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miércoles, 26 de agosto de 2015

mi padre Bernardino que conoció personalmente a Mauricio Hoshschild, quién a menudo viajaba en tren de Potosí a Oruro, de Potosí a La Paz y Chile, se refería siempre a él co mucho respeto "don Mauricio era persona educada y cordial. agradable conversar con él", ahora Verónica Ormachea ha escrito un libro que según Carlos Mesa revela facetas suyas antes desconocidas.

La cantidad de vidas humanas que Hochschild salvó es incalculable, en función de su riqueza personal y el momento histórico, dice Mesa al comentar la novela de V. Ormachea
Hasta hace no mucho tiempo, y probablemente en los últimos años con mayor intensidad, nuestra lectura de tres figuras fundamentales de la historia empresarial boliviana ha sido una lectura crítica, una lectura de execración, una lectura de ponerle una cruz a quienes, sobre todo la historia nacional revolucionaria, había calificado como los verdaderos saqueadores y depredadores de la riqueza histórica del país. Esas tres figuras fueron Simón Patiño, Carlos Víctor Aramayo y  Mauricio Hochschild. A partir de la revolución de 1952, la lógica de  El metal del Diablo de Augusto Céspedes (una novela que es una suerte de afirmación política y de militancia ideológica), marcaba a Patiño, Hochschild y Aramayo como los enemigos de la nación. En esa lógica binaria entre nación y antinación de Carlos Montenegro, estos tres personajes eran todo aquello que no debíamos buscar ni debíamos referir y mucho menos admirar.
Es en ese contexto que aparece la novela de Verónica Ormachea. Los infames surge de una construcción histórica de hechos acaecidos a partir de personajes, como no puede ser de otro modo, vehiculados hacia  la ficción, y hace una alternancia entre un episodio fundamental, dramático y terrible de la historia mundial, el nazismo (lo que representa el nazismo como destrucción de los valores esenciales del humano) con un personaje de esos tres execrados barones del estaño: Hochschild.
Tuve oportunidad de compartir con Verónica el proceso creativo de la novela y ese proceso tuvo una línea de evolución que permitió llegar al final que ustedes van a poder leer en las páginas ya editadas. Lo que originalmente era un apéndice, el personaje que simplemente servía como un nexo puramente narrativo, se convierte probablemente en el personaje más importante, más fuerte de la novela. Me refiero a Hochschild. Y a partir de la fuerza del personaje histórico principal uno puede encontrar el sentido de los personajes fundamentales de la novela. Los personajes de ficción son dos jóvenes de origen polaco que se van a cruzar con la realidad boliviana.
Vuelvo al punto de partida: a Patiño, Hochschild  y Aramayo. Hoy tenemos la posibilidad en la distancia de releer sus figuras, de releer lo que significó su capacidad de crear riqueza en una sociedad. Definitivamente cualquiera de ellos puede ser juzgado de diversos modos y no vamos a santificarlos ni vamos a convertirlos en héroes, pero también definitivamente es ya impensable esa lectura binaria de blancos y negros, de buenos y malos de la historia boliviana construida a partir de la confrontación que hizo el revisionismo histórico del 52.
En una entrevista que concedió Verónica a Página Siete, ella hace una mención absolutamente pertinente sobre la significación de Hochschild: Hochschild es el equivalente en Bolivia de Schindler, el Schindler para los judíos-bolivianos. La cantidad de vidas humanas que Hochschild salvó es incalculable, no solamente en función de su riqueza personal, no solamente en función de sus aportes de inversión directa en el proyecto de inmigración judía en el momento más dramático del nazismo, sino también en su espíritu que por supuesto tenía que ver con su propio origen. A diferencia de Schindler, Hochschild era judío, pero no era un judío militante, ni siquiera un judío de creencias profundas. Era un hombre más bien heterodoxo, un hombre pragmático, pero tenía un fondo de sentido humanístico que permitió que desarrollase una tarea imprescindible para comprender cómo y por qué llegaron a Bolivia a fines de los años 30 y principios de los 40 entre 10.000 y 13 .000 judíos. Muchos de ellos se quedaron en Bolivia, se convirtieron en bolivianos y contribuyeron a la construcción de la sociedad boliviana.
Verónica construye el personaje histórico con elementos de novela, un personaje cuya vida real supera a la ficción, un personaje que se convierte, de rescatador marginal que ha venido de Chile, en uno de los grandes empresarios mineros del país, un personaje que es amigo personal del presidente Germán Busch y que va a ser víctima de Busch que quiere fusilarlo, que va a ser aprisionado por el gobierno de Gualberto Villarroel y que luego va a ser secuestrado inmediatamente después de haber salido de prisión. Un personaje que en medio de esos avatares tiene tiempo para establecer una relación con las organizaciones judías que llevaban adelante la migración.
Pero la novela no es exclusivamente la historia de Hochschild, es fundamentalmente una historia de dos personajes que van a atravesar una parte dramática del siglo XX. Tiene que ver con la Polonia acosada por el  nazismo, con el gueto de Varsovia, con ese momento de inflexión tan complicado para los judíos europeos, para los judíos alemanes, para los judíos polacos, de tomar la dimensión exacta del drama que se iba a vivir cuando ya Hitler había llegado al poder, cuando se había producido la Noche de los Cristales Rotos, cuando se había aprobado leyes explícitamente antisemitas, cuando era impensable aun en el peor escenario que un Gobierno con una estructura y una tradición histórica como la alemana pudiera buscar la solución final.
La novela tiene dos grandes escenarios, la Europa, y Polonia en particular, brutalmente desgarrada por la invasión nazi, y la Bolivia de la  transición de los años previos al nacionalismo revolucionario.
Pero si uno tuviera que descubrir una epopeya y recomponer y revalorizar un momento de la historia debería ser ése que Verónica escoge en el año 38 y el año 40, en que el país se convierte en uno de los pocos países latinoamericanos  con decisión de Estado, de política de Gobierno de recibir un número muy significativo de judíos. Esa decisión de Estado no habría sido posible sin la voz, la acción, la capacidad organizativa de Hochschild.
Desde luego, como lector boliviano, la parte más fascinante de la novela ha sido la parte boliviana, y un desafío complicado para la autora era cómo narrar los horrores de los campos de concentración nazi de una manera tal que no sea repetitiva y no vuelva a contarnos lo que hemos visto tantísimas veces. Creo que el desafío para ella ha sido la parte de la narración europea: es un verdadero descubrimiento. En la parte boliviana ustedes van a encontrar asuntos que nos atañen directamente. Esto es algo muy importante y ella lo logra como novelista. Éste no es un tema estrictamente de interés de los bolivianos de origen judío, es de interés para todos nosotros, para redescubrir una etapa absolutamente olvidada de nuestro pasado. El enlace entre las dos historias está muy bien logrado en la novela.
En fin, se trata de una novela atractiva, de una novela importante en términos de los temas tocados. Creo que Verónica está en el marco de las narraciones de la literatura histórica, de la novela histórica,  como un referente importante de la novelística boliviana.
*Extracto de las palabras pronunciadas por el autor en la presentación de la novela Los infames, de Verónica Ormachea, durante la Feria del Libro de La Paz. 

