Páginas vistas en total

viernes, 29 de abril de 2016

si algún poeta boliviano y literato merece ser elevado al altar de la fama y obtener el Nobel, es Armando Soriano Badani, intenso escritor con más de 30 títulos sobre los anaqueles. me enternece cuando se refiere a Gesta Bárbara la pléyade de pensadores bolivianos que encarnó en las letras el alma boliviana. Ivone Juárez Zeballos se refiere a ello.


Ivone Juárez Zeballos

Comienza la década de los años 50 del siglo XX en la ciudad de La Paz, que se ha convertido en la primera urbe de Bolivia. En ella una clase dominante conservadora marca la tendencia del arte y la literatura, que se precia de su gran influencia europea. Los autores nacionales son apenas reconocidos.
 En la terraza del Domec, una confitería ubicada en pleno centro paceño, en la avenida 16 de Julio -hoy conocida como El Prado- un grupo de jóvenes está reunido sosteniendo una efusiva conversación que llama la atención del resto de los clientes. 
Se trata de algunos de los miembros de la segunda generación de Gesta Bárbara, un movimiento de intelectuales, literatos y artistas creado a principios de siglo XX, en Tupiza, Potosí, bajo el liderazgo de Carlos Medinacelli, autor de la emblemática novela boliviana Chaskañawi. El movimiento estaba guiado por el sentido de revalorización de la producción literaria y cultural boliviana. Su fuerza fue tal que llegó hasta La Paz.
En el grupo de jóvenes en la terraza del Domec están Mario Miranda, Julio de la Vega, Gustavo Medinacelli, Óscar Alfaro, José Federico Delós, Jacobo Liberman y Valentín Abecia, que años después serán reconocidos y recordados como los más grandes poetas y escritores de Bolivia. Entre ellos también se encuentra Armando Soriano Badani, un joven de casi 30 años, estudiante de Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés.
La charla del grupo es espontánea y gira en torno a diferentes temas. A momentos de política, en otros de economía, religión... pero el tema ineludible es el cultural y el literario, en lo que están involucrados todos ellos.
No faltan las declamaciones de versos, poemas y sonetos de amor o de exquisita sátira contra la política y sus representantes...
 Armando Soriano ya tiene escrito un libro de poesía: Alba rota, que años después se convertiría en una de sus mayores obras. La concibió en sus años de estudiante.
 Ahora está cultivando la poesía amatoria, ésa de tinte erótico que le fascina. También está escribiendo Escondida entre mis sueños, una novela en primera persona que describe la experiencia de Gesta Bárbara y los acontecimientos que se dan en la carrera de Filosofía, donde él estudia.
Soriano nació en Cochabamba en 1921, pero radica en La Paz desde muy niño. Es el séptimo de los siete hijos de María Badani, viuda de Soriano. Después de salir bachiller, del colegio La Salle, siguió, simultáneamente, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.
A principios de los años 50, concluidas las dos carreras, logró una beca de estudio en París, donde se especializó en seguridad social, pero, al mismo tiempo, siguió cursos de estética e historia del arte.
 Salió de Bolivia con sus amigos Julio de la Vegas y Mario Miranda, con los que compartió esa experiencia de vivir tres años en "esa libertad extraordinaria” de la Ciudad Luz, donde conoció los museos más famosos del mundo y asistió a diferentes eventos culturales de la época, lo que le representa "una fuente nutriente de enriquecimiento espiritual extraordinario”.
A su regreso a Bolivia, junto a Julio de la Vega y Mario Miranda y otros poetas y escritores, llega a formar parte de la segunda generación de Gesta Bárbara. 
Pese a que el principal sentido del movimiento era revalorizar la literatura boliviana, Armando Soriano y sus amigos estaban  muy influenciados e inspirados en escritores de la época, que representan al cubismo literario, una corriente vanguardista que se originó en París alrededor de 1908.

