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jueves, 21 de septiembre de 2017

reflexiones sobre el amor que valen para todos los tiempos. Christian Rivas se refiere al libro de Manfredo Kempff que escribió ya en 1973 "Filosofía del Amor" que cobra actualidad por las nuevas lecturas que el columnista cita aquí.


El amor en Manfredo Kempff


Sobre el problema del amor, éste fue seriamente estudiado por Manfredo Kempff Mercado en Bolivia, quien publicó su “Filosofía del amor” en 1973, décadas atrás, fue publicado el “Tratado del amor” del argentino José Ingenieros en 1910. La obra Kempff, en la actualidad sería catalogada de políticamente incorrecta, como lo es: “El amor, las mujeres y la muerte” de Arthur Schopenhauer, quien sería duramente criticado por advertir que “el hombre más varonil prefiere a las mujeres más femeninas, y viceversa, pues todo individuo aspira a encontrar el grado de sexualidad que corresponde al suyo”. Las feministas detestan esto, para ellas todo se reduce a lucha de sexos, donde ellas son las oprimidas por el patriarcado machista, así aborrecen instituciones como el matrimonio y la familia, supuestos símbolos de dominación masculina.

Hoy en día, es difícil sostener, como sostiene Buytendijk, que la apariencia femenina implica formas llenas y redondas, rostro menos angulosos, musculatura débil, pelvis amplia, piel fina y desprovista de vellos, cabellera abundante, manos frágiles, pechos en vez de tórax o mencionar que los pechos son suavidad y dulzura, cordialidad materna, que el centro del cuerpo de la mujer es la pelvis y del hombre el tórax y sus hombros anchos; esto puede ser motivo para ser calificado de sexista y misógino cavernario por las feministas y sus amigos (feministos y manginas). Lo mismo, si el biólogo Konrand  Lorenz mencionará que no existe nada más extremo viril que la “mirada de águila”, mientras que la mirada femenina es interior, que descansa sobre las cosas, apacible, peor aún, si dijésemos que el timbre de voz varía las situaciones, porque con una voz grave no se puede hablar ligeramente, mientras que una voz alta, aguda y ligera, se acusa feminidad y falta de seriedad, son ¡horror de horrores!, para los políticamente hipócritas.

Advierte Kempff que sólo la filosofía puede separar el instinto sexual del amor y embarcarse en azarosa aventura. También, Ortega y Gasset escribió su  “Tratado sobre el amor” y definió el enamoramiento como un estado anómalo de la atención que se produce en el hombre normal y sobre todas sus actividades, la atención se centra sobre una persona, como cuando uno está estúpidamente enamorado de alguien, por el contrario, Kempff Mercado, crítica este aspecto del enamoramiento tratado como anomalía, como una cuestión de enfermedad, tristeza, pesimismo como si fuera algo malo estar enamorado, porque, simplemente estamos presos a veces sin darnos cuenta, sin que estemos predispuestos por si, como si estuviéramos predispuestos a odiar o amar al primero que se cruce por la calle.

El amor no puede ser reducido sólo al aspecto espiritual o al físico, a lo erótico o a lo sexual, son ambos aspectos, entonces, no se debe falsamente espiritualizar lo sensible, ni sensualizar lo espiritual, el amor participa de lo erótico y de lo sexual, es ambos, es erotismo espiritual y físico sexual, las uniones duraderas y felices descansan sobre la combinación de lo erótico y lo sexual, dirá Kempff: “sólo la atracción y entendimiento de las almas y los cuerpos entre el hombre y la mujer, asegura la verdadera comunicación espiritual y física que informa el amor verdadero”.

Así se enciende un poco de luz sobre esta parte de la vida humana, reconociendo que este es un asunto sutil y peligroso, para muchos este tema de vital importancia puede significar felicidad o infelicidad en sus vidas, no importa si se vive en una sociedad pobre o rica, socialismo o capitalismo, el amor tiene una importancia subjetiva como todo lo aquí expresado que fácilmente se amolda o no, a la vida de cada persona.
 
