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lunes, 17 de abril de 2017

Cornejo conoció a Neruda. cuando Gastón estudiaba medicina en Santiago tuvo ocasión de conocer al gran laureado Pablo Neruda, convertido ya en político fue funcionario de la Cancillería en varios países y Gastón se refiere a un film que lo denigra lo muestra alcoholizado, puto, grosero y vulgarizado, o se lo que nunca fue el Nóbel de Literatura en 1971, sus obras ganaron públicos en todo el mundo, su trascendencia constituye un legado cultural superior. un recuerdo también poético que se lee con placer.


NERUDA

En el Cine Club asistí el “Lunes de película” a ver el film chileno que tiene el título del poeta a quien conocí en Santiago gracias al dramaturgo Pedro de la Barra, esposo de una familiar, en agosto de 1952.

En ese año justamente, Neruda retornaba de su periplo europeo. Ya había alcanzado la fama de diplomático protector de las víctimas de la guerra civil española, poeta relevante y polémico. Recibido con repudio y temor por los círculos conservadores de su patria, con esperanza y enorme expectativa por el verdadero pueblo de Chile. Me interrogó interesado por la revolución  de abril y del porvenir de Bolivia en justicia y redención social. En ese entonces, yo no conocía su hermosa trayectoria de poeta titular del partido de Emilio Recabarren comprometido con la lucha obrera que iniciaba el ascenso de Salvador Allende, el gran  médico chileno victimado como nuestro Gualberto Villarroel.

Tampoco sabía que llegó a senador apoyando a Gabriel Gonzales Videla, personaje que una vez posesionado arrasó con todos los comunistas y demócratas de su país. El senador Neruda lanzó su catilinaria,  “Yo acuso”, en el congreso, pasó a la clandestinidad y fugó por la cordillera hacia Argentina perseguido por los esbirros del traidor.

De eso trata la película chilena de Pablo Larraín, premiada y calificada como la Mejor Película Extranjera. Si bien, el actor tiene alguna semejanza fisonómica con el poeta, ésta resulta -para quien conoce la grandeza de su epopeya existencial- equivoca y contradictoria. El bardo del Canto General mostrado con torpeza, frecuentando lupanares, bailando desnudo entre meretrices, besado por otro de sexo equivocado, grosero en su parlamento, coprólalo a la chilena, ordinario, alcohólico, vulgarizado al extremo. Delia del Carril, la mejor lograda así como la breve actuación del Judas americano, el autor de la Ley Maldita. El detective que lo persigue deconstruye el mito “jugando un poco con su figura”, aparece con frecuencia petulante a lo largo del film y es la voz relatora que no es posible asumir por el fracaso total del sonido y el discurso incomprensible del acontecer humano tratado. La fotografía imprecisa quiso ofrecer una atmósfera poética de irrealidad sin lograr éxito. En resumen, para mi sentir afectivo admirador de lo clásico, resultó una ofensa al sentimiento, al poeta y  a la poesía.

Es criticable la intencionalidad desmitificante propuesta por la postmodernidad. El film es un mediocre trabajo del género policial, ninguna siembre de grandeza, de mensaje educativo, de relevancia artística. Comparada con El Cartero, se aplazó vergonzosamente.                    

En 1971, Neruda ganó el Premio Nóbel de Literatura. Sus numerosas obras ganaron el mundo. En Machu Pichu generó el más importante homenaje al hombre americano, sus Odas nos aproximan a la esencia de la naturaleza , su canto de prosa poética es sublime, su  trascendencia política y literaria constituye un legado cultural superior. En el Estadio  Nacional expresó a su pueblo: “Ya pasara la tierra de las manos de los saciados a  las manos de los hambrientos. Gracias por el reconocimiento que otros nuevos poetas recibirán también de ustedes. Porque la vida, la lucha, la poesía, continuarán viviendo cuando yo sea un pequeño recuerdo en el luminoso camino de Chile”.       

Decididamente, nuestros films “Boquerón” y “Juana Asurduy de Padilla”, son superiores en calidad artística y en mensaje.

 

Gastón Cornejo Bascopé

Cochabamba, abril 2017