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viernes, 21 de abril de 2017

Shimose rinde homenaje a Raúl Botelho Gosálvez a quién conocí en La Paz, hospedado en el Hotel Sucre de El Prado, en una de las pausas de la carrera diplomática que asumió por décadas, sin abandonar la literatura. su obra basta en cuando a libros y ensayos no ha sido del todo difundida aunque los círculos intelectuales lo valoran en alto grado.


Centenario de Raúl Botelho Gosálvez

Raúl Botelho Gosálvez (La Paz, 11.04.1917 – ídem, 09.05.2004) era un hombre rebelde, comprometido, “engagé”, dirían los existencialistas franceses.

Escritor precoz, tenía 18 años cuando escribió Borrachera verde, su primera novela, y 21, cuando escribió su segunda, Coca. Narrador, ensayista, dramaturgo, periodista, diplomático, tenía tres grandes pasiones: Bolivia, la literatura y las mujeres. Y una manía: cada 12 de octubre, solía enviar a la embajada de España, en La Paz, un ramo de flores con una dedicatoria: “A la República Española”. 

Rechazó ser miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, apoyó el proceso de descolonización de la posguerra y, en plena Guerra Fría, a los Países No Alineados. En los años 40, Botelho había encabezado manifestaciones callejeras en defensa de la Escuela de Warisata, antes de que este ayllu se alzara en armas contra la Revolución Nacional y la Reforma Agraria de 1953 que le había devuelto sus tierras y le había proporcionado fusiles para que defendieran sus derechos. A partir de entonces, Botelho vivió desencantado de aquella aventura racista, germen de la Nación Aimara de los Reynaga, Jorge Sanjinés, García Linera y Felipe ‘Mallku’ Quispe. (Botelho nunca pensó que Warisata fuese una comuna socialista). Así era este hombre que me indujo a firmar (y lo hice con gusto) una adhesión a la candidatura de Rómulo Gallegos al Premio Nobel de Literatura. 

Como Gallegos en Venezuela, Botelho intentó expresar en sus novelas y relatos realistas el carácter de un país invertebrado. Sus novelas Borrachera verde (1938), Coca (1941), Altiplano y Los violentos años (1999); sus libros de relatos Los toros salvajes (1965), Con la muerte a cuestas (1975), La revancha (1987) y Vale un Potosí (1994); y sus libros de ensayos: Vendimia del viento (1967), Trece ensayos (1984) y 20 ensayos bolivianos (1998) son algunos títulos de su vasta obra literaria. 

También publicó dramas y libros sobre temas geopolíticos e históricos. Cuando me amnistiaron, en 1984, y me permitieron visitar Bolivia, uno de los placeres que justificaban mis viajes, era reunirme con él, Mariano Baptista Gumucio y Alberto Crespo Rodas. Conversador exquisito, su palabra era una fiesta de ingenio, finura e ironía. Vestía de forma impecable, siempre elegante; razonaba como estadista y su habla clara y sencilla era como su prosa. 

En 2003, ya hospitalizado, no recibía visitas que no fueran las de su entorno familiar. No obstante, permitió que ‘Mago’ Baptista y yo fuéramos a verle. Sabíamos que se trataba de una despedida, la definitiva. Desde su lecho de enfermo seguía leyendo mis artículos de opinión. “¡Caramba, Pedro, no trabaje tanto!”, me dijo. Como ven, no le hice caso.
// Madrid, 21.04.2017. 

lunes, 17 de abril de 2017

Cornejo conoció a Neruda. cuando Gastón estudiaba medicina en Santiago tuvo ocasión de conocer al gran laureado Pablo Neruda, convertido ya en político fue funcionario de la Cancillería en varios países y Gastón se refiere a un film que lo denigra lo muestra alcoholizado, puto, grosero y vulgarizado, o se lo que nunca fue el Nóbel de Literatura en 1971, sus obras ganaron públicos en todo el mundo, su trascendencia constituye un legado cultural superior. un recuerdo también poético que se lee con placer.


