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sábado, 5 de julio de 2014

saber qué ocurre en el octavo encuentro de Escritores Iberoamericanos, ha estado en nuestra mente hasta que Ramón Rocha, llega puntual con una crónica de la segunda noche. desde Portales contiene su relato pelos y señales y la loable noticia de ser el Banco Central coauspiciador del evento, lo que es un excelente respaldo al mundo creativo y romántico de los literatos.

La segunda noche del 8º Encuentro Iberoamericano de Escritores fue de lujo, pero con los ecos de la noche anterior, porque los disertantes no dejaron de referirse a Claudia Peña y Jorge Benavides, la primera ministra del gabinete de Evo Morales y el segundo, escritor peruano cuya tesis sobre los escritores-mapa y los escritores-brújula fue muy citada. Esta vez moderó Alba Balderrama con semblanzas muy inteligentes de los expositores: Juan Pablo Piñeiro y Mario Bullatín. La primera noche fue moderador Xavier Jordán y lo hizo con su buen humor y desparpajo característicos.
Juan Pablo (Cuando Sara Chura despierte e Illimani Púrpura) estudió Letras en la UMSA, ha jurado escribir sólo sobre La Paz pero su tercera novela tiene un título pandino, porque descendió del altiplano y se fue a escribir a la selva, donde transcurre el relato. Sus consejos “bellacos” para escritores jóvenes fueron desopilantes, iconoclastas, atrevidos, en especial al reconocer que en Bolivia no se lee ni lo que editas y quizá por eso lo mejor que puede hacer un escritor es buscar amigos que les dé flojera leer las vainas que el escritor escribe.
Mario Bullatín leyó una explicación de su novela Salón de Belleza escrita 20 años después. Leyó en su celular un texto irresistible por la magnitud de su atracción a los lectores, un texto que, tras 20 años, tiene a todos los protagonistas muertos: el filósofo travesti, la famosa escritora, los peces de colores y otros elementos que 20 años antes parecían imprescindibles.
Fue una sesión plena de buen humor porque los dos expositores, que son conocidos novelistas, no teorizaron sobre el arte de escribir, sino abundaron más bien en sus experiencias de escritura como un ejercicio de soledad que hace de los escritores unos seres intolerables e intolerantes, encerrados en sí mismos y por lo general desprovistos de glamour.
Piñeiro dijo que la clasificación de Benavides en escritores-mapa y escritores-brújula era quizá incompleta porque él, como Urzagasti, era un escritor-antena, un hombre del oficio desprovisto de mapas o brújulas que vive atento a los fantasmas, demonios o palabras que logra captar y lo habitan.
Alba Balderrama estuvo muy acertada en el retrato de los dos expositores y en su cuestionario que hizo famoso James Lipton, el entrevistador de Actor’s Studio. Cuando le preguntó a Mario Bellatín qué palabra le gustaba más, sin dudar contestó: Alba y cuál le gustaba menos, Crepúsculo.
Si de pronto desapareciera el Palacio de Portales y el Centro Pedagógico y Cultural que alberga, la cultura en Cochabamba tendría un agujero negro imposible de llenar. Por primera vez este año el encuentro que nació hace 16 años tiene la colaboración y parte del financiamiento de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, una institución que administra los principales repositorios del país –el Museo Nacional de Arte, el Museo de Etnografía y Folklore, en La Paz; la Casa de la Libertad y el Archivo y Biblioteca Nacionales, en Sucre; y la Casa de Moneda, en Potosí–, y también el Centro de la Cultura Plurinacional radicado en un hermoso edificio en Santa Cruz. Ésta sería la primera vez que la Fundación amplía sus servicios a Cochabamba, donde está buscando un inmueble propicio para crear un Centro de Artes Escénicas.
Al inicio, el Dr. Gonzalo Ávila, Presidente de la Fundación Simón I. Patiño entregó una edición de Cuando Sara Chura despierte, de Juan Pablo Piñeiro, en francés, editado por la Fundación en Ginebra, y anunció que ejemplares de dicha novela circularán en las principales Ferias del Libro y países como Francia, Suiza, Bélgica, Líbano y otros. Fue un anuncio importante que sirvió también para mostrar la cantidad de actividades que cumple la Fundación en el país no sólo en educación y cultura sino también en agricultura, genética, salud y otros campos.
La última noche estará a cargo de dos expositores: Homero Carvalho, boliviano, y José Ovejero, español. Estaremos puntuales y atentos.
El autor es cronista de la ciudad.

martes, 1 de julio de 2014

el relato de haber encontrado García Márquez "las armonías precisas" retornó de medio camino hacia unas vacaciones en que pensaba usar el primer dinero, más o menos global que había recibido por sus "derechos de autor". lo pensó mejor "toma. hazte cargo del gasto, y que alcance para yo producir un libro serio, profundo, único". el editor MA lo tiene descrito en extenso texto publicado por El Instituto del Inmigrante de Suecia" y otros medios"Variaciones sobre Cien Años de Soledad" (verlo en Google) lo que sigue es de Ramón Rocha Monroy

