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lunes, 23 de marzo de 2015

resulta que Juan Lechín Jr., es ya un dramaturgo famoso, con obras de teatro que se están exhibiendo nada menos que en Nueva York. menuda sorpresa para las letras bolivianas que no se esperaban tan buena noticia.


*A propósito del estreno  de la obra “Hierba mala nunca muere”
Estreno Mundial en Nueva York de la obra de Juan Claudio Lechin.
 *Por Hugo Horacio del granado

La literatura latinoamericana está llena de dictadores, sin embargo pocos son capaces de causar el miedo cerval que causa al espectador el que ha salido de la pluma de Juan Claudio Lechín y es que, hasta el día de hoy, no he logrado superar el inicial espanto que me ha causado ver al mismísimo demonio en el Este de Manhattan. La última vez que vi a un dictador caminar sobre las tablas del Repertorio Español, el pequeño teatro hispano ubicado a minutos del famoso Times Square de Nueva York, fue al Chivo, el famoso Rafael Leonidas Trujillo interpretado por Ricardo Barber en la adaptación de la famosa novela de Mario Vargas Llosa de Verónica Triana y Jorge Alí Triana. Estaba vestido de uniforme de gala y aunque a ratos causaba temor, éste no se comparaba con el miedo pánico que me causó el personaje central de la última obra de Lechín: Fidel Castro Ruz.
La trama de la obra de  teatro gira en torno a un anciano Fidel Castro preocupado por la organización de su funeral, la construcción de su mausoleo y a dos desatinados enfermeros: Patín (Sandor Juan) y Nataly (Idalmis García) que intentan sin éxito mandar al otro mundo a don Fidel, sin violencia eso sí, para evitar que termine convertido en un héroe. Por lo menos uno de ellos trabaja para el dictador suplente, Raúl el hermano, que quiere sumar el fratricidio a su ya extensa hoja de vida (o de muerte en este caso). Alfonso Rey interpreta al jefe del G2, el temido cuerpo de inteligencia cubano, y también a Hugo Chávez, quien en medio de un ataque de incontinencia verbal le recuerda a Fidel, el sátrapa jubilado, que "los Persas inventaron al demonio, al diablo". 

La trama está llena de momentos hilarantes porque el Fidel de Lechín es, en apariencia, un personaje esperpéntico de un racismo rampante y anacrónico y sus supuestos verdugos son tan incompetentes como el burócrata socialista promedio. El alborozo llega a la cúspide  cuando Hugo Chávez es manipulado y convencido, en un momento revelador, por un Fidel súbitamente lúcido, de entregar 100 mil barriles de petróleo para salvar a la pobrísima economía cubana.

Y es que el Fidel Castro interpretado por el magnífico Germán Jaramillo es, en apariencia, un inerme viejecito enfundado en un buzo rojo marca Adidas, postrado en la cama de un hospital geriátrico,  un vetusto dictador que ha perdido la noción del tiempo y del espacio, una especie de decano de los dictadores dado a dar discursos disparatados durante sus desvaríos. En fin un anciano que merece la compasión y solidaridad más que el miedo o el desprecio del espectador. Sin embargo, el anciano, en apariencia inofensivo, es en verdad el mismísimo demonio. Un demonio lucidísimo capaz de sacar 100 barriles a una persona a la que minutos antes apenas recordaba y es que la aparente inocuidad, oculta la monstruosidad del personaje. Este es un recurso usado frecuentemente en las películas de terror y en fábulas populares, la del niño inocente que en verdad es un feroz asesino o el típico "lobo disfrazado de oveja". Este recurso es enormemente efectivo en la obra porque nadie espera la crueldad, ferocidad y cinismo que saldrán del anciano personaje que padece de demencia senil y de alucinaciones. 

Tengo la impresión, conociendo la obra de Juan Claudio Lechín, de que este recurso no es de ninguna manera un simple recurso dramático para espantar a la audiencia, sino que está ahí para recordar al espectador más avispado de uno de los aspectos más escalofriantes de todo gobierno con tintes fascistas, el "torvo arte" que el gobierno del Fidel Castro de carne y hueso viene practicando hace más de 50 años para engañar a su país y a la opinión pública mundial. Un ejemplo del uso del “torvo arte” en la vida real es el uso por el régimen de los pioneritos, los inocentes niñitos cubanos de pañoleta azul o roja, para custodiar las urnas y que de verdad son la fachada del fraude masivo que son las elecciones cubanas. 

Lechín en su libro Las Máscaras del Fascismo (Lima, 2011) nos recuerda esto y de cómo el régimen de Castro "monopoliza la ferocidad del poder y la exhibe como rondas infantiles". En la obra de teatro de Lechín la feroz tiranía fascista está solapada, oculta, detrás de la chochera de un anciano vestido a la moda del Chapulín Colorado. Lechín emplea magistralmente este recurso para darle textura a una obra muy rica que, además de ser enormemente divertida y ser una reflexión sobre la inmutabilidad de los canallas, está más emparentada con el teatro épico en el que las ideas son más importantes que la acción dramática, que con las comedias de Moliere o las del genial Jean Francois Regnard a las que hace frecuentes guiños.