El autor es representante del Instituto Libertad, Capitalismo y Empresa (ILCE).

miércoles, 20 de septiembre de 2017

por cierto. el internet y en especial el Facebook, del que se hace mal uso a menudo, por razones de tiempo y de simplicidad están convirtiendo al lenguaje en un "lenguaje de monos" Vargas Llosa se enoja por este fenómeno y pide el retorno al uso del lenguaje y de la literatura con toda su riqueza expresiva y su capacidad de comunicación entre seres humanos.


Vargas Llosa dice que la comunicación en redes es una caricatura de la lengua


  • Mario Vargas Llosa. | Foto de archivo | Agencias
Mario Vargas Llosa calificó hoy de "caricatura de la lengua" la forma de comunicarse en las redes sociales y se mostró convencido de que si la literatura no prevalece, la sociedad corre el peligro de convertirse "en un mundo de monos".
Vargas Llosa presentó hoy en Madrid un libro de ensayo en el que, bajo el título "Conversaciones en Princeton", recoge el curso que impartió en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) junto con el catedrático Rubén Gallo, a un grupo de alumnos con los que debatieron el proceso de la escritura del Premio Nobel de Literatura 2010.
Un escritor que se declaró hoy "horrorizado" al comprobar en las redes sociales "en qué se ha convertido el lenguaje", un modo de expresarse que le parece "espantoso" y la negación misma de la literatura.
No obstante, confió en que la literatura prevalezca sobre estas formas de comunicación ya que, en caso contrario, advirtió, vamos hacia "un mundo de monos". "Solo la buena literatura enseña las posibilidades de la lengua, enseña a matizar, a ser preciso, claro y coherente", indicó.
Si la literatura no sobrevive, "la sociedad del futuro no va a ser nada envidiable y ejemplar; puede ser floreciente en tecnologías pero invivible para alguien con sensibilidad y cierta cultura", consideró Vargas Llosa.
Para el escritor hispano peruano, una sociedad "de lectores de buena literatura" es más crítica, más libre y más difícil de manipular.
Aunque explicó que ya no cree en el efecto inmediato de la literatura como cuando era joven, sostiene que es una "fuente indispensable" para la formación de una sociedad democrática y libre.
En el libro presentado hoy se relata cómo, a partir de cinco obras de Vargas Llosa -"Conversación en la catedral", "Historia de Mayta", "¿Quién mató a Palomino Molero", "La fiesta del Chivo" y "El pez en el agua", se debatió en el curso la relación entre Historia y ficción.
En su proceso de escritura, explicó Vargas Llosa, realiza siempre mucha labor de investigación, no como un sociólogo ni como un historiador, "sino para poder mentir con conocimiento de causa".
El Premio Nobel aseguró que a lo largo de los años ha cambiado en su forma de escribir pero confesó que no es consciente "de la naturaleza del cambio".
"Borges dijo que cuando uno empieza a escribir le interesa mucho la complejidad y luego descubre que lo importante es la claridad y hay mucho de cierto en esa teoría", recalcó Vargas Llosa, a quien en sus últimas novelas le ha interesado sobre todo la claridad.
Por eso cree que en su literatura haya ahora más transparencia, un lenguaje menos enrevesado y menos barroco que en sus obras de juventud, una época en la que "se tiene la idea falsa de que la oscuridad representa profundidad. ¡Mentira!", exclamó.
Las lecciones de "Conversación en Princeton", dividido en ocho secciones o ensayos, desvelan el oficio de Vargas Llosa y sus ideas de la literatura en relación al periodismo, la política, el espíritu crítico o la libertad de expresión.
El catedrático Rubén Gallo transcribió las horas de grabación de las clases que se impartieron en el segundo semestre de 2015 y en las que abordaron también aspectos de la actualidad como la amenaza del radicalismo fundamentalista.
Así, el libro incluye el encuentro con el periodista de Charlie Hebdo Philippe Lancon, superviviente del atentado terrorista al semanario ese mismo año, en el que sus testimonios se alternan con las reflexiones de escritor sobre el terrorismo fundamentalista como el gran desafío a las sociedades democráticas.
Además de este libro, Vargas Llosa acaba de terminar de escribir un ensayo, una autobiografía intelectual y política a través de los pensadores que le han marcado a lo largo de su carrera.