MEDIO SIGLO DESPUÉS 
Hoy, más de medio siglo después, una ola de recuerdos empapa a Armando Soriano, el último de los caballeros de Gesta Bárbara. Verbaliza sus recuerdos  en medio de la euforia que desata la nostalgia. Describe los momentos junto a sus amigos ya fallecidos, evoca los momentos junto a ellos y hasta recita sus poemas con  emoción.
 "Éramos una familia espiritualmente reunida que se tomaba sus pequeñas licencias nocturnales para escribir,  decir poemas y tertuliar como uno de los símbolos más seductores del intercambio de ideas.  Formaron parte de esa familia poetas estupendos que dejaron su obra importante”, evoca.
"Cada quien guardaba su independencia, no sólo de pensamiento y conducta. Todos éramos absolutamente libres, tanto que si bien algunos teníamos nuestras inclinaciones izquierdistas, habían otros con inclinaciones diferentes, pero todos éramos respetados, éramos igual queridos”, añade este hombre casi centenario, dueño de una intacta memoria, una elegante estampa y un trato caballeroso y galante, propio de los caballeros de Gesta Bárbara.
Soriano se detiene en su amigo Gustavo Medinacelli. "Era un personaje con gran fuerza y entereza, con una personalidad medio extravagante. Era un espíritu completamente libre, el líder de todos nosotros, el fundador”, dice.
  Recuerda que Medinacelli siempre solía sorprender. "A veces, cuando teníamos alguna obra en la que tenía que aparecer, no salía al escenario. ¡De pronto aparecía en algún rincón entre el público!, ¡inuscitadamente!, creando una verdadera sorpresa”.  Gustavo Medinacelli fue el primer miembro de la segunda generación de Gesta Bárbara que murió.
En seguida se le viene a la mente José Federico Delós, "un gran poeta crítico de las autocracias militares”. Para evocar su memoria declama uno de sus poemas, Sarjam: -"Qué quereís en la cumbre, las eternas nieves ciegan aquí a las alimañas, lo lobos deben ir a las cavernas, sólo el águila habita las montañas. No os queremos aquí, ir a hundiros en el cero mismo de la nada, abajo, más abajo, no los queremos aquí, ¡sarjam carajo!”-.
También recuerda a Óscar Álfaro "con su poesía política absolutamente aguerrida, pese a ser un poeta absolutamente de espíritu manso y quieto”.
"Era un niño, por eso se convirtió en el poeta de los niños de Bolivia. Tenía un poema que hablaba de él mismo”, dice y comienza a declamarlo: -"Desde adentro, desde el fondo de mí mismo sale corriendo a mi encuentro un niño que soy yo mismo”-.

EXALTADORES de la cultura boliviana


Pero el movimiento Gesta Bárbara no sólo era un espacio en el que este "grupo original de extravagantes” encontraba la motivación para escribir poesía, cuentos, novelas o crítica literaria -afirma Armando Soriano- sino que promovía y organizaba actividades públicas para "mover el ambiente anquilosado de la cultura”.
Cada semana organizaban recitales en el Teatro Municipal,  en el Salón Municipal, de la Cañada Strongest, o en cualquier otro local "de lo más conocido o desconocido”.
En esos espacios los miembros de Gesta leían sus poemas en actuaciones presentadas por Gustavo Medinacelli, "que hacía y decía sus locuras”.
Pero la pluma de los miembros de Gesta Bárbara también alcanzó a los periódicos más destacados de la época. En diarios, como La Razón y Última Hora, eran los encargados de las páginas de cultura, donde escribían críticas sobre la producción cultural en nuestro medio.
"Éramos absolutamente exaltadores y amantes de la literatura boliviana, porque había muchas expresiones un poco falaces, algunos escritores que tenían sus grandes laureles y prestigios, pero eran de una gran modestia creadora. Todo eso nos inducía a tratar de exaltar lo que verdaderamente era una expresión genuina de nuestra cultura”, comenta Armando Soriano.
El autor se regocija al recordar que el grupo llegó a ser estimado por generaciones más antiguas de grandes figuras de la literatura boliviana, como Carlos Medinacelli, Armando Alba y otros grandes escritores.
"Era un estímulo para nosotros. Éramos irreverentes por una rebeldía que nace más de la juventud que de una actitud racional, pero nuestro contacto con esta gente tenía un gran valor en nuestra producción”, expresa.


El GERMEN DE LA POESÍA 


Si Gesta Bárbara fue un estímulo para cada uno de sus miembros,    para Armando Soriano fue el germen que lo convirtió en uno de los mayores conocedores del cuento boliviano  y en un maestro de la poesía amatoria.