El realismo mágico tiene una anécdota clave en la vida de Gabriel García Márquez. Su novela Cien años de soledad, fundadora del género, tenía cuartillas borroneadas sin orden ni concierto porque el escritor no hallaba las armonías precisas, los acordes para interpretar su canción, y entonces decidió tomar unas vacaciones junto a su familia; pero a medio camino dio con la clave y las vacaciones se terminaron, porque la familia entera retornó y el escritor se encerró a redactar, ahora sí, la gesta que lo llevó al final al Premio Nobel. Como para confirmar que lo último que uno debe desearle a una hija es que se case con un escritor, esos seres tan aburridos que son capaces de suspender una vacación y encerrarse en su escritorio tan sólo por haber descubierto una clave de su narrativa.
La clave consistía en algo sencillo: en Macondo, los hechos más ordinarios en el mundo moderno eran sobrenaturales, mientras los hechos sobrenaturales eran los más comunes. Así el coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, había de recordar la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. ¡El hielo! ¡Agua dura en el calor de Aracataca, o de Macondo! En cambio, era perfectamente natural que Remedios la Bella ascendiera a los cielos sábanas y todo, mientras las colgaba en los alambres.
Esos territorios desdeñados por la razón occidental, pero próximos a otras fuentes de la percepción como la observación directa, la intuición, el tinkazo, el lenguaje de los sueños, eran afines a la alquimia. Quizás por eso el propio coronel Buendía buscaba la piedra filosofal, cómo convertir cualquier metal en oro, y al final de su experiencia, cuando le preguntaron qué parecía ese cuerpo oblongo y ominoso que secaba en la sartén dijo una sola palabra: Mierda. No era oro, era puchi o parecía serlo.
Pues bien, en una lectura reciente de La formación del espíritu científico, de Bachelard, el creador del concepto de obstáculo epistemológico, hay una afirmación que no sé si leyó García Márquez, pero si no lo hizo, debió hacerlo. Dice Bachelard que la observación directa es amiga de las generalizaciones abusivas, propias de pajpacos y merolicos, y es un obstáculo epistemológico para el desarrollo del pensamiento científico, que no se apoya en la observación directa sino en el análisis matemático. Aún más: la ciencia superada por la razón, es decir, la ciencia antigua, de los inicios del uso de la razón a la explosión del siglo XVIII, parece hoy un capítulo del humorismo o de la literatura del absurdo. Basta leer las notas de Hipócrates, de Tales, Anaximandro y Anaxímenes, como también del propio Diderot, redactor de la Enciclopedia, para reírse de sus apreciaciones aparentemente científicas y sus generalizaciones arbitrarias, sin fundamento, tales como algunas expresiones de la medicina natural, que postulan la maca, la coca, la stevia y otras hierbas como remedios universales.
Basta la intervención de la razón para poner las cosas en su sitio, acotar las investigaciones, dar más relevancia a las excepciones que a las generalizaciones abusivas y actuar, perdonen la expresión, como aguafiestas, porque eso hace un científico cuando se topa con un neófito: neutralizar sus ilusiones y reducirlas al mínimo.
Un literato usa la razón sólo para componer su narración, pero no el argumento. Ahí está la clave. Lo que sirve de la ciencia ya superada por la razón es puramente literario. Un personaje literario que cree en los cuatro elementos (y no en los centenares que descubrió Mendeleiev) o en los milagros de Santa Rita, en el bestiario alimentado por tantas mentalidades célebres o en las explicaciones sobrenaturales de fenómenos terrestres, es un personaje exitoso. En cambio, no lo es, porque no tiene ninguna gracia, un científico, un aguafiestas, un frecuentador de la razón occidental.
De eso parece estar teñido el realismo mágico. En fin, es una hipótesis.
El autor es cronista de la ciudad

lunes, 26 de mayo de 2014

"escucha hermano la Canción de la Alegría..." primera frase del Himno a la Alegríaque todos hemos aprendido a cantar, en la Iglesia, en las ceremonias cívicas, y hasta en mítines internacionales...de esta melodía, su interpretación por la Filarmónica de Cochabamba, nos habla Gastón Cornejo con esa exquisita sensibilidad que exhibe todos los lunes en OPINION.

La Orquesta Filarmónica y sobre todo la Capella de Cochabamba estuvieron magníficos interpretando la IX Sinfonía de Beethoven bajo la selecta dirección de Augusto Guzmán en el Portal, fue el mejor homenaje a los 190 años de su creación.

Romain Rolland relató así sublime grandeza: “La alegría desciende del cielo envuelta en una calma sobrenatural. Con su hálito leve acaricia los sufrimientos, y la primera impresión que causa es tan tierna, cuando se desliza en el corazón que sufre. El tema de la alegría va aparecer por primera vez, la orquesta se detiene bruscamente, hay un silencio repentino que da lugar al canto ofreciendo un carácter misterioso y divino. Cuando en seguida el tema pasa a las voces, en las más bajas aparece primero con un carácter serio y un poco opresivo; pero poco a poco la alegría se apodera del ser. Es una conquista, una guerra contra el dolor. Y he aquí los ritmos de marcha, los ejércitos en movimiento, el canto ardiente y anhelante del tenor; todas estas páginas estremecedoras en las cuales se cree percibir el aliento mismo de Beethoven, el ritmo de su respiración y de sus clamores inspirados cuando recorría los campos componiendo su obra, transportado por un furor demoníaco como un viejo rey Lear en medio de la tempestad. A la alegría guerrera sucede el éxtasis religioso, luego una orgia sagrada, un delirio de amor. Toda la humanidad palpitante que tiende los brazos al cielo, levanta clamores poderosos, hacia la alegría y la escucha sobre su corazón”. Esta hermosa novena sinfonía fue preparándose desde 1817 y seis años después, un 7 de mayo de 1824 tuvo lugar la primera audición en Viena. Describe la realización de la utopía de la sociedad humana al final de los tiempos, la del humanismo profundo en su epílogo grandioso: La Nación Humana Universal. 

