conocimos dirigente sindical de los Maestros, reclamando siempre la justicia con mandobles de Quijote en los debates de la dignidad humana; otras veces era visible el penacho del Cyrano, enarbolado cual lábaro presto a la batalla. Jamás dejó de hacer vibrar su voz cuando el sentimiento le exigía libertad. Entonces, tomaba la palabra seriamente y reflexionaba en voz alta, y cual Cristo en la Montaña, lanzaba sus Bienaventuranzas mensajeras de fraternidad universal; o bien, si le daba en gracia entonar una canción, lo hacía cual maestro del arte y siempre cargado de emoción invitando a la paz, a la alegría y al amor, esos milagros posibles de la existencia que nos promete un devenir de esperanza en una convivencia humana superior.
Parodio a Pablo Neruda para evocar su voz en un poema dedicado en poesía a la voz de otro artista, Paul Robeson en su nacimiento y su significación existencial: “La voz de Edmundo se apartó del silencio. Abajo crecían las raíces, el sol temblaba, el agua era una boca muda, todo se adaptaba al viento y a la lluvia. La voz del hombre fuiste desde entonces. Y el canto de la tierra que germina, el río, el movimiento del aire. Desató la cascada su inagotable trueno sobre tu corazón como si un río cayera en una piedra y la piedra cantara con la boca de todos los callados hasta que todo y todos levantaron hacia la luz la sangre y tierra y cielo; fuego y agua, subieron con tu canto” Así Maestro de Maestros educaste a tus discípulos. ¡Bendito seas!
Nuestro bardo, con pluma y papel recogió muchas veces  el río derramado de su vida o la palabra del Dios desconocido y del hijo, Dios y Hombre, que él cortejó en sus versos.
Hoy descansa junto a  nuestro corazón que también quiere partir, y ciertamente, quebrado de tristeza, altera presuroso su ritmo por la ausencia del ser querido, del compañero de trabajos literarios en la Unión de Poetas y Escritores donde su asiento jamás será ocupado por otro poeta alguno.
Edmundo… llega al cielo de purezas, a tu merecido cielo, porque fuiste un hombre bueno, y ganaste el amor de todo tu entorno en el camino de la vida.
Dios bendiga tu sueño de ruiseñor callado.
Besamos tu frente y una lágrima quemante nos conmueve al despedir tu ropaje querido. Adiós, mejor, hasta pronto, querido hermano Edmundo.

El autor es expresidente de la Unión de Poetas y Escritores