El diseño de escenografía y vestuario estuvieron a cargo de Leni Méndez y Fernando Then, la dirección a cargo de la brillante directora cubana Leyma López. La obra se presentara hasta fines de junio en la ciudad de Nueva York.

·Hugo Horacio del granado es guionista y reside en Washington dc

jueves, 12 de marzo de 2015

vivió gran parte de su vida en Bolivia habiendo nacido en Jujuy. se aposentó en Tupiza donde sin duda le harán un monumento. Liber Forti deja profunda huella

Previus: antes de ofrecerles un segmento del texto que publicó Los Tiempos en su suplemento LECTURAS, unas palabras dirigidas a su viuda Gissela Derpic, digna dama potosina que ocupó las más altas situaciones en su ciudad natal, como su padre, amigo y camarada Jorge Derpic uno de los fundadores de la Democracia Cristiana junto con Remo Dí Natale, Benjamín Miguel, Luis Ossio, José Bustamante Pérez, Eduardo Bracamonte, José Zanabria, Antonio Ivanovic. Gissela estuvo junto a Liber hasta el último minuto. Aquejado por una dolorosa enfermedad, escribió un testamento muy severo, prohibiendo se le hiciera homenaje alguno y que sus seres queridos hicieran desaparecer pronto sus restos mortales y que éstos no sean expuestos a exposición alguna.

Dicen que el padre quizo bautizarle como Liber (Libre) como él mismo había asumido el apellito Forti. la combinación resultó en Libre y Fuerte que podría resumir el destino del más grande anarquista de la hisoria de Bolivia. Convirtió sus convicciones en una forma de vida y su vocación lo llevó a perseguir dos objetivos ser sindicalista y ser comunicador por medio del teatro.

En cuanto a sindicalista muy pronto se apego a la Central Obrera, a la Federación de Mineros y se convirtió en su irrenplazable Secretario de Cultura, así asesoró a Juan Lechín durante muchos años y en los tiempos de persecusión resultó víctima de los regímenes de facto y de otros que veían en Liber Forti al "cerebro gris del lechinismo" no en vano el gran líder lo necesitaba en todas las ocasiones, especialmente en las más difíciles y peligrosas. Gran parte de los aciertos de Lechín se debieron a Forti, y si la Federación de Mineros y la misma COB mantuvieron su independencia política de los partidos y de los gobierno le tienen que agradecer a Liber Forti que con inteligencia, sagacidad y mucha paciencia, libró a Lechín, a Reyes, a López de la tentación de convertirse en satélites de los gobiernos de turno.

Y su tarea artística se plasmó en fundar y sostener durante décadas la escuela de teatro más famosa y renombrada de Bolivia "Nuevos Horizontes" que funcionó y aún pervive en su querida ciudad de Tupiza. Resultará interesante conocer la historia de esta escuela, que en realidad se convirtió en una especie de "universidad de la vida" por sus aulas pasaron grandes personalidades del Teatro, la Radio, la Televisión y el Cine. De los que conocimos nombramos algunos, otros serán sumados a esta lista por los partícipes de aquella escuela. Lalo Lafaye, Mario Soria, Jorge Lora, Hugo Sánchez Careaga, Humberto Vacaflor, Mario Castro, Julio César Bellot, allí aprendieron a impostar la voz, a dominar flexiones y su volúmen y matices, los formó oradores, locutores de calidad, actores dramáticos y comediantes.

De las obras que más impactaron recuerdo al menos dos "Esopo el Esclavo" y "El Inspector" de gran impacto y de las que esperamos se conserven los registros magnetofónicos. Se cuentan por decenas las obras del infatigable director y su fiel compañera Ana Santiago que le supo acompañar en los tiempos de cárceles y exilios.

Anarquista y ateo, lejos estuve de comulgar con Liber Forti, humanista y cristiano que marcan mi horizonte.  Discrepamos por ejemplo en el manejo de los símbolos de la Cruz y el Escudo en la Segunda Conferencia Nacional de Locutores de Radio que nos tocó organizar en Siglo XX, aunque nuestros primeros contactos sucedieron en el Segundo Congreso de Estudiantes de Secundaria en Vallegrande (1956 si estoy acertado) y en otras circunstancias de colisión entre las radioemisoras La Voz del Minero y Pio XII de Siglo XX.
Esta introducción sirva como un apunte para el gran libro sobre el gran Liber Forti será presentado por su viudad Gissela Derpic desde Tarija donde cerró sus ojos.