¿Y qué poesía musicalizó el Dios de la música? ¿De quién? El Himno a la Alegría fue escrito por un médico poeta. Una Oda del Dr. Federico Schiller (1759-1805) escrita en 1785. Nacido en Marbach Alemania, de la escuela romántica. Tuvo de padre a un barbero cirujano, de madre a una dama de grandes cualidades intelectuales que dirigió su destino literario. Influido por Plutarco, Goethe, Shakespeare, Rousseau, estudió Teología que luego abandona por Derecho; finalmente, Medicina. Goethe apoyó su nombramiento como profesor en la cátedra de Historia en la universidad de de Jena. El Duque Carlos Augusto le otorgó título de nobleza y pensión asegurando su porvenir y sus grandes creaciones literarias. 

Al Dr. Friedrich Schiller le fascinaron las fronteras entre la Medicina y la Filosofía, entre lo somático y lo espiritual. Su tesis tituló “Filosofía de la Fisiología”. Su contacto con la medicina fue relevante pues su naturaleza inclinada a la abstracción y a la reflexión, le permitió reconocer el valor del pensamiento objetivo. Fue médico militar del Regimiento de los Granaderos en Stuttgart. Durante las visitas acostumbraba a declamar en voz alta sentado al borde de la cama en lugar de observar y examinar a los enfermos. Su vocación le había mostrado el camino a emprender y fue el más eminente poeta dramático de la lengua alemana. 

En su poema expuso un mensaje sublime que, con la música nacida del alma de Beethoven, adquirió extrema grandeza: “Adonde alcance tu suave ala, allí se pose la suave ala, todos los hombres se hermanen" ¡Abrazaos multitudes en un beso universal! ¡Hermanos! ¡Tras el inmenso espacio debe estar un Padre amado! ¡Morar debe sobre astros! ¡Alegría! ¡Alegría!

viernes, 9 de mayo de 2014

Pedro Shimose en muy pocas líneas expone sobre "Libros y Autores" clarificando circunstancias, orígenes y hasta obras menos conocidas que otras sobre el mismo tema como Harold Olmos que también aborda el Caso Rózsa.

Tiempos oscuros se titula la última columna publicada por Walter I. Vargas, el 22 de febrero pasado, en el diario La Razón, de La Paz. Este brillante exponente de la crítica literaria dominical nos acostumbró –en los últimos cuatro años– a saborear una crítica culta, independiente, bien escrita y nada provinciana, que felizmente no echaremos de menos porque ahora se publica en el diario Página Siete. En él, Vargas sigue publicando su columna hebdomadaria con espíritu heterodoxo y plena solvencia ética y estética. Al parecer, sus juicios chocaron con la línea editorial de La Razón, periódico puesto en solfa por el periodista boliviano Raúl Peñaranda, exdirector de Página Siete y autor del best seller Control remoto. El título Tiempos oscuros se inspira en un verso del poeta Hölderlin: “¿Para qué poetas en tiempos sombríos?” que Vargas altera para preguntarse: ¿Para qué críticos en tiempos oscuros? ¡Enhorabuena!

** Un famoso y excelente narrador boliviano dice, en una entrevista: “Yo enseño literatura andina y mis estudiantes se deslumbran cuando leen a Jaime Sáenz en Estados Unidos. Alcides Arguedas publicaba en Argentina, sé que Sangre de mestizos o Cerco de penumbras salieron (sic) en Argentina…” [Los Tiempos / Suplemento ¡OH!, 23.02.14]. No es cierto. Arguedas no publicó su obra en Argentina; solía publicarla, tanto en Bolivia (La Paz) como en España (Valencia, Barcelona y Madrid). En Argentina (Buenos Aires) publicó tardíamente la novela Raza de bronce, en 1945. La edición príncipe de Raza de bronce fue impresa en La Paz, en 1919. En cuanto a Sangre de mestizos, de Augusto Céspedes, se publicó en Santiago de Chile (1936) y Cerco de penumbras, de Óscar Cerruto, en La Paz (1958).

** El periodista se equivoca cuando dice: “El poeta ‘orureño’ (sic) Benjamín Chávez…” [Página Siete, 04.09.13]. El poeta Benjamín Chávez vive en Oruro, pero no nació en Oruro, sino en Santa Cruz de la Sierra.

** Una fina analista política escribe: “Los famosos libros Ciudadano X y Masacre en el hotel Las Américas tendrán que ser reeditados con urgencia y bien recargados otra vez. Igualmente ¿Qué pasó? y ¡Maten a Rózsa!, de Carlos Valverde. Estos libros son, en este momento, muy buscados” [El Día, 27.03.14]. La columnista no dice nada del libro Allá donde me sepulten nadie se arrodillará. Recuento de una historia (La Paz, 2011), del periodista Harold Olmos. Aborda también el caso Rózsa. //Madrid, 09.05.2014.

miércoles, 30 de abril de 2014

en lugar de estar recibiendo títulos en las universidades o codeándose con personajes en alguna de sus residencias de Nueva York, Madrid o Lima, Mario Vargas Llosa pone en riesgo su seguridad personal y visita países en conflicto como Venezuela donde según Andrés Oppenhaimer tuvo el valor de llamar a las cosas por su nombre y denunciar la opresión.