En su incursión por el cuento, este barón de  las letras bolivianas se coronó como un especialista, que prácticamente sembró la definición de ese género literario. En 1964 publicó El cuento boliviano, una obra en la que recopiló y analizó todo lo producido hasta entonces por los autores nacionales. 
"Ahí afloran la mayoría de los que comenzaron a escribir sus libros de cuentos”, explica.
Ese exitoso trabajo cruzó las fronteras, porque desde Argentina  le pidieron escribir una antología del cuento boliviano, que fue impresa en 30.000 copias, que llegaron hasta  bibliotecas de Estados Unidos.
En 1989 Soriano escribió su primer cuento, Rumbo de la fatalidad, inspirado en la represión política de la época. Señala que como cuentistas desarrolló el estilo del "desenlace desconcerante que destruye la intriga”.
Y el trabajo de Armando Soriano sigue y suma, porque también escribió sobre autores bolivianos analizando y criticando su obra. Entre esos trabajos destaca Elogio a La Paz, donde se dedicó a revisar el trabajo de los intelectuales y literatos paceños.
En cuanto a Soriano como el maestro de la poseía amatoria, él mismo considera que de sus más de 30 libros y decenas de ensayos,  su obra más exitosa fue la que  escribió hace casi  75 años, pero  que publicó en 1960: Alba rota, un compendio de sus poemas  escritos en el colegio y dedicados a "esos amores que aparecían y desaparecían de repente”.
"Lo publiqué  regañadientes, pero fue muy bien recibido. Es un libro nutrido de sonetos, una de mis inclinaciones porque es una de las formas poéticas más encantadoras, armoniosas y difíciles”, comenta.
Pero  Soriano no sólo cultivó el verso libre, sino la mayoría de las manifestaciones poéticas clásicas que hoy son un gran patrimonio de la poesía boliviana.
Por eso, al referirse al verso de este último caballero de Gesta  Bárbara,  Jacobo Liberman,  su amigo de siempre , ya fallecido, lanzó  una  profecía:   "Soriano, por favor, y no digo nada original, no está para otoños, él es un poeta condenado a escribir un siglo de poesía y su lugar en la lírica boliviana se encumbra a la altura de esta tierra”.

sábado, 12 de marzo de 2016

docente de Literatura en la U. Católica, fue mi maestra por tres años en el Curso de Comunicación Social para periodistas entre 1966 y 69. apegada a su vocación enseñó con entusiasmo y pasión. se mantuvo "toda una vida" entre la creación literaria y la docencia. de las pocas que perseveró en una línea en realidad difícil, si acaso no se posee como Gaby el buen gusto por las letras y la perseverancia en tantos centros de enseñanza. persiste en ello y esta crónica de Los Tiempos, es un reflejo de su sin par dedicación.

Sin lugar a dudas, Gaby Vallejo Canedo es hoy en día uno de los mayores fenómenos dentro del mundo de las letras bolivianas: es ampliamente conocida en Hispanoamérica por sus novelas incisivas, maravillosamente realistas, apasionadas y profundas. 

Ella es capaz de registrar su vida y la de sus contemporáneos con crudeza y arte.

Sus novelas y ensayos presentan un fuerte realismo y una siempre novedosa manera de narrar en cada una de sus novelas. A eso se suma la variedad y profundidad de sus ensayos que la revelan como una estudiosa apasionada del ser humano; lo que hace que su nombre, con justicia, sea considerado uno de los más imponentes de la literatura nacional, por lo cual fue elegida miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua.

Esta cochabambina es mujer de postura combativa e ideas revolucionarias frente a la sociedad y a los criterios machistas fuertemente arraigados. Persona inteligente que siempre lució a través de las letras su disconformidad, porque su capacidad como intelectual y literata es extraordinaria. Tal vez porque para Gaby escribir sea un acto vital que le acompaña desde muy joven, desde el primer dolor de amor en la tierna adolescencia, cuando descubrió el poder liberador y subyugante de la escritura, para después dejar de ser intimista y derivar a otra escritura, aquella que proviene de las provocaciones del mundo exterior, desde los otros.

La escritura se tornó parte importante de su vida, al punto de no poder concebir la existencia fuera del mundo de las letras. Tanto es así que, la académica boliviana utiliza la escritura para clarificar el mundo, tanto el interior como el de afuera, “al intensificar lo invisible, que nos habita en los sentimientos y en las sensaciones”, pues, encuentra en el arte de escribir el cristal que amplifica sus emociones y le permite revelarse como libre pensadora, insubordinada, como mujer rebelde en tiempos caóticos: en nuestros tiempos…

Carrera profesional

La notable novelista, Gaby Vallejo Canedo ostenta una amplia carrera profesional: fue profesora de Literatura y Lenguaje en la Normal Católica de Cochabamba y docente por 18 años en la Universidad Mayor de San Simón; también fue encargada de Bibliotecas Populares y del Centro de Documentación de Literatura Infantil del Centro Patiño de Cochabamba por 16 años y fue organizadora de la campaña de lectura Cochabamba Lee.

Además de ser colaboradora e invitada en el Consejo de Redacción de varias revistas internacionales como: Lectura y Vida (Argentina), CLIJ (España), Revista de Literatura Infantil Juvenil Latinoamericana (Colombia); las italianas Sfoglia Libro y Eleusis; Bookbird IBBY (Inglaterra), las bolivianas Signo, Teluria, Revista del PEN y Signario; Archipiélago (México) y los suplementos de prensa escrita Presencia Literaria, Correo, Pueblo y Cultura y El Duende, entre otros; donde se encuentran numerosos artículos suyos.