NERUDA

En el Cine Club asistí el “Lunes de película” a ver el film chileno que tiene el título del poeta a quien conocí en Santiago gracias al dramaturgo Pedro de la Barra, esposo de una familiar, en agosto de 1952.

En ese año justamente, Neruda retornaba de su periplo europeo. Ya había alcanzado la fama de diplomático protector de las víctimas de la guerra civil española, poeta relevante y polémico. Recibido con repudio y temor por los círculos conservadores de su patria, con esperanza y enorme expectativa por el verdadero pueblo de Chile. Me interrogó interesado por la revolución  de abril y del porvenir de Bolivia en justicia y redención social. En ese entonces, yo no conocía su hermosa trayectoria de poeta titular del partido de Emilio Recabarren comprometido con la lucha obrera que iniciaba el ascenso de Salvador Allende, el gran  médico chileno victimado como nuestro Gualberto Villarroel.

Tampoco sabía que llegó a senador apoyando a Gabriel Gonzales Videla, personaje que una vez posesionado arrasó con todos los comunistas y demócratas de su país. El senador Neruda lanzó su catilinaria,  “Yo acuso”, en el congreso, pasó a la clandestinidad y fugó por la cordillera hacia Argentina perseguido por los esbirros del traidor.

De eso trata la película chilena de Pablo Larraín, premiada y calificada como la Mejor Película Extranjera. Si bien, el actor tiene alguna semejanza fisonómica con el poeta, ésta resulta -para quien conoce la grandeza de su epopeya existencial- equivoca y contradictoria. El bardo del Canto General mostrado con torpeza, frecuentando lupanares, bailando desnudo entre meretrices, besado por otro de sexo equivocado, grosero en su parlamento, coprólalo a la chilena, ordinario, alcohólico, vulgarizado al extremo. Delia del Carril, la mejor lograda así como la breve actuación del Judas americano, el autor de la Ley Maldita. El detective que lo persigue deconstruye el mito “jugando un poco con su figura”, aparece con frecuencia petulante a lo largo del film y es la voz relatora que no es posible asumir por el fracaso total del sonido y el discurso incomprensible del acontecer humano tratado. La fotografía imprecisa quiso ofrecer una atmósfera poética de irrealidad sin lograr éxito. En resumen, para mi sentir afectivo admirador de lo clásico, resultó una ofensa al sentimiento, al poeta y  a la poesía.

Es criticable la intencionalidad desmitificante propuesta por la postmodernidad. El film es un mediocre trabajo del género policial, ninguna siembre de grandeza, de mensaje educativo, de relevancia artística. Comparada con El Cartero, se aplazó vergonzosamente.                    

En 1971, Neruda ganó el Premio Nóbel de Literatura. Sus numerosas obras ganaron el mundo. En Machu Pichu generó el más importante homenaje al hombre americano, sus Odas nos aproximan a la esencia de la naturaleza , su canto de prosa poética es sublime, su  trascendencia política y literaria constituye un legado cultural superior. En el Estadio  Nacional expresó a su pueblo: “Ya pasara la tierra de las manos de los saciados a  las manos de los hambrientos. Gracias por el reconocimiento que otros nuevos poetas recibirán también de ustedes. Porque la vida, la lucha, la poesía, continuarán viviendo cuando yo sea un pequeño recuerdo en el luminoso camino de Chile”.       

Decididamente, nuestros films “Boquerón” y “Juana Asurduy de Padilla”, son superiores en calidad artística y en mensaje.