Cuando vi por televisión al Premio Nobel Mario Vargas Llosa, de 78 años, llegar la semana pasada a Venezuela para prestar apoyo a las protestas estudiantiles contra el gobierno dudosamente electo de Nicolás Maduro, no pude evitar pensar que el escritor peruano es uno de los intelectuales más valientes que he entrevistado.
Vargas Llosa, quien junto al otro gran ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez, son probablemente las mayores glorias literarias latinoamericanas de la historia reciente, podría estar disfrutando sus años otoñales recibiendo doctorados honoris causa en universidades de todo el mundo, o codeándose con celebridades internacionales en una de sus casas de Nueva York, Madrid o Lima.
Lo que es más, podría estar ganando muchas más simpatías — y probablemente vendiendo aún más libros — si se acoplara al pensamiento político pseudo-progresista que ha estado de moda en gran parte de Latinoamérica. Podría estar deleitando al público diciendo lo que muchos quieren oír — que todos los problemas de América Latina son causados por el diabólico imperio estadounidense — y hacerse el distraído sobre las violaciones de los derechos humanos y los desastres económicos de países como Cuba o Venezuela.
Sin embargo, Vargas Llosa no solo dice lo que piensa, sino que además está dispuesto a correr riesgos personales para defender sus ideas. La semana pasada visitó Venezuela para participar en una conferencia sobre la libertad en Latinoamérica, una iniciativa de la organización independiente CEDICE, sabiendo que probablemente sería hostigado e insultado por el régimen venezolano durante su estadía en el país.
En una conferencia de prensa y en una maratón de entrevistas, Vargas Llosa culpó al presidente Nicolás Maduro de la “catástrofe económica” de Venezuela. Señaló que la inflación del 57 por ciento el año pasado es una de las más altas del mundo, y que hay una creciente escasez de alimentos pese al hecho de que Venezuela es una potencia petrolera.
Vargas Llosa dijo, en suelo venezolano, que Maduro está insistiendo inútilmente en anacrónicas políticas del “viejo socialismo”, el populismo, y el estatismo que han fracasado en todas partes.
Preguntado sobre las protestas estudiantiles que ya han dejado un saldo de 41 muertos y cientos de heridos, Vargas Llosa pidió la liberación de los presos políticos para generar un clima propicio para un “diálogo efectivo” entre el gobierno y la oposición.
También lamentó que los países latinoamericanos se hayan rehusado a condenar la sangrienta represión gubernamental a las protestas estudiantiles y la censura de la prensa, así como el encarcelamiento de líderes opositores como Leopoldo López. Los países de la región han mostrado una “actitud de cobardía”, dijo.
En una de mis más recientes entrevistas a Vargas Llosa, que pueden ver en YouTube.com, le pregunté qué lo motivaba a ser tan activo políticamente — y a someterse a la crítica de muchos gobernantes — cuando podría estar mucho más cómodo evitando visitar países con mandatarios hostiles. Poco antes de esa entrevista, Vargas Llosa había sido víctima de insultos por parte de manifestantes progubernamentales durante una visita a Argentina.
“No creo que los intelectuales deban tener una posición privilegiada o dominante en el debate público. Lo que creo es que los intelectuales deben participar de ese debate público, lo que es un fenómeno que está dejando de ocurrir cada vez más”, me respondió en esa entrevista de 2012.
“Desafortunadamente, especialmente en las sociedades libres y abiertas, los intelectuales le dan la espalda a la política, la consideran una actividad sucia, despreciable, que no debe de ninguna manera contaminar las actividades creativas”, agregó. “Yo creo que esa es una actitud muy equivocada, porque si despreciamos la política, contribuímos a que la política se vuelva despreciable”.
“Es verdad que muchos intelectuales muchas veces se han equivocado, y han defendido las peores opciones. Hemos visto intelectuales que fueron nazis, intelectuales que fueron comunistas, y no se diga de los que han defendido el holocausto y los asesinatos masivos de judíos”, prosiguió. “Pero hay muchísimos intelectuales que, en medio de esa especie de ceguera colectiva que es el fanatismo político, mantuvieron la lucidez y defendieron las opciones de la libertad”.
Mi opinión: Aunque los periodistas solemos honrar a nuestros colegas más exitosos recién cuando se mueren (tal como hemos visto en días recientes con la muerte de García Márquez), siento la necesidad de reconocer a Vargas Llosa aquí y ahora, mientras está vivo, por su valentía para defender las libertades básicas, aún a costa de correr riesgos personales.
Estemos o no de acuerdo con todas sus posturas, Vargas Llosa es un intelectual público de una enorme valentía en un mundo en el cual casi todos sus colegas eluden decir verdades obvias que van contra el discurso de moda. Tal como él mismo me lo señaló, si los intelectuales desprecian la política, la política se volverá aún más despreciable.

viernes, 18 de abril de 2014

cuando este artículo salió a luz, Mario Vargas Llosa no había recibido aún el Nobel, y el resentimiento entra Gabo y Mario estaba latente. mucho se conjetura sobre la causa de haber tronchado tan linda amistad, lo cierto es que los dos biografos de García Márquez objeto de este estudio, no ocultaron ningún secreto y algunos aspectos de sus textos todavía no son muy conocidos.