Dirigió algunas publicaciones y revistas como: Escritores en Cochabamba el Último Año del Siglo PEN; en Abriendo Puertas de Los Tiempos; Antología de Ensayos PEN-Bolivia; la revista juvenil Chócale; el Taller de Experiencias Pedagógicas Colección Te Regalo un Sueño del Piali; Memorias de los Congresos Nacionales del IBBY (seis números); la revista del Comité Boliviano de Mujeres Escritoras del PEN Teluria; la Revista del PEN- Bolivia y Signario.

Estudios

Gaby es licenciada en Ciencias de la Educación y tiene postgrado en Literatura Hispanoamericana, por el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, Colombia. Hizo una pasantía en Literatura Infantil en Internationale Judengbibliotek de Múnich, Alemania; además de diversos cursos de interculturalidad y bilingüismo en la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba.

Es eximia bibliófila, fomenta la lectura infantil e inculca a través de la lectura los valores y principios éticos y morales que necesitan los infantes. Fue fundadora del Comité de Literatura Infantil-Juvenil de Cochabamba; del Taller de Experiencias Pedagógicas y de la Biblioteca Thuruchapitas. Además, cuenta con una extensa producción de libros para niños.        

Fue expositora, panelista y conferencista en varios congresos internacionales de la International Board o­n Books for Young People (IBBY, Basel, Suiza); de la Asociación Latinoamericana de Lectura (IRA, EEUU); del Programa de Acercamiento a la Literatura Infantil (Piali, México). Fue presidenta por varias gestiones de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Bolivia; presidenta honoraria de la Sociedad Boliviana de Escritores. Además, es integrante del Comité Internacional Nambook (Corea) y miembro como Biblioteca Thuruchapitas de la Fundación Global para la Infancia (EEUU), entre otros.

Inicios literarios

La niña que se conmovía cuando escuchaba los himnos y las canciones escolares, no sabía que se transformaría en el icono más representativo de la literatura de todo un país. En algún momento ella comentó que: “Era como una vibración interior, un descubrimiento de lo que pueden decir las palabras”. Después vinieron las primeras publicaciones en la prensa nacional en 1966. Luego la publicación de las primeras novelas “Los Vulnerables” en 1973, “Hijo de Opa” en 1977; las obras que le lanzaron a la fama, y después siguió una intensa y exitosa producción literaria.

Premios

Gaby Vallejo es una escritora que durante su prolífera carrera ha sido ampliamente galardonada, destacando los siguientes premios: Premio Nacional de Novela Erick Guttentag, 1976. Lista de Honor del IBBY, Oslo 1988, con el libro infantil “Detrás de los sueños”. “Mirlos Blancos”, Internationale Jugend Bibliothek. 

Premio Mircea Eliade. Medalla Dante Alighieri por la Defensa de la Democracia a través de la Literatura (Venecia, 1991). Premio Nacional de Literatura Juvenil, Ministerio de Educación de Bolivia, 1995, por la novela juvenil “Con los ojos cerrados”. En 1989 fue nombrada “Ciudadana Meritoria” por el municipio de Cochabamba. En 2001 recibió el Premio Nacional al Pensamiento y la Cultura de la Fundación La Plata (Sucre, Bolivia). Premio Internacional a la Promoción de Lectura IBBY-ASAHI, Feria Internacional de Libro Infantil, Bolonia, Italia, 2003, compartido con Bibliotecas Hermanas de Carolina del Norte (EEUU). Bandera de Oro del Senado Nacional de la República de Bolivia en enero de 2008. Distinción al Mérito Cultural, Pro Arte, 2010. Medalla Alejo Calatayud entre las 200 personalidades sobresalientes de los 200 años del grito libertario de Cochabamba, septiembre, 2010.

Además, el Instituto Literario y Cultural Hispano (ILCH), con sede en California, EEUU, también le entregó su máxima distinción, el Premio ILCH, por su contribución a la literatura boliviana e hispanoamericana.

Gaby, desde que inició su carrera, estaba predestinada a conquistar a legiones de lectores dentro y fuera de las fronteras de la patria, comprobando que su literatura tiene tinte de universalidad; además de convertirse en una de las voces más poderosas de las mujeres hispanohablantes, ya que su eco está predestinado a alcanzar a generaciones futuras que tendrán que guiar una mirada más atenta y crítica hacia la realidad desencantada y sorprendente que hoy nos rodea.