martes, 29 de agosto de 2017


Venezuela, hoy


No hay precedentes en la historia de América Latina de un país al que la demagogia estatista y colectivista de un Gobierno haya destruido económica y socialmente

El portavoz del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y alcalde de Valladolid, Óscar Puente, declaró hace unos días que, a su juicio, hay en España “un sobredimensionamiento” de lo que ocurre en Venezuela, porque cuando un país vive el drama que experimenta la nación bolivariana aquello no es sólo culpa de un Gobierno sino “responsabilidad colectiva de los venezolanos”.
Semejante afirmación demuestra una total ignorancia de la tragedia que vive Venezuela o un fanatismo ideológico cuadriculado. Hace falta más de un individuo para deshonrar a un partido, desde luego, habiendo socialistas que, con Felipe González a la cabeza, han demostrado una solidaridad tan activa con los demócratas venezolanos que, pese a los asesinatos, las torturas y la represión enloquecida desatada por Maduro y su pandilla, han impedido hasta ahora que el régimen convierta a ese país en una segunda Cuba. Pero que haya en España socialistas capaces de deformar de manera tan extrema la realidad venezolana sin que sean reprobados por la dirección, delata la inquietante deriva de un partido que contribuyó de manera tan decisiva a la democratización de España luego de la Transición.
La verdad es que Venezuela fue, por 40 años (1959 a 1999), una democracia ejemplar y un país muy próspero al que inmigrantes de todo el mundo acudían en busca de trabajo y que, tanto los Gobiernos “adecos” como “copeyanos”, dieron una batalla sin cuartel contra las dictaduras que prosperaban en el resto de América Latina. El presidente Rómulo Betancourt intentó convencer a los Gobiernos democráticos del continente para que rompieran relaciones diplomáticas y comerciales y sometieran a un boicot sistemático a todas las tiranías militares y populistas a fin de acelerar su caída. No fue respaldado, pero, décadas después, su iniciativa acaba de ser reivindicada por la Declaración de Lima, en la que, invitados por el Perú, todos los grandes países de América Latina —Brasil, Argentina, México, Colombia, Chile, Uruguay y cinco países más de la región— además de Estados Unidos, Canadá, Italia y Alemania, han decidido aislar a la dictadura de Maduro y no reconocer las decisiones de la espuria Asamblea Constituyente con la que el régimen trata de reemplazar a la legítima Asamblea Nacional donde la oposición detenta la mayoría de los escaños.
El portavoz socialista no parece haberse enterado tampoco de que las Naciones Unidas han denunciado, a través de su Alto Comisionado para los Derechos Humanos, las torturas a las que la dictadura venezolana somete a los opositores desde hace varios meses, que incluyen descargas eléctricas, palizas sistemáticas, horas colgados de las muñecas o los tobillos, asfixia con gases, violaciones con palos de escoba, detenciones arbitrarias e invasión y destrozos de las viviendas de los sospechosos de colaborar con la oposición. Más de 5.000 personas han sido detenidas sin ser llevadas a los tribunales, las fuerzas de seguridad han asesinado a medio centenar en las últimas manifestaciones y las bandas de malhechores del régimen, llamadas los colectivos, a 27.
Al menos dos millones de personas han emigrado agobiadas por el terror, la inseguridad y la pobreza
El asedio sistemático a los adversarios de la dictadura se extiende a sus familias, que pierden su trabajo, son discriminadas en los racionamientos y víctimas de expropiaciones. Y la corrupción del Gobierno alcanza extremos de vértigo, como acaba de denunciar la fiscal Luisa Ortega en Brasil, revelando, entre otros horrores, que el segundo hombre del chavismo, Diosdado Cabello, recibió 100 millones de dólares de soborno de Odebrecht a través de una compañía española.