De Mendoza a Saldívar
o Variaciones sobre Cien Años de Soledad

Por: Mauricio Aira Flores

Plinio Mendoza entrevistó a Gabriel García Márquez y publicó El Olor de la Guayaba; Dasso Saldívar además de entrevistarlo estudió cada período en la vida del gran novelista y publicó El Viaje a la Semilla. El primero se editó en 1982, el segundo en 1997, de modo que con esta nota pretendemos una presentación del primero y tal vez del último, pero en todo caso del mejor documentado de todos sus biógrafos.
Como quiera que la obra de García Márquez es enorme y consta de grandes novelas, cuentos, crónicas y artículos para diarios y revistas vamos a limitar este trabajo al tema de la concepción, escritura, y publicación de su obra maestra, la colosal novela Cien Años de Soledad, que tuvo por propósito según su autor "darle una salida literaria, integral, a todas las expe-riencias que de algún modo me hubieran afectado durante mi infancia". Pese a la interpretación de algunos críticos que creyeron ver en la obra una alegoría de la historia de la humanidad, no es otra cosa que una constancia poética de la infancia del colombiano transcurrida en una casa grande, muy triste con una hermana que comía tierra y una abuela que adivinaba el porvenir y numerosos parientes de nombres iguales que no hicieron "mucha dis-tinción entre la felicidad y la demencia". Si existen otras intenciones deben ser inconscientes. El novelista reconoce que ciertos críticos, con una investidura de pontífices, no quieren darse cuenta que Cien Años carece por completo de seriedad y está llena de senas a los amigos más íntimos, "senas que sólo ellos pueden descubrir, y asumir la responsabilidad de descifrar todas las adivinanzas de libro corriendo el riesgo de decir grandes tonterías".
La historia de los Buen Día es como la de América Latina, una suma de esfuerzos desmesurados e inútiles y de dramas condenados de antemano al ovido. "La peste del olvido existe también entre nosotros. Pasado el tiempo, nadie reconoce por cierto la masacre de los trabajadores de la compañía bananera United Fruit, ni se acuerda del coronel Aureliano Buen Día!"
Debemos creer que por una fatalidad de nuestro destino histórico quien lucha contra el despotismo corre gran riesgo de volverse él mismo un déspota al llegar al poder. El escritor citando su novela afirma "En Cien AñosYun condenado a muerte le dice al coronel Aureliano Buen Día: Lo que me preocupa es que de tanto odiar a los militares, de tanto combatirlos, de tanto pensar en ellos, has terminado por ser igual a ellos".
Preguntado sobre si su historia se proponía abarcar un lapso de 100 años, la respuesta fue que nunca le procupó el número de años y que no está seguro que la historia de Cien Años de Soledad durara en realidad 100 años. Lo que sí supo el gran autor es que la historia le dió vuelta en la cabeza 18 años, "pero no encontraba el tono que me la hiciera creíble a mí mismo". Un día yendo para Acapulco con Mercedes Barcha, la esposa de Gabo, así llamado familiarmente por sus amigos y los niños, "tuve la revelación. Debía contar la historia como mi abuela me contaba las suyas, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre para conocer el hielo." Una historia lineal donde con toda inocencia lo "extraordinaro entrara en lo cotidiano". Esta es la mejor descripción del estilo que hoy denominamos Realismo Mágico, y que el autor de esta crónica haya encontrado en libro alguno.
Es cierto que te diste la vuelta en la carretera y te pusiste a escribir con frenesí? Es cierto, le responde a Plinio. Nunca llegué a Acapulco. )Y tu mujer? La cantidad de locuras de este estilo, que me ha debido aguantar. Acto seguido le refirió a su interlocutor que como no tenía dinero, tuvo que empeñar el automóvil y darle el dinero a la esposa, que se hizo cargo de la situación, para que le dejaran escribir y no le molestaran por ningún motivo, calculando que con seis meses la novela estaría terminada, "pero yo duré año y medio escribiendo el libro", así el dinero se acabó, la esposa no dijo nada y se las arregló pidiendo crédito al casero, al panadero, al carnicero y para comprar las 500 hojas de papel blanco que jamás deberían faltar en la mesa de trabajo del escritor.
Saldívar, su bien documentado historiador nacido en Antioquia, nos da otros detalles en torno de este pasaje. Con la misma naturalidad con que había admi-nistrado los meses de abundancia, Mercedes había conseguido administrar esos meses de escasez de 1966. Cuando Gabo le entregó los cinco mil dólares a mediados del año anterior, Mercedes se las arregló para alargarlos hasta los seis meses que él se había fijado para concluírla, pero cuando el dinero se agotó, la novela no estaba ni en la mitad, entonces García Márques acudió al Monte Pío, la casa de empeños, y dejó allí algunas joyas de la familia, el televisor, la radio y se quedó con el secador de pelo, la batidora y el calentador eléctrico que semanas más tarde correrían la misma suerte.
En la continuación del doloroso alumbramiento, la contribución de unos pocos de sus amigos próximos fue muy importante. Sus nombres deben quedar para siempre registrados: Alvaro Mutis y Carmen Miracle, Maria Luisa Elío y Jomi García Ascot. Ellos mostraron su solidaridad fraterna y "una gran discresión y pudor" como apunta Saldívar, pues jamás hablaron de ello y si se supo de sus contribuciones fue por boca de Gabriel García Márquez, algún tiempo después.
La soleada habitación en la que se escribió Cien Años fue bautizada como -la cueva de la mafia- de la que Gabo salía al atardecer, "como acabado de terminar un combate de boxeo a 12 asaltos, aquello era bestial" relató Alvaro Mutis. Cuando los niños se habían retirado a descansar, las tres parejas se ponían a conversar hasta la media noche de los temas que estaba tratando el novelista, "desde el sexo de los camarones y el hábito de ciertos insectos, hasta las distintas maneras de matar las cucarachas en la Edad Media". Los amigos conocían la obsesión documental de Gabo y habián visto acumularse en su mesa de trabajo textos de alquimia, relatos de navegantes, recetas de cocina, manuales de medicina casera, crónicas sobre las pestes medievales, manuales de venenos y antídotos, crónica de indias, estudios sobre el escorbuto, el beriberi y la pelagra, tratados sobre las guerras civiles colombianas, además de los 25 tomos de la Enciclopedia Británica y diccionarios de todas clases.