Como escritora fecunda muchas de sus obras han sido transferidas a otros géneros, por ejemplo: al ballet, al teatro, a títeres y al cine; como la emblemática novela “Hijo de Opa”, llevada al cine por Paolo Agazzi y Ukamau con el título de “Los Hermanos Cartagena”, que ha logrado posicionarse en la cultura boliviana como un ícono. Para mí es una novela monumental en la que ingresan la historia, la psicología, la sociología y el ensayo; además, se detiene en la muerte y en las diferentes facetas de la vida. Retracta muy bien los dolores y los miedos en un país en dictadura militar. Ampliamente divulgada, “Hijo de Opa” fue traducida al inglés. Es importante notar que Gaby fue coguionista de “Los Hermanos Cartagena”.

Esta escritora y singular intelectual posee gran pericia narrativa, capaz de expresar la idiosincrasia latinoamericana con enorme sensibilidad social y con refinada capacidad de transmitir atmósferas y emociones, que plasma con un lenguaje directo y lineal, sin complicaciones literarias y sin alejarse de lo estético; dotando su obra de singular belleza, enalteciendo así el arte de escribir.

Escribió las novelas: Los vulnerables (1973); Hijo de Opa (1977); Juvenal Nina (1981); Mi primo es mi papá (1989); La sierpe empieza en la cola (1991); Con los ojos cerrados (1993); Encuentra tu ángel y tu demonio (1998), Amalia desde el espejo del Tiempo (2012). Publicó los cuentos: Detrás de los sueños (1987); Sí o no. Así de fácil (1992); Amor de colibrí (1995); Del placer y la muerte (2007).

Sus principales investigaciones y ensayos son: “En Busca de los Nuestros”; “Los Juegos, el Rostro Lúdico de las Culturas”; Manual del Promotor de Lectura”; “Leer, un Placer Escondido”; “Lectura Silenciosa Sostenida, Programa de estimulación a la Lectura”; “La Comida y Bebida Indígenas en Cochabamba”; “De Toros y Rosas. Imágenes del Sexismo en Libros para Niños” y “Papeles de Viaje”.

Su escritura

La escritura corpórea y poderosa a lo largo de toda su vida, la acomodan en un lugar sin parangón en la pléyade de escritores bolivianos de todos los tiempos. Gaby se preocupa por la supervivencia de la sociedad latinoamericana contemporánea y deja amplia constancia de ello, al testimoniar las tragedias de un país que comparte el mismo esquema de abusos frente a los derechos humanos, la guerrilla urbana, la injusticia social, entre otras desventuras, con cualquiera de nuestros países latinoamericanos.

Situada en una encrucijada histórica y cultural de la sociedad latinoamericana, su innovación consiste en plantear “inquisiciones”, para decirlo borgianamente, evitando aspectos fieramente dogmáticos o imposiciones ideológicas. Es ese ojo de la autora que observa al caos y testifica a través de su pluma las contradicciones de nuestra época.

Al desnudarse de la falsa moral, Gaby enfoca la sexualidad con la misma pericia con que analiza la guerrilla urbana, con el mismo estilo límpido y directo, capaz de lucir su inteligencia y su sensibilidad sin falso brillo ni lujo exterior; denotando una autenticidad tan de raíz que es incompatible con el medio. Es otra dimensión la que la identifica. Sus novelas, normalmente, recuperan múltiples vidas e inquietan el espíritu, hacen pensar y vinculan con algo superior, fino y excelso.

Para esa gran intelectual y humanista que la realidad hiere muy duramente, la propia vida justifica o explica una obra de arte trabajada siempre con temas de interés internacional: guerrilla urbana, dictaduras, sexualidad universal, discriminación e injusticia. En suma, es un lujo de escritora sin sombra de dudas, en su obra nada sabe a poco, y tiene la capacidad de llegar rápidamente al lector y atraparlo. Por todo lo expuesto, y por lo que no dijeron mis palabras sobre la calidad de persona entrañable que es Gaby Vallejo Canedo, la considero la papisa de la literatura boliviana.

(*) La autora es escritora.
mar_bara@yahoo.es

LOS TIEMPOS

viernes, 26 de febrero de 2016

Shimose se refiere a la autora de "Matar a un Ruisenor" de Nelle Harper Lee estadounidense de gran talento que con solo el libro nombrado se convirtió en famosa y amasó una fortuna que le permitía una vida sin sobresaltos. admirable biografía. el libro se hizo película con el mismo nombre interpretada por Gregory Peck