Pero, probablemente, con toda la crueldad que denotan las violaciones a los derechos humanos y el saqueo del patrimonio nacional por los jerarcas del régimen, nada de aquello sea tan terrible como el empobrecimiento vertiginoso que la política económica de Chávez y su heredero ha acarreado al pueblo venezolano. Uno de los países más ricos del mundo, que debería tener los niveles de vida de Suecia o Suiza, padece hoy día los índices de supervivencia de las más empobrecidas naciones africanas: la pobreza afecta al 83% de la población, sufre la inflación más alta del mundo —este año alcanzará el 720%— y un PIB que según el Fondo Monetario Internacional cae 7,4%. Sólo se libran del hambre y la escasez de todo —empezando por las medicinas y las divisas y terminando por el papel higiénico— el puñado de privilegiados de la nomenclatura —buen número de generales entre ellos, comprados asociándolos a las grandes operaciones del narcotráfico— que pueden adquirir alimentos, medicinas, repuestos, ropa, a precios de oro, en el mercado negro. La gente común y corriente, entre tanto, ve caer sus niveles de vida día a día.
¿A cuántos cientos de miles de venezolanos han obligado a emigrar las fechorías económicas y sociales del régimen? Es difícil averiguarlo con exactitud, pero los cálculos hablan de por lo menos dos millones de personas que, agobiadas por la inseguridad, la pobreza, el terror, el hambre y la perspectiva de un empeoramiento de la crisis, se han desparramado por el mundo en busca de mejores condiciones de vida, o, cuando menos, un poco más de libertad. No hay precedentes en la historia de América Latina de un país al que la demagogia estatista y colectivista haya destruido económica y socialmente como ha ocurrido en Venezuela. Lo extraordinario es que la política de destruir las empresas privadas, agigantando el sector público de manera elefantiásica, y poniendo cada vez más trabas a la inversión extranjera, se llevara a cabo cuando todo el mundo socialista, de la desaparecida URSS a China, de Vietnam a Cuba, comenzaba a dar marcha atrás, luego del fracaso de la socialización forzada de la economía. ¿Qué idea pasó por la cabeza de semejantes ignorantes? La utopía del paraíso socialista, una fabulación que, pese a los desmentidos que le inflige la realidad, siempre vuelve a levantar la cabeza y a seducir a masas ingenuas, que, pronto, serán las primeras víctimas de ese error.
Es verdad que la Venezuela de la democracia contra la que se rebeló el comandante Chávez había sido víctima de la corrupción —un juego de niños comparada a la de ahora— y que, en la abundancia de recursos de aquellos años, los de la Venezuela saudí, surgieron fortunas ilícitas a la sombra del poder. Pero aquello tenía compostura dentro de la legalidad democrática y los electores podían castigar a los gobernantes corruptos mediante unas elecciones, que entonces eran libres. Ahora ya no lo son, sino manipuladas por un régimen que, en las últimas, por ejemplo, se inventó un millón de votos más de los que tuvo, según la propia compañía contratada para verificar los comicios. Pese a ello, la oposición ha inscrito candidatos para las elecciones regionales de gobernadores convocadas por Maduro. ¿Hay alguna posibilidad de que sean unos comicios de verdad, donde gane el más votado? Yo creo que no y, por supuesto, me gustaría equivocarme. Pero, después de la grotesca patraña de la “elección” de la Asamblea Constituyente y de la defenestración manu militari de la fiscal general Luisa Ortega Díaz, ahora en el exilio, ¿alguien cree a Maduro capaz de dejarse derrotar en las urnas? Él ha hecho todos los últimos embelecos electorales, quitándose la careta y mostrando la verdadera condición dictatorial del régimen, precisamente porque sabe que tiene en contra a la mayoría del país y que él y sus compinches tendrían un exilio muy difícil, por sus robos cuantiosos y su estrecha vinculación con el narcotráfico. En la triste situación a la que ha llegado Venezuela es poco menos que imposible —a menos de una fractura traumática del propio régimen— que recupere la democracia de manera pacífica, a través de unas elecciones limpias.
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domingo, 27 de agosto de 2017