Mendoza le preguntó a García Márquez: Estabas seguro del éxito de tu novela? Estaba seguro de que tendría buena crítica, respondió, pero no de su éxito ante el público. Calculé que se venderían unos cinco mil ejemplares. (De mis libros anteriores se habían vendido hasta entonces, unos mil de cada uno de los cuatro) La Editorial Sudamericana que recibió el contrato había calculado sus ventas en ocho mil, que se agotaron en 15 días en una sola ciudad, Buenos Aires. Esta novela que "como en el caso del Quijote, partiría en dos la historia de la narrativa castellana" nos anoticia Dasso Saldívar, fue enviada de México en 2 partidas porque los García no tenían dinero suficiente para el franqueo postal. Se requerían 82 pesos mejicanos, entonces dividieron las 590 carillas en dos mitades, se fueron a casa, empeñaron lo último que quedaba y pudieron recién enviar el resto. "Cuando salieron de la vieja oficina de correos llenos de esperanza y de desesperanza, de seguridad e inseguridad, pero felices y aliviados de haber echado a andar sola, la enorme creatura de sus pesadillas, sin olvidar el comentario de Mercedes: AOye Gabo, lo único que faltaría es que la novela resulte ser mala". Y es que la esposa no tenía costumbre de leer los manuscritos.
El escritor de Aracataca estaba seguro de haber producido "su obra maestra" lo sabía no sólo por él mismo y por los amigos, que la habían leído, sino por el rumor continental que empezaba a crecer, por los comentarios periodísticos y los adelantos previos. De lo que García Márquez no estaba seguro era si los originales habían llegado a la Editorial, por lo que puso en manos de Alvaro Mutis, por entonces funcionario de una multinacional y trotamundos, para asegurarse con una segunda copia que los manuscritos llegaran a la Editorial. Cuando Alvaro estuvo en Buenos Aires, llamó al primer lector de los libreros Francisco Porrúa y le dijo: "Te he traído el original", "cállate, le respondió, yo ya lo recibí y es genial, no sé tú qué piensas" para añadir más tarde "esto es una obra maestra. Esto es un clásico, es una obra perfecta." La novela vio la luz en Buenos Aires el 30 de mayo de 1967.
A los 15 días se habían agotado los ocho mil ejemplares de la primera edición. Semejante éxito editorial, tan rotundo e inmediato, tomó de sorpresa a todo el mundo. De los cinco mil se subió a los ocho mil la primera edición. Luego se empezó la preparación de una segunda de diez mil hasta que se agotaron las existencias de papel de imprenta, se dio el caso de existir miles de pedidos y ni un solo libro para entrega inmediata. La voracidad de los lectores era tal, que en septiembre salió la tercera edición. Todos los países pedían el libro. México 20 mil, Colombia 10 mil, así empezó la locura. En tres años y sólo en castellano se habían vendido seiscientos mil ejemplares, a los ocho años se habían vendido dos millones de ejemplares. El fenómeno continúa hasta nuestros días. A los 25 años se han vendido solamente en Argentina ocho millones de ejemplares, sin contar los vendidos por las ediciones piratas.
Varios fueron los factores que contribuyeron al éxito descomunal del lanza-miento de la novela en Buenos Aires; un reportaje de la revista Primera Plana en cuya portada aparecía Gabriel García Márquez y el anuncio de su próximo arribo a la capital donde fue recibido "en olor de multitudes"; la portada de libro concebida por el pintor mejicano Vicente Rojo, personaje ligado también a la intelectualidad boliviana donde vivió parte de su juventud con su familia, procedentes de la España franquista. Vicente Rojo describe así los elementos de la portada. Escogí lo popular, los elementos que están en la imaginería popular, no son elementos precisos de la novela, pues no estaba ilus-trando determinada cosa. El pintor fue colocando sobre un fondo blanco: carazones sangrantes, cupidos activos, diablitos danzarines, lunas menguantes, pescaditos voladores, gorritos frigios, campanitas y arabescos y símbolos de la muerte. Asegura Sandívar que el pintor se había acercado al diseño del antiquo juego del macondo, tan popular en la zona bananera del Caribe. Esta portada llegó a ser tan popular como la novela misma, convirtiéndose en una imagen de identidad cultural.
No puedo dejar de apuntar lo que sucedió en Buenos Aires aquel 20 de junio de 1967 cuando los García Marquez asis-tían a una obra de teatro. Tomás Eloy Martínez lo describe así. La sala estaba en penumbras, pero un reflector seguía a la pareja. Alguien gritó: (Bravo! Y otra voz: (Por su novela! La sala entera se puso de pie. En ese preciso instante vi que la fama bajaba del cielo envuelta en un deslumbrante aleteo de sábanas y dejaba caer sobre Gabriel García Márquez uno de esos vientos de luz que son inmunes a los estragos del tiempo. (Buenos Aires vivió días de fiesta!
Pero )dónde radica la real explicación de este cataclismo que cambiaría la vida del colombiano situándolo a la cabeza de la novela hispanoamericana? En la obra literaria que es producto depurado del talento singular de García Márquez, de sus bregas insomnes de artesano de la palabra y en el apoyo, claro está, de los editores, de los periodistas, de los críticos y de los lectores argentinos.
El autor de El Viaje a la Semilla se pregunta porqué Gabo no volvió nunca más a Buenos Aires, lo mismo que los amigos argentinos del escritor. )Qué pitonisa de los sueños le aconsejó que no vol-viera a la capital argentina? Porque la ciudad que lo vistió con las galas de su merecida gloria no fue la hermética y desconfiada México, ni la ínclita e indiferente Bogotá, ni la sensual y apática Caracas, ni la rutilante e ideal Paris, ni mucho menos la aldeana y medieval Madrid del franquismo, sino la culta y fervorosa ciudad de Buenos Aires, la cuna de su maes-tro Borges y asiento de tantas editoriales que abonaron la formación del escritor.