 

Gastón Cornejo Bascopé

Cochabamba, abril 2017

 

 

 

    

jueves, 13 de abril de 2017

varias veces hemos citado "la Fiesta del Chivo" para explicar la dictadura atroz que vivió República Dominicana bajo la férula de Rafael Trujillo, hemos resultado impactados por los tres grupos de patriotas que tomaron la decisión de terminar con Trujillo hasta que lo consiguieron: militares con fuerza de mando agredidos por Trujillo y sus esposas convertidas en amantes del tirano, funcionarios sometidos por Trujillo a los mayores vejámenes y tercero un grupo de valientes seminaristas de último curso. confabulados todos, detuvieron la caravana del Chivo que regresaba de una orgía (fiesta) y lo acribillaron a tiros..terminando con las dos décadas de servidumbre y sometimiento.


El continuo festín del Chivo en Latinoamérica


Freddy Zárate

El escritor Mario Vargas Llosa en su novela La fiesta del Chivo (2000), retrata la cruel dictadura del “jefe” o “benefactor” Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961). La mano dura del dictador de la República Dominicana está descrita por ser una de las tiranías más sangrientas de América Latina; a la vez esta dictadura tuvo ciertas particularidades folklóricas, curiosas y pintorescas de este personaje apodado el Chivo. La novela de Vargas Llosa es un reflejo –desde la literatura– del ejercicio poder en latinoamericana a mediados del siglo XX.

La actual coyuntura política refleja la herencia del autoritarismo disfrazada con el barniz democrático: elecciones, partidos políticos, voto. Los candidatos antes de encaramarse en el poder prometen al electorado –en el campo institucional– cumplir la Constitución Política del Estado, respetar la separación de poderes, y obviamente, son enemigos acérrimos de toda dictadura. Pero todo este esmalte democrático se va despintando poco a poco cuando el candidato –una vez electo– empieza por fascinarse por el poder ante una débil institución estatal.

En esta última década, los partidos políticos de tendencia izquierdista, indigenista, con directrices populistas son el vivo retrato de la vigencia del Chivo en el poder. El caso de los presidentes Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, el extinto Hugo Chávez y el sucesor Nicolás Maduro en Venezuela, llegaron a la presidencia cumpliendo los procedimientos democráticos. La ola izquierdista provocó un avivamiento nacionalista en el siglo XXI, realizaron distintas reformas sociales, constitucionales y pusieron en la palestra la internacional la reivindicación indígena (en el caso boliviano, fórmula predicada con toda intensidad por el Movimiento Nacionalista Revolucionario en 1952).

Estos gobiernos de tinte rojo tuvieron un tortuoso camino entre la teoría y la práctica en la esfera política. Los discursos de igualdad, el postulado “vivir bien”, el dicho “mandar obedeciendo”, caen bien a los oídos de la población. Pero lo principal para estos gobiernos fue acaparar todo el andamiaje estatal. La separación de poderes o división de poderes se quedó simplemente en el discurso legalista porque en la práctica los poderes se alinearon a la visión del jefe. Por ejemplo, el Poder Legislativo del Estado Plurinacional –mediante su rodillo parlamentario– aprueba toda norma legislativa sin previo debate ideológico alguno; la reducida oposición queda resumida a simples quejidos que se diluyen en la mayoría oficialista. En el campo jurídico, el Poder Judicial continúa en una crisis profunda donde los operadores de justicia perdieron toda credibilidad en la opinión pública.

Lo paradójico para el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) está en una pugna por acatar la Constitución del Estado Plurinacional frente a los intereses subjetivos (sector cocalero, empresarial, movimientos sociales). Por supuesto, lo segundo tiene una validez fáctica frente a la frágil institucionalidad boliviana. El debate estéril sobre la reforma constitucional para habilitar “legalmente” a una contienda electoral al jefe del MAS se reduce a una mera instrumentalización del Derecho para fines específicos concernientes al sector cocalero. Por supuesto los “abogados del proceso de cambio” se olvidaron que la normativa constitucional es el límite al poder político en un Estado de Derecho. Los países débiles en sus instituciones estatales sólo les queda ver el continuo festín del Chivo con ribetes izquierdistas.