tras el homenaje de Manfredo llega éste de Carlos Mesa, con un título tan simple "Mariano" se refiere al mismo personaje que antecede, bien conocido en todos los tiempos y por todos los pueblos,, con su cámara minúscula Mariano Baptista sigue recogiendo testimonios, entrevistando, fotografiando hechos y gentes con el mismo entusiasmo y la pasión por todo lo cultural que produce Bolivia. merecidos conceptos de un gran escritor sobre otro gran culturizador.


Mariano


Columna
COLUMNA VERTEBRAL
Publicado el 27/08/2017
Cuando ya octogenario podría estar tranquilamente apoltronado en la jubilación, Mariano recorre el país acompañado por una minúscula cámara y él lo hace todo, como siempre, recogiendo imágenes, ejemplos de nuestro patrimonio, personajes , hechos y conversaciones que serán un testimonio para el futuro. No hay expresiones que puedan describir lo que esa determinación representa
Es difícil encontrar una forma más intensa de creer en Bolivia que recuperar a nuestras personalidades más fascinantes, hacerlo a través de sus textos, a través de su voz, de sus conversaciones, de sus escritos, los conocidos y los olvidados. Eso es lo que Mariano Baptista Gumucio ha hecho a lo largo de su vida, sin distingos, sin prejuicios, sin calificativos, sin otra pretensión que transmitir las palabras que los bolivianos han tejido por siglos. Nadie en nuestra historia ha hecho más por la difusión de nuestra cultura que Mariano.
Dos libros marcaron en mi adolescencia mi vínculo indisoluble con la patria: Santa Cruz el Cóndor Indio, esa luminosa biografía de Andrés Santa Cruz escrita por Alfonso Crespo y Este País tan Solo en su Agonía de Baptista, una compilación de las reflexiones del autor a partir de las contradicciones y paradojas del país en la década de los años setenta del siglo pasado, que muy bien podrían volver a publicarse hoy sin mayores variantes. Fue un texto que me estremeció, precisamente porque se acercaba a nuestra realidad a partir no de la elegía, sino del dolor, de la idea de que lo que nos ocurre importa y exige nuestro compromiso con el suelo en que nacimos.
Mariano pensó, quizás precisamente por eso, que el verdadero nudo gordiano en el que estamos atrapados es la educación e intentó en la gestión pública (fue tres veces ministro de Educación) contribuir a modificar el gigantesco lastre que no hay reforma que haya podido cambiar. Dos de los libros fundamentales de su extensa bibliografía son Salvemos a Bolivia de la Escuela y la Educación como Forma de Suicido Nacional. Influido por el pensamiento de Freire e Ilich, hizo un diagnóstico descarnado de un sistema educativo anclado en el siglo XIX. Ambas obras marcaban desafíos fundamentales a través de un diagnóstico descarnado de nuestra realidad en las aulas. Volver a leer esos libros hoy nos dejaría perplejos. Tecnología aparte, la mirada de Mariano sobre el desolado panorama de nuestra educación sigue también vigente.