Tampoco podemos dejar de lado el nombre de la catalana Carmen Balcells, infatigable amiga de Gabo y Mercedes, que trabajó mucho para que la novela pudiera ser traducida a otras lenguas. Ella recibió en efecto una de las primeras copias del libro en Barcelona desde donde contactó a Feltrinelli de Roma, Suil de Paris, Harper and Row de Estados Unidos y algunas editoriales de Alemania, así poco a poco aparecieron los títulos de Cien Años de Soledad en otros idiomas.
Fue en 1969 que Carmen Balcells logró firmar 16 contratos para que la novela se publicara en Inglaterra, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega, Holanda, Rusia, Hungría, Polonia, Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia (dos versiones en servocroata y esloveno), Japón, Portugal y Brasil, de modo que sólo en 34 meses la novela había dado el paso gigante "de su consagración planetaria".
Nunca más Gabriel García volvería a ser el mismo, tal vez sea mejor decir, podría ser el mismo. La fama lo había marcado para siempre, de modo que al volver de Buenos Aires, dejaron México y se trasladaron a Barcelona, donde el colombiano esperaba disfrutar de la tanquilidad necesaria para la producción de su segunda monumental obra El Otoño del Patriarca. Su biógrafo Saldívar nos refiere. Por supuesto que el escritor estaba muy consciente de las nefastas consecuencias de la peste que acababa de contraer, la conversión de un hombre común en leyenda viva, cumpliéndose así lo que el crítico mejicano Emmanuel Carballo había profetizado "que esta novela iba a atiborrar de tanta fama, gloria y dinero a su autor que ello determinaría una metamorfosis en su personalidad y que el joven sencillo, humilde, campechano, tímido, que la había escrito daría paso, -contra su voluntad- a otro muy distinto, un ser al cual iba a ser muy difícil acceder.
Si Michel de Montaigne dijo hace 400 años, "que la gloria y el reposo no pueden alojarse en la misma morada", García Márquez reconoció al cabo que "la fama perturba el sentido de la realidad tal vez tanto como el poder". Lo que es verdaderamente notable en la historia del escritor es la calidad de sus amigos, la constancia y lealtad con que se unió a esta "maffia", en el buen sentido de la palabra. Nombres que no pueden omitirse en esta crónica construída en base a hechos absolutamente demostrables.
Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Alba y Vicente Rojo, Emilio García Riera, Jomí García Ascot, María Luisa Elío, Nancy y Luis Vicens, Carmen y Alvaro Muntis, éstos últimos amigos fuera de serie con los que compartieron penas y alegrías, éxitos y fracasos, la escasez y la abundancia, especialmente los meses de la concepción y el parto de Cien Años de Soledad. No menos importante es su amistad con Mario Vargas Llosa "el último caballero andante de la literatura" con quien tiene tantas cosas en común. El peruano dijo de Cien Años al rendir homenaje de exaltación a las excelentes de este libro admirable, que le hubiera gustado escribir a él y donde su autor "manda a paseo a cuatro siglos de pudor narrativo", compite con la realidad de igual a igual, y hace de la "narración un objeto verbal que refleja al mundo tal como es: múltiple y oceánico".
García Márquez y Vargas Llosa son dos grandes de la novela, con rasgos coincidentes en sus vidas. Ambos fueron criados por sus abuelos, niños mimados y caprichosos que terminaron su infancia a los 10 años. Conocieron tarde a sus padres, ambos estudiaron en colegios religiosos y fueron internos, aquel bajo régimen monacal y éste castrense. Abrazaron la literatura como refugio y afirmación de su identidad frente a un medio hostil. Ambos dirigieron sus pasos hacia el teatro y la poesía como los pilares de su iniciación literaria y escribieron versos en su adolescencia; leyeron a Dumas y Tolstoi, a Rubén Darío y Faulkner, a Borges y Neruda; ambos se ganaron la vida como periodistas y llegaron muy jóvenes a Europa atraídos por el mito literario de Paris. Ambos de orientación marxista, eludieron militar en partidos de izquierda y fueron defensores confesos de la Revolución Cubana, delfines de Pablo Neruda e hijos predilectos de la Mama Grande Carmen Balcells que contribuyó no poco a hacer de ellos, 2 estrellas del firmamento literario universal.
El gran científico Ramón y Cajal, que honró a España recibiendo el premio Nobel de Medicina en 1906, fue también escritor y a la par de García Márquez también tuvo por la pintura gran afición a la que su padre se opuso drásticamente, en su biografía aparecen tantos rasgos similares al colombiano que estamos tentados de escribir una crónica sobre ello.
Apelando de nuevo a Dasso Saldívar encontramos las diferencias entre Vargas Llosa y García Márquez, si bien unidos por la disciplina del trabajo, el fervor por la amistad y el compromiso irreductible por la literatura. Cultivaron una amistad intensa y extensa de modo que no es una simple coincidencia que ambos hubiesen recibido el Premio Rómulo Gallegos, la más alta distinción a los escritores de habla hispana, por sus novelas La Casa Verde y Cien Años de Soledad.
Vargas Llosa asumiendo que la "literatura es fuego porque significa inconformismo y rebelión" y que "la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica" se lanzó a la lucha política, cosa que García Márquez no hizo, no obstante su coqueteo inical con la Cuba castrista y su empleo como corresponsal de Prensa Latina en Bogotá, Nueva York y La Habana.
El peruano y el colombiano son tan distintos que mientras Vargas Llosa hizo al final de Fidel Castro "la gran bestia negra a combatir" Gracía Márquez conserva una indeclinable lealtad a la Revolución Cubana y hacia Fidel Castro una amistad sin condiciones. Lo cierto es que el segundo hijo de los Vargas fue apadrinado por los García y recibió por nombre Gabriel Rodrigo Gonzalo, los de los tres varones de la familia del compadre, el escritor y sus dos hijos Rodrigo y Gonzalo.