En la historia de la literatura ocurren fenómenos extraños. Escritores como Nelle Harper Lee (Monroeville, Alabama, 28.04.1926 – idem, 19.02.2016) pasan a la posteridad por un solo libro: Matar a un ruiseñor (1960). Harper Lee acaba de morir plácidamente, ciega y sorda, a los 89 años, en una residencia de ancianos de su pueblo natal. Después de recibir el premio literario más importante de EEUU (Pulitzer 1961), Lee vivió en Monroeville, alejada del mundanal ruido y liberada de toda preocupación económica. Percibía tres millones de dólares anuales por sus derechos de autora ¡por un solo libro! Vendió 45 millones de ejemplares, llegando a acumular una fortuna calculada en 30 millones de dólares (eso sucede en países serios como EEUU, donde se respetan y estimulan el talento y el esfuerzo individuales, y se cumplen las leyes a rajatabla). No concedió entrevistas y vivió ajena a la figuración social. En 2007 rompió su aislamiento y viajó a Washington D.C. para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad que le entregó el presidente George W. Bush.

Estudió leyes sin llegar a graduarse, dejó Monroeville en 1949 y se instaló en Nueva York, donde por el día trabajaba como recepcionista en una compañía aérea y por la noche escribía. La editorial que publicó Matar a un ruiseñor, rechazó su versión original y le pidió que la reescribiera. Sin pretenderlo, Harper Lee creó un arquetipo: el abogado Atticus Finch, símbolo de la lucha contra el racismo y la intolerancia social, y valiente defensor de los derechos humanos, encarnado en el cine por Gregory Peck (Óscar 1962 al mejor actor). La novelista declaró que había creado su personaje a imagen y semejanza de su padre, el abogado Amasa Coleman Lee. Su novela es un milagro literario porque trasciende la literatura para niños, el costumbrismo y el color local. Su estilo es una sabia asimilación de Mark Twain, Faulkner y Truman Capote. 
Traducido y editado en Argentina, el libro circuló en La Paz sin llegar a impresionarnos. En cambio, la película, dirigida por Robert Mulligan y adaptada al cine por el guionista Horton Foote, nos impactó e incitó a releer la novela de indudables méritos literarios. De todos modos, debo decirlo, el filme engrandeció la fama de la novela, con un Gregory Peck imponente en el papel de Atticus Finch. 

El año pasado se publicó la segunda novela de Harper Lee: Go set a watchman (Ve y pon un centinela). Aunque las ventas han sido exitosas (dos millones de ejemplares vendidos hasta hoy), los críticos no acaban de justificar su publicación. // 26.02.2016.

sábado, 13 de febrero de 2016

Rubén Darío grande entre los grandes poetas de la humanidad, "noobtuvo el Nobel porquelos suecos no lo conocían", asegura Pedro Shimose quién escribe cuando se cumplen 100 años de la muerte del mayor nicaraguense de todos los tiempos. la Radio y TV de España le ha dedicado sentidos homenajes.

Hace seis días, recordamos el centenario de la muerte de Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 18.01.1867 – León, Nicaragua, 06.02.1916), celebérrimo poeta de Iberoamérica, tan famoso como Martí, Borges, Neruda y Octavio Paz, y tan importante como los menos famosos Ricardo Jaimes Freyre, Leopoldo Lugones, Vicente Huidobro y César Vallejo, por ejemplo. Si el jurado del Premio Nobel –estrenado en 1901 con el poeta francés Sully Pruddhomme– hubiese tenido mejor información sobre las letras en lengua española, no le habría otorgado el premio de 1904 al economista, político y dramaturgo español José Echegaray, sino al poeta, periodista y diplomático nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío. Entre los años 1888, fecha de publicación de Azul, y 1905, cuando publica Cantos de vida y esperanza, Darío era ya, sin discusión, el poeta más innovador e influyente de la literatura en español, pero los suecos no se enteraron.

Darío era el poeta de los grandes silencios y las hondas melancolías, con unas manos tan bellas “que él creía de marqués, en su esnobismo plebeyo, y que eran más bien las de un obispo cortesano”, al decir de Vargas Vila, que también le encuentra “una extraña semejanza física” con Beethoven. Según el autor colombiano, Darío vivía con decoro, con dignidad, de sus artículos publicados en La Nación, de Buenos Aires. “Darío no fue nunca –dice Vargas Vila, que lo conoció y trató en sus días de gloria y decadencia– el bohemio profesional que muchos se gozan en pintar; era serio, era meditativo, era honesto; (…) si hubiera sido adinerado, habría sido el más espléndido de los anfitriones; amaba los ricos manjares y (como Rossini, Dumas padre, el español Álvaro Cunqueiro y el cubano Gastón Baquero, añado yo) gozaba en preparar algunos con sus propias manos, alardeando de sus conocimientos en el arte de Brillat-Savarin”.
Parco en palabras, “sabía escuchar, defendía a sus amigos y no hablaba mal de nadie, ni aun de aquellos que le habían hecho mayor mal”. Su paso por la diplomacia, representando primero a Colombia y a su país, después, fue esporádico y problemático. En realidad, fueron hechos fortuitos. Hay una foto muy conocida de Darío, vestido de librea y entorchados del uniforme diplomático, pero ese, el de la foto, no era él. Darío disfrutaba del mundo y sus placeres, pero más disfrutaba de su inmensa soledad, a pesar de estar rodeado de una corte de aduladores que no le dejaban vivir. Sus debilidades fueron el alcohol, las mujeres y el terror de saberse mortal. Su frase recurrente: “Tengo sed”. Murió a los 49 años, dejando una obra imperecedera. // Madrid, 12.02.2016