Como periodista hizo del periódico Última Hora una plataforma de apertura y de libre pensamiento, no sólo por el recordado “Playboy de los pobres” (la extraordinaria revista Semana, cuyo contenido era de excelencia) no por sus controversiales tapas, sino porque abrió las puertas a todas las corrientes de opinión y creación del país. ¿Cómo olvidar por ejemplo a ese singular colectivo de jóvenes “underground” que publicaba la página semanal Luz Ácida, ¡en plena dictadura de Banzer!, con textos irreverentes, poemas psicodélicos e ideas a contracorriente con un evidente sabor a cannabis y otras “hierbas”? Impulsó entonces una de las iniciativas más ambiciosas y exitosas para la difusión del libro, la Biblioteca Popular de Última Hora a la que sumó una colección de biografías infanto-juveniles de personajes célebres de Bolivia. Ediciones baratas y accesibles que diseminaron clásicos bolivianos a miles de lectores. Era su obsesión de ayer, y lo es hoy con Identidad y Magia de Bolivia, su equivalente en televisión. Cuando ya octogenario podría estar tranquilamente apoltronado en la jubilación, Mariano recorre el país acompañado por una minúscula cámara y él lo hace todo, como siempre, recogiendo imágenes, ejemplos de nuestro patrimonio, personajes, hechos y conversaciones que serán un testimonio para el futuro. No hay expresiones que puedan describir lo que esa determinación representa.
A Mariano se lo criticó en voz baja. Que su compañera dilecta era la tijera y su método el collage…“ ¡Ladran Sancho!”. Nadie como él para saber contar una historia, introducir un hecho, una figura, nadie como él para excavar en archivos, desvanes,  escritorios en los que parece que no haya nada nuevo que ver. Nadie como él para seleccionar con tino los fragmentos de textos que permitan  comprender una obra. Así reverdeció a Tamayo, Medinaceli, Montenegro, Man Césped, Guzmán, Guevara, Céspedes, Busch… Igual de fresco fue su paseo por los nueve departamentos con extraordinarias antologías de las miradas que sobre ellos han tenido viajeros, investigadores, poetas, recobró voces y semblanzas.
Por si todo esto fuera poco nos ha dejado su propia mirada de la historia del país con un texto ágil y completo sobre nuestra historia contemporánea, una aproximación a la otra historia, a aquella que moldea personalidades, expresa subjetividades, impulsa pasiones y uno reciente tejido a través de la correspondencia de las grandes personalidades que forjaron nuestra nación.
Mariano es una fuente inagotable. Lo será hasta el último día de su vida.