La ceremonia tuvo lugar por aquellos dís en que ambos intelectuales protagonizaron un debate en la Universidad de Lima, frente a miles de estudiantes sobre el "realismo de lo real" o la "irrealidad de-masiado humana" o como definiera entonces el colombiano. La irrealidad de América Latina es una cosa tan real y tan cotidiana que está totalmente confundida con lo que se entiende por realidad. Decimos nosotros, el delicioso limbo en el que habían vivido su abuela Tranquilina Iguarán Cotes, sus numerosas tías y los otros personajes de su infancia en Aracataca, donde el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía nos toma de la mano y transporta por el mundo maravilloso de los Cien Años de Soledad.

jueves, 17 de abril de 2014

de 87, Gabo muere causando un enorme luto entre las letras del mundo. de Cien Años de Soledad, Pablo Neruda dijo "la mejor novela después de El Quijote. Nobel de Literatura de 1982 su memoria alcanza la inmortalidad de las Artes

Ha llegado la triste noticia de la muerte del premio Nobel de Literatura, el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez. Se fue una de las figuras más importantes de la literatura universal del siglo XX.
El autor, conocido mundialmente como fundador del estilo literario denominado ‘realismo mágico’, se inmortalizó con las novelas ‘Cien años de soledad’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘El otoño del patriarca’, ‘El amor en los tiempos del cólera’ y ‘Crónica de una muerte anunciada’, entre otras.
Hizo también una gran aportación al periodismo contemporáneo participando en la fundación en Cuba de la agencia de noticias Prensa Latina. Este hecho en su biografía se debe a un interés especial por los movimientos de izquierda y una simpatía que en todo momento fue mutua. A esta misma preferencia se debe la amistad que entabló con los líderes de la revolución cubana Fidel Castro y Ernesto ‘Che’ Guevara
Años después, en 1994, figuró entre los creadores de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que declaró como objetivo ayudar a periodistas jóvenes a aprender la profesión y buscar nuevas formas de practicarla. Desde entonces, una beca de la misma fundación, bautizada en su nombre, estimula los éxitos de los jóvenes en el periodismo cultural.
Su primer cuento, ‘La tercera resignación’, fue publicado en 1947 en ‘El Espectador’, un periódico liberal de Bogotá. El éxito le garantizó a partir del año siguiente el trabajo periodístico en el mismo rotativo, donde asimismo fueron publicados dentro de un lustro catorce cuentos de su autoría. Trabajó también como reportero y columnista en ‘El Universal’ y ‘El Heraldo’. Aunque era una faceta desconocida, en su étapa académica y posterior también abordó la poesía, algo que recordaron en Moscú con el marco del proyecto ‘Poesía en el Metro’ de la capital rusa hace 2 años.
La realidad política y social en Colombia inspiraba en mucho la obra de García Márquez, pero vivió la mayor parte de su edad madura fuera del país natal: en La Habana, Nueva York, París, Barcelona y México D.F. 
Tras una estadía de varios meses en Estados Unidos en 1960, las autoridades de ese país le denegaron el visado a García Márquez durante décadas, hasta la Presidencia de Bill Clinton, acusándole de estar afiliado al partido comunista. Hubo una excepción en 1971, cuando la Universidad de Columbia le otorgó el título de doctor honoris causa y un visado ‘condicionado’ le permitió la entrada.
Entre 1961 y 1967 y a partir de 1981 residió en México, donde no evitó ser espiado por los servicios de seguridad nacionales en el marco de la denominada "guerra sucia" como presunto "agente de la propaganda" cubana. En la segunda ocasión tuvo que trasladarse hacia la capital mexicana y solicitar asilo a las autoridades de este país a causa de una persecución penal a la que fue sometido en Colombia. Le acusaron de haber financiado un grupo de la guerrilla y la posibilidad de un arresto se hizo muy factible.
En México D.F. le encontró en octubre de 1982 la noticia más esperada por un escritor: la Academia Real Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura. La ceremonia de entrega del Nobel se celebró en Estocolmo el 8 de diciembre de ese mismo año. En el discurso titulado ‘La soledad de América Latina’ buscó romper ante el pleno de la Academia los moldes o frases gastadas con que se ha referido tradicionalmente en Europa al mundo iberoamericano y denunció la falta de atención a la región por parte de las superpotencias.
Después del Nobel, el novelista regresó por un tiempo a Colombia y formó parte de una comisión encargada de diseñar una estrategia nacional para la ciencia, la investigación y la cultura. Al mismo tiempo no dejó de apoyar la revolución cubana y las ideas del socialismo como una opción para el futuro del continente. 
En 2002, Gabriel García Márquez publicó un libro de memorias: ‘Vivir para contarla’, el primero de los tres volúmenes que había anunciado.
Su obra recibía múltiples expresiones de elogio desde los años 1960. Entre ellas destaca el comentario del gran poeta chileno Pablo Neruda sobre la novela ‘Cien Años de soledad’, a la que calificó como "la mejor novela que se ha escrito en castellano después del Quijote". Son hechos convincentes también los índices numéricos como este: los libros de García Márquez son los más vendidos de los que se hayan publicado en la lengua española en toda la historia, exceptuando la Biblia. 
A la edad de 78 años el pasado 10 de marzo falleció en Bogotá uno de los hermanos menores de ‘Gabo’, Gustavo García Márquez. Ese mismo mes el propio gran escritor latinoamericano celebraba su 87º aniversario.