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sábado, 15 de marzo de 2014

humana misión. Ramón Rocha Monroy realizó noble tarea de agenciar un sitio para "el loco Zabala" uno de los personajes típicos de la sociedad cochabambina. recorrió cafés y bares ofreciendo siempre un diálogo ameno, aunque corto "la premura dominó su peregrinaje" la crónica está en OPINION.

A un “hombre de palabras” como Jorge Zabala Suárez muy probablemente le hubiera arrancado una sonrisa el que su segundo nombre, Humberto, fuera equivocadamente inscrito en su lápida con “n” en lugar de “m”.

El equívoco fue, por fortuna, descubierto y corregido a tiempo por quienes asistieron ayer por la mañana al entierro del poeta y ensayista, fallecido a los 74 años, el pasado domingo.


Un sitio de honor del Cementerio General -concedido gracias a las gestiones del escritor Ramón Rocha Monroy y la concejala María Isabel Caero- acogió el cuerpo sin vida del escritor (natural de Oruro, pero afincado en Cochabamba desde su niñez), al que una treintena de familiares, amigos e intelectuales despidieron, en una discreta, pero emotiva ceremonia.

El canto a capella de la cueca “Soledad” (de Simeón Roncal), entonada -entre sollozos- por su cortejo, anunció la llegada al cementerio del cuerpo de Zabala, para el que, casualidades de la muerte, se reservó una tumba contigua a la de otro insigne poeta adoptado por Cochabamba: Ronald Martínez.

A la sepultura como tal precedieron las palabras de Rocha Monroy, Luis Navarro (otrora alumno de Zabala), Gilka Laredo (amiga hasta sus últimos días) y Guido de la Zerda (otro discípulo y amigo), quienes celebraron la vida y obra de ese “maestro del cinismo”, “esgrimista verbal” y “Sócrates transfigurado en las calles de Cochabamba” que fue Jorge Zabala.

Cuando finalmente se impuso el silencio, el ataúd de ese militante de las tertulias de café, al que cariñosamente llamaban El Loco o George, fue introducido en la tumba.

Los asistentes, entre ellos uno de sus hermanos, lo despidieron con claveles, y algunos pocos, también con unos chorros de trago derramados desde una coqueta botella para encaminar el último viaje de Jorge Zabala.