El autor fue presidente de la República
http://carlosdmesa.com/ 
Twitter: @carlosdmesag

sábado, 19 de agosto de 2017

se refiere naturalmente a Mariano Baptista, llamado como su padre "el mago Baptista" y Manfredo hace reminiscencias de famosos personajes muchos de ellos ya no están, pero todos conocidos por nosotros a través de sus textos, sus obras, sus poemas. valiosos recuerdos de la tertulia pero también de la amistad que nos une o los unió en torno de "la hermana literatura" y por ello la vena cultural


Elogio a un mago de la cultura



viernes, 7 de julio de 2017

nadie podrá dudar del talento de García Márquez, aunque es preciso reconocer que sin ayuda de Castro que lo empleó por muchos anos en Prensa Latina, no habría llegado muy lejos. así fue. Vargas Llosa cuenta su relación con el compadre cursos en El Escorial.


Vargas Llosa desnuda a García Márquez


El escritor peruano detalló en los cursos de la Complutense en El Escorial los lazos que lo unieron al autor de «Cien años de soledad»
De izquierda a derecha, García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay, junto a Carmen Balcells (1974) - ABC
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Con un aguacero que podía asumirse como un homenaje al clima tropical de la Colombia que vio nacer a Gabriel García Márquez repicando en las ventanas, Mario Vargas Llosa protagonizó en San Lorenzo del Escorial una ponencia en la que desgranó la obra y la personalidad del difunto «Gabo», de quien se distanció tras un enfrentamiento en el año 1976. Con el medio centenario de su obra más reconocida, «Cien años de soledad», el Nobel peruano habló de su homólogo a la manera en que Tolstoi lo hubiese hecho de Dostoievski, o Wolf de Joyce.
«Él no era un intelectual, funcionaba más como un artista o un poeta. No estaba en condiciones de explicar intelectualmente su enorme talento para escribir, lo cual quiere decir que funcionaba a base de intuiciones, instintos, pálpitos. No pasaba tanto por lo conceptual. Esa disposición extraña que tenía para acertar tanto con los adjetivos, los adverbios y, sobre todo, la trama narrativa. Uno se da cuenta de una complejidad intelectual extraordinaria cuando lo estudia, pero también de que él no era consciente de las cosas mágicas que hacía», dispuso Vargas Llosa ante un aula hasta la bandera para atender lo que fue la ponencia que clausuraba la semana de homenajes a García Márquez en el marco de los cursos de verano que la Universidad Complutense organiza en El Escorial.
«Me deslumbró "Cien años de soledad". Me pareció una novela magnífica, extraordinaria. Escribí inmediatamente un artículo en el que decía que por fin América Latina había tenido su novela de caballerías donde lo imaginario prevalecía sin que el sustrato real desapareciera. Creo que esta impresión mía fue compartida por un público muy grande. Entre otras características, tenía la de ser un libro lleno de atractivos para un lector refinado, culto y exigente, o para uno absolutamente elemental, que solo sigue la anécdota y que no se interesa en la lengua ni en la estructura de una historia», desgranó el escritor peruano.
Su devoción por la prosa de «Gabo» lo llevó a estudiarlo y a enseñarlo. Primero lo hizo en Puerto Rico, después en Inglaterra y, por último, en Barcelona. Ello provocó que Vargas Llosa tuviera que racionalizar la obra de su amigo para después poder explicarla a unos estudiantes que también eran devotos de la saga Buendía. El trabajo terminó resultando en un libro que se alimentó de cientos de notas y materiales que había utilizado para elaborar su tesis doctoral: «La historia de un deicidio» (Barral Editores).
De la lectura que García Márquez hizo del ensayo surgió un reguero de anotaciones al margen que su autor nunca vería. «Los datos biográficos me los dio él, y yo lo creí. Pero recuerdo que en un viaje a Europa en barco yo paré en un puerto donde estaba toda su familia. Estuve conversando con ellos y el padre me dijo, "oíga, ¿usted por qué le quitó edad a 'Gabito'?" Se lo dije a "Gabo" y se puso muy incómodo, así que cambié de tema», expuso el conferenciante.

