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viernes, 15 de marzo de 2013

aunque el tema es político y es histórico "Chávez no será embalsamado" Pedro Shimose merece ser leído siempre.


La muerte de Hugo Chávez (Sabaneta de Barinas, 28.07.1954 - Caracas, 05.03.2013) es un enigma. No sabemos dónde ni cuándo murió. Aceptemos, por lo tanto, los datos oficiales. Tampoco importa saber si su cadáver estaba en el ataúd llevado en andas por las calles de Caracas. Lo cierto es que, según últimas noticias, Hugo Chávez ya no será momificado. Menos mal, porque hace tres años y pico, Chávez criticó –en su programa televisivo Aló, Presidente– una exposición científica exhibida en Venezuela con cuerpos humanos embalsamados. Dijo, entonces: “Esto es [el] símbolo de la inmensa podredumbre en la que está [sumida] la sociedad…Estamos en presencia de algo macabro. La gente paga para ver un cadáver”.
Chávez es un mito nacido en la tradición del golpismo militar latinoamericano (1992) e incubado en la crisis institucional venezolana (1979-1993). Elegido presidente constitucional (1998), sobrevivió a un golpe de Estado fallido (2002) y afianzó su poder gracias a la bonanza petrolera de 2004 y al apoyo político y estratégico de Cuba y del movimiento internacional antiestadounidense, no precisamente socialista.
En clave venezolana, el descrédito de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez (1988-1993), el fracaso del modelo democrático bipartidista y los excesos de una oligarquía indiferente a la miseria de la población marginal, explican el triunfo del ‘chavismo’, un movimiento social heterogéneo, de confusa ideología y proclamas demagógicas que conectaron con el pueblo llano de los ‘rancheríos’. Su oratoria torrencial, mitinera, gesticulante, soez y bravucona consolidó su liderato. Chávez encarnó la política como espectáculo. “Mussolini tropical” lo llamó Carlos Fuentes.
Para llevar a la práctica el llamado ‘socialismo del siglo XXI’, Hugo Chávez aplicó un programa de asistencias sociales, privilegios y subsidios que funcionó mientras el caudillo vivía y los negocios eran prósperos. Ahora, el difunto le deja a su ‘heredero’ una Pdvsa en horas bajas de producción, una moneda devaluada, una inflación preocupante, una ingente deuda pública, una creciente inseguridad ciudadana y una corrupción incontrolable. Si pasamos por alto el proceso anticonstitucional de la sucesión, es probable que Nicolás Maduro sea el próximo presidente de Venezuela. Pero Maduro no es Chávez, ni la Venezuela de hoy es la de 2004. // Madrid, 15.03.2013