viernes, 5 de febrero de 2016

Pedro asume su opinión al menos en 6 asuntos de la noticia. asume con picardía, su verbo es crítico, pero también satírico y sin dejar de llegar al núcleo del asunto, no abandona el humor.

¿Cómo no me va a encantar, después de 10 años de felicidad plurinacional y seis horas de discurso evista? Estoy chocho de la buena vida y del buen vivir, con estos referéndums del Puede que Sí o Puede que No que me producen escozores.

** En la etapa precarnavalera, el vicepresidente Álvaro García Linera se disfrazó de indio y viajó a Porco (Potosí) a inaugurar una escuela. Allí arengó a los escolares a que “si alguien, de aquí a cinco, a diez años, quiere venir a quitar el petróleo, la electricidad, pónganse sus cartuchos de dinamita (sic) y vayan a botarlos a patadas” (El Día, 01.02.15). Ojalá que los chicos porqueños no se tomen en serio las bromas de don Álvaro y no se conviertan en yihadistas plurinacionales. ¿Y el Gobierno se proclama pacifista?

** Desde hace días se viene discutiendo la cuestión de la libreta de servicio militar del vicepresidente García Linera. Discusión inútil. A los discutidores se les olvidó que don Álvaro tenía su propia libreta de servicio militar en otro ejército: el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). 

** El Tribunal Electoral Supremo ha demostrado que no es tan supremo. A pesar de haber dictaminado que el presidente no puede usar los actos de entrega de obras públicas como propaganda partidista a favor del Sí en el referéndum del 21 de febrero, el ‘presi’ sigue metiéndole nomás. Don Evo quiere batir su propio récord constitucional modificatorio cambiando el cambio que haya que cambiar para seguir cambiando, según Cantinflas. 

** En la provincia Sud Yungas, departamento de La Paz, se levanta un prodigio de la ingeniería autóctona. Se proyectó un puente que debería acortar el camino que va a Chulumani, pero los cálculos de ingeniería fallaron porque el puente no va a ninguna parte. El puente será declarado patrimonio cultural de la humanidad despistada. (El Día, 30.01.2016).

** Un fiscal de La Paz fue pillado en un club nocturno que no tiene los papeles en regla y en un estado algo embarazoso. Esto ocurrió en el Café con piernas, situado en El Alto de La Paz. El interfecto alegó inocencia porque, según él, fue abducido por unas alienígenas locas que han invadido Bolivia. (La Razón, 30.01.16). // Madrid, 05.02.2016.

viernes, 15 de enero de 2016

Shimose va al grano, en el meollo político del poeta, en el tono paripatético suyo propio, dice las verdades, y entre presagios de pitonisas brujas y adivinas adelanta sus oráculos reaparecen tragedias olvidadas. de las entranas de pollos y palomas,"entre vuelo de pájaros y meteoritos" le pide al poderoso cuidarse del quencherío de febrero". ojalá desista de su plan nuclear "no vaya a ser que las veleidades atómicas de Evo, nos fundan para siempre". sabrosa lectura.