Génesis de una amistad

Durante la estancia de Vargas Llosa en Francia, trabajó en un programa de televisión que tenía una sección en la que comentaban libros que podían generar interés en América Latina. Fue antes del 67 cuando una obra titulada «Pas de lettre pour le colonel» («El coronel no tiene quien le escriba»). Fue el primer contacto entre el peruano y García Márquez. «Me gustó su realismo estricto, esa descripción tan precisa del viejo coronel que sigue inasequible al desaliento enviando cartas para reclamar una jubilación que nunca llegará», detalló.
Tras aquello llegaron los primeros intercambios de cartas, suficientes para hacerse amigos sin haberse visto las caras. De ahí surgió un proyecto a cuatro manos que nunca llegaría a puerto: escribir una novela sobre la guerra entre Perú y Colombia en el Amazonas. Si germinaría en libro una entrevista pública que Vargas Llosa le hizo en Lima, en lo que fue toda una excepción a las costumbres del fallecido, «reacio y uraño» cuando se trataba de exponerse ante las masas con un micrófono frente a los labios. Lo hizo con una edición pirata: se publicó sin que el artífice de la misma informase a los dos protagonistas. «García Márquez nunca se lo perdonó», recordó con cariño el autor de «La ciudad y los perros».
Las similitudes que ligan los caminos de ambos literatos no son escasas: ambos fueron criados por sus abuelos maternos, tuvieron una relación conflictiva con su padre, estuvieron internos en colegios y empezaron a trabajar como periodistas desde muy jóvenes. Pese a todo, Vargas Llosa puntualiza: «Las lecturas fueron la similitud más importante. Éramos admiradores de Faulkner. Hablábamos mucho de la impresión que nos causaba, como nos había educado, nos había puesto en contacto con la técnica moderna: sin respetar la cronología, cambiando puntos de vista...», explicó, antes de exponer ciertas diferencias formativas. «A él le había influido mucho Wolf, a mí Sartre, al que él ni había leído. Él había leído sobre todo literatura anglosajona», cerró.
Gabriel García Márquez perdura como un escritor afín a la corriente socialista, pero quien lo conoció durante los años calientes de la revolución cubana puede exponer como se gestó la conciencia política del autor de «Crónica de una muerte anunciada». «Él había pasado por un proceso de desencanto con la revolución. Trabajó en Cuba para Prensa Latina, vinculada a los Castro, pero el Partido Comunista acabó purgándolo. Él guardó con enorme discreción este asunto. Cuando lo conocí yo era muy entusiasta con la revolución, y él no. Tenía una posición como diciendo, "muchachito, ya verás, ya verás"», contó Vargas Llosa. Su postura cambiaría tras la declaración de Padilla posterior a su detención. Entonces «Gabo» comenzó a mostrar una postura mucho más cercana a los Castro, con una motivación clara a los ojos de quien ayer habló. «Creo que García Márquez tenía un sentido muy práctico de la vida, que descubrió en ese momento fronterizo que para un escritor era mucho mejor estar con Cuba que contra Cuba. Se libró del baño de mugre que nos llevamos los que estábamos en contra. Es la izquierda la que tiene el control sobre la vida cultural en todas las partes del mundo», sintetizó.
Aunque no hayan quedado pruebas certeras que definan su ideología, sí que es posible saber que García Márquez quería para su América Latina «cosas sensatas» como «desarrollo» o «socialismo» –aunque Vargas Llosa precisa que su idea del mismo era «muy suigéneris»–. «América Latina no es lo que se ve en su obra. En la fealdad de América Latina él podía ver belleza porque su prosa lo podía», explicó el de Perú.

Escalar hacia la democracia

Hablar de su tierra hizo que Vargas Llosa redirigiera el final de su discurso hacia la situación que hoy vive América del Sur. En ese sentido, se refirió a la importancia de que hoy vivamos en una sociedad que permite escalar rápidamente a los países en vías de desarrollo. Rechazó seguir caminos como los que tomaron Rusia, China, Cuba o, especialmente, Venezuela, y dio preferencia a posibles gobiernos corruptos que dictatoriales. Los objetivos que él ve prioritarios, cristalinos: erradicar la violencia, hacer crecer las clases medias y reducir la pobreza, todo ello con un destino común: la democracia.
«El desarrollo de América Latina solo es bello en su literatura. Son sociedades injustas, con mayorías aglutinando privilegios y minorías marginadas y sin oportunidades, que junto con la violencia conjugan el subdesarrollo. Con eso se puede hacer gran literatura, porque esta se alimenta mucho más de la mugre que de la belleza», dijo Vargas Llosa. «Cada país tiene la literatura que se merece. Si tenemos una pobre, menos imaginativa, tendremos que conformarnos y leer a los africanos, que tendrán una literatura rica como la de García Márquez» concluyó.

sábado, 10 de junio de 2017

Puka se apunta con una segunda parte de su artículo tan leído sobre "Borges y la burguesía pluri" y nos aclara un par de conceptos a propósito de los "estremists de izquierda que dicen una cosa y practican "el bien vivir a su manera"


El (in)discreto encanto de la “borguesía”