Páginas vistas en total

jueves, 8 de octubre de 2015

hoy la Academia Suecia anunció el Nobel de Literatura para la escritora rusa, como hace 25 años anunciaba a Octavio Paz mexicano, gloria de las letras hispanas al que Susana Seleme dedica su glosa



A 25 años de un Premio Nobel
Susana Seleme Antelo

Hace 25 años, Octavio Paz (1914-1998) recibió el Premio Nobel de Literatura. Y es un deber de la memoria recordarlo, no solo por ese más que merecido premio, sino porque fue un mexicano de pura cepa, que se hizo universal como poeta, hombre de letras y ensayista, y también como el político apasionado por la libertad. Es decir, por su pensamiento político.

Por eso nunca encontró a interlocutores de su talla en el seno de la izquierda mexicana y como definió su amigo Enrique Krause [1], fue un hereje cuyo pensamiento se rebeló contra el fanatismo doctrinario de su tiempo. Aquel con el que sus políticos e intelectuales satanizaban, durante gran parte del siglo XX, el pensamiento libre y desechaban cualquier debate al margen del dogma comunista.

La Real Academia Española de la lengua define a la herejía como la negación “de los dogmas establecidos por una religión” o una persona que se aparta “de la línea oficial de opinión seguida por una institución, una organización, una academia, etc.” Octavio Paz fue un hereje porque se rebeló contra el dogma y la obediencia aniquiladora de la libertad y del pensamiento crítico. Por eso, usó su libertad como capacidad de decidir y fue hereje frente a la ideología imperante en su época: el sistema totalitario burocrático que llamaba “socialismo real”.

Octavio Paz, como George Orwell, Albert Camus y Jorge Semprún, por citar solo a tres “disidentes” más del pensamiento ideológico marxista imperante en el siglo xx, fue consecuente hasta arriesgar su libertad, cuya esencia siempre fue distinta al pensamiento dominante de una parte de la intelectualidad mundial, catalogada como de izquierda y la única válida para sus representantes [2]. Al contrario de ellos, Paz y otros mostraron un espíritu crítico, nunca displicente, para luchar por la libertad, de suyo la libertad política, de expresión, de escritura y de acción.

Arropado en esa libertad de decidir, Paz se responsabilizó de sus actos frente al acoso de la izquierda mexicana y otras, aun después de la caída del muro de Berlín en 1989, y de haber obtenido el Premio Nobel en 1990. El conocimiento de la existencia de los ‘gulags’ y pogromos en la entonces esfera comunista de la Unión Soviética, dejaba escaso margen para la duda sobre esa realidad, o para contemplación acrítica del rumbo de la Revolución Cubana, más allá de los logros de sus primeros años, y los mitos ideológicos-mediáticos en torno a sus más emblemáticas figuras.

Sobre este tema vale la pena citar lo que escribió el propio Paz cuando se le criticaba y acusaba de no reconocer los aciertos de la doctrina socialista: “…un mayor número de conciencias se pregunta cómo y por qué una empresa generosa y heroica que se proponía cambiar la sociedad humana y liberar a los hombres, ha parado en lo que parado. El análisis y la denuncia de las nuevas formas de la dominación –lo mismo en los países capitalistas que en los socialistas y en el mundo subdesarrollado– es la tarea más urgente del pensamiento contemporáneo, no la defensa de los ‘grandes logros’ de los imperios totalitarios”.[3] Y agregaba que la izquierda mexicana debía recobrar su herencia legítima que se llamaba crítica, empezando por la crítica de sí misma.

Octavio Paz se opuso a lo que le impedía pensar, quiso ser un hombre pensante y, por eso mismo, crítico. Así, pensó y criticó para denunciar la dominación, la opresión, la injusticia que se camuflaba tras la doctrina socialista-comunista en el último tercio del siglo pasado. Pero no se detuvo ahí, también denunció la naturaleza elitista del poder político y criticó al Occidente capitalista y sus sociedades opulentas de grosero consumismo, que obvian la igualdad como fuerza económica productiva.

Como afirmaba Hannah Arendt no sólo pensamos en algo, sino también en contra de algo, de ahí que “el sentido de la política es la libertad”. En la estela de Octavio Paz, hubo muchos herejes contra el dogma. Sin embargo, como afirmaba Arendt, “la propia existencia de la política, la causa de la libertad contra la tiranía,... la idea de la libertad ha quedado sepultada sin que nadie se conmueva [4], porque “la intención de liberar no coincide con el deseo de libertad”, ni de libertad política.

Bajo esos impulsos dominantes, el de la guerra contra “los otros” vía la revolución, con el empleo justificado de la violencia, o en la lucha armada, se estaba y está en presencia de la nula aceptación de la libertad de ‘los otros’, atacados con violencia real y simbólica, ayer y hoy. Arendt afirmaba que las guerras y la revoluciones justifican la violencia, y dicha “justificación constituye su limitación política”. Es decir, se producen “al margen de la esfera política”, que para Arendt no es de proveniencia bélica, como piensan otros escritores, sino compromisos, concesiones, diálogos e institucionalidad democrática en la lucha por el poder del Estado, cuyos intereses diferentes y antagónicos, en su forma más radical podría llevar a la totalización de la política o la concentración total del poder. El régimen actual en Bolivia, es un ejemplo de ese impulso totalitario.

De ahí que herejes como Octavio Paz, para oponerse al dominio del pensamiento único, siguen siendo necesarios. Y sigue siendo necesario “ser fieles, porque hay mucho que defender” , como escribió en “El laberinto de la soledad”. Hoy no se podría vivir en el mundo sin los herejes, como Paz y aquellos que se mantienen fieles a su herejía para defender los valores de la libertad y denunciar los nuevos intentos que atentan contra el derecho al pensamiento crítico y a convivir en un Estado democrático. Es decir, con libertad jurídica y sin guillotinas político-judiciales, ni una corrupta agenda administrativa sociopolítica, cuyos órganos en todos sus niveles avalan la re-re-reeleción de la demagogia populista de Evo Morales y sus hombres en Bolivia.

A 25 años de haber obtenido el Premio Nobel, honramos la herejía de Octavio Paz que hoy, como entonces, se opone a la dominación que oprime y reprime el pensamiento crítico, los derechos humanos, políticos, civiles, culturales y medioambientales.










[1] Enrique Krauze:“El divorcio entre Octavio Paz y la izquierda”. Letras Libres. Madrid, Octubre 2011. Madrid.


2 Ello no invalida que se mire al capitalismo como lo que fue y es: sistémico, interconectado, centralizador, transfronterizo y global que vivió el siglo XX y vive el XXI. Y que el poder del capital gobierna el mundo, incluido el que ha generado, sostiene y promueve la delictiva cadena de producción capitalista de la cocaína.







3 Revista “Letras Libres” Op.cit p 16-17

[4]Arendt, Hannah. Sobre la Revolución. Alianza Editorial. Buenos Aires 2008. Pp11-23-37. La autora afirma que “Ni la violencia ni el cambio pueden servir para describir el fenómeno de la revolución; solo cuando el cambio se produce en el sentido de un nuevo origen… para dar lugar a la formación de un cuerpo político nuevo, cuando la liberación de la opresión conduce al menos a la constitución de la libertad, solo entonces podemos hablar de revolución.” P. 45