Los años bisiestos tienen mala prensa. Llegan cargados de presagios que la realidad se encarga de confirmar. Las antiguas pitonisas, brujas y adivinas, y los oráculos, arúspices y augures aparecen en tragedias e historias de la Antigüedad. Examinaban las entrañas de pollos y palomas, interpretaban la dirección del viento, el vuelo de los pájaros y la aparición de meteoros en el cielo. Fue un adivino quien le dijo a Julio César: “¡Guárdate de los idus de marzo!”, días antes de que lo cosieran a puñaladas. En estos tiempos aciagos para el Gobierno del Fondo Indígena no sería nada raro que un yatiri –después de leer el futuro en las hojas de coca– le advirtiera al aspirante a monarca: “¡Cuidate del ‘quencherío’ de febrero!”.
La caída en picado del precio del barril de petróleo, el derrumbe de la Bolsa china en el Año chino de las 16 barcazas plurinacionales, las derrotas de Cristinita y Maduro, la amenaza de El Niño y la ‘Operación Ama Sua’ del Fondo Indígena, son malos augurios para este febrero que, en vez de 28, trae 29 días. El nuevo año empezó con los juegos pirotécnicos norcoreanos del dictador Kim Jong-un y su bombita de hidrógeno. Ojalá que don Evo desista de su plan nuclear; no vaya a ser que, por seguir haciendo historia, las veleidades atómicas del Gobierno nos fundan para siempre.
Mientras los terroristas del Dáesh (mal llamado Estado Islámico porque no son islamistas) urden y ejecutan sus fechorías en Europa y en EEUU, y los musulmanes se lían a tiros en una guerra religiosa que acaba de aflorar entre las facciones chií (Irán) y suní (Arabia Saudí), tal como sucediera en el siglo XVII en la Europa católica y protestante, el presidente Evo se desafía a sí mismo y patea al Tribunal Supremo Electoral (TSE) como si fuera una pelota de fútbol, al violar el reglamento que prohíbe la instrumentalización de la entrega de obras públicas como propaganda oficial a favor del Sí en el referendo de febrero. El futuro monarca ha dicho: “Aunque el Tribunal Supremo Electoral me castigue, no importa”, porque sabe que el TSE no lo va a castigar. O sea que “¡se le mete, nomás!”. Y que no cunda el pánico. Aunque se haya derretido la nieve de Chacaltaya (La Paz), se haya secado el lago Poopó (Oruro), se esté evaporando la laguna Colorada (Potosí) y se haya incendiado el mercado Uyustus de La Paz, no dejaremos de participar en las próximas Olimpiadas de agosto, en Brasil. Los yatiris auguran el oro olímpico para nuestros corredores de Fondo… indígena, originario y campesino. Happy New Year, my brothers cambaimaras! // Madrid, 15.01.2016.
El Deber – Santa Cruz

sábado, 2 de enero de 2016

se solaza Pedro Shimose cuando escribe sobre Marcelo Rivero cuyo texto le causa efluvios, recuerdos, atmósfera familiar y lugareña, sembrador de sueños y esperanzas el verbo de Rivero Mercado expresa el coraje de los justos y ponderados.

Una de las primeras cosas que hago los miércoles es buscar, en las páginas de EL DEBER, el artículo de don Marcelo Rivero Mercado (Santa Cruz de la Sierra, 14.02.1938) y deleitarme con su lectura siempre aleccionadora. Sus crónicas me atraen por cuatro motivos:

1) Porque su lenguaje es elegante como su persona. Y directo y sencillo como es él cuando está de palique. Cuando lo leo, me parece estar leyendo a esos periodistas cruceños y benianos que se carteaban, en el siglo pasado, con miembros de la Real Academia Española. Eran los tiempos de Virgilio Oyola, Plácido Molina Mostajo, Juan B. Coimbra, Miguel Domingo Saucedo, Félix Sattori Román y Alberto Natusch Velasco. ¡Qué tiempos! ¡Qué escritores! 

2) Porque me gusta su prosa brava y pulquérrima cuando critica a quienes afean la convivencia ciudadana con sus bocinazos y sus humos apestosos a gasolina, en una desmadrada urbe de calles que han perdido su encanto y se han vuelto angostas para tanto auto, camión, autobús y taxi enloquecidos. Ni qué decir de los vendedores ambulantes que invaden aceras y calles, y ocupan plazas y hasta barrios enteros para desesperación de los peatones. ¿Cómo no estarle agradecido?

3) Porque nos transmite el aroma clásico de una lengua viva en la obra de esos periodistas cambas que le precedieron: Fabián Vaca Chávez, Félix Bascopé Gonzales, Heberto Áñez, Huáscar Cajías, Lucas Saucedo Sevilla, Raúl Otero Reiche, Aquiles Gómez Coca y Pedro Rivero Mercado, su hermano, sin cuyo espíritu emprendedor, vocación de servicio y capacidad de trabajo el periodismo cruceño no sería lo que es hoy. 

Y 4) Porque, con la sabiduría que dan los años, dice las verdades del barquero, según el tema, el personaje y la ocasión, sin miedo ni remilgos.

Desde que ingresa en la Redacción de EL DEBER, a don Marcelo ni se lo siente. Callado, ensimismado, reconcentrado en sus lecturas, siempre está donde está, ayudándonos a ver la realidad local y nacional con mirada exigente y juicio a veces benévolo, a veces inflexible, pero siempre ponderado. Será porque quiere a su país con el coraje de los justos y esa pasión de los sembradores de sueños y esperanzas. ¡Salud! // Madrid, 01.01.2016.