viernes, 21 de agosto de 2015

Juan Quiroz, no sólo fue el reconocido maestro de Pedro Shimose sino que también fue su Jefe en Presencia Literaria. Pedro no lo menciona aunque todos sabemos que el Padre Quiroz lo tuvo por colaborador permanente y animador del trabajo literario del diario católico. no extrañe por tanto el homenaje que le brinda recordando su obra imperecedera en las letras boliviana. Digno y Justo Recordatorio.

Al recordarse el centenario del nacimiento de Juan Quirós (Cochabamba, 29.08.1914 – La Paz, 06.03.1992) –maestro de la crítica literaria– la Academia Boliviana de la Lengua (ABL) le rindió homenaje en un acto público presidido por don Armando Mariaca, vicedirector de la Academia (Centro Cultural de España / La Paz, 27.08.2014). Los académicos Raúl Rivadeneira Prada, Jaime Martínez Salguero y José Roberto Arze pronunciaron discursos sobre la vida y la obra de quien honró el sacerdocio, la crítica literaria, la poesía, el periodismo y la cátedra universitaria.
Su labor crítica en El Diario, La Nación y Presencia (La Paz, 1953-1990), en la revista Signo por él fundada y dirigida, y en dos antologías poéticas, promocionó a dos generaciones de escritores entre los que pueden citarse a Alcira Cardona, Hernando García Vespa, Jaime Canelas, Julio de la Vega, Jorge Suárez, Roger de Barneville, Gonzalo Vásquez Méndez, Roberto Echazú, Matilde Casazola, Eduardo Mitre, Gaby Vallejo, Jesús Urzagasti, Norah Zapata-Prill, Antonio Rojas, Jaime Nisttahuz, Nicomedes Suárez, Blanca Wiethüchter, Edmundo Paz Soldán, etc. En la ceremonia, la Academia anunció que dedicaría a Quirós parte del número 29 de su Anuario, promesa que cumplió. El Anuario 29 de la ABL –presentado en la Alliance Française (La Paz, 24.05.2015)– consta de 339 páginas, divididas en dos partes. La primera, dedicada a la vida y la obra de Juan Quirós, y la segunda, subdividida en cuatro secciones: I. Estudios / II. Incorporación de nuevos académicos / III. In memoriam / y IV. Vida académica.
En lo que atañe a las páginas dedicadas a Quirós, estas registran ensayos de Raúl Rivadeneira (Juan Quirós, semblanza y obra), Pedro Shimose (J.Q., poeta), Óscar Rivera-Rodas (La crítica literaria de J.Q.), Alfonso Gamarra Durana (J.Q., poema), Carlos Coello Vila (J.Q. y la revista Signo), Carlos Castañón Barrientos (J.Q. y el Movimiento cultural Prisma), Armando Mariaca Valdez (Presencia de Monseñor Quirós en Presencia), Teodosio Imaña Castro (J.Q., catedrático universitario), Jaime Martínez Salguero (J.Q., de carne y hueso) y José Roberto Arze (La biblioteca de J.Q., signo de su cultura personal).
Así queda fijada la trayectoria de este escritor insigne. El tiempo –contra todo conato de ingratitud, indiferencia u olvido– lo ha consagrado ya como uno de los más grandes maestros de la crítica en Bolivia (Anuario 29 de la ABL está a la venta. Puede adquirirse llamando a la secretaría de la Academia, en La Paz / tel. 2-2445381) // Madrid, 21.08.2015.
El Deber – Santa Cruz

viernes, 14 de agosto de 2015

Shimose titula bien: de "Traumas, relojes Despertadores y Catálogos Lujuriosos" cuando se refiere justamente a tres temas escabrosos, lo hace con el humor de siempre y cala hondo en su tratamiento...sabroso texto. bien Pedrito!

Acaba de publicarse un “drama con acompañamiento de cachondeo y dolor de corazón”. Como la carne es débil, algunos diputados y senadores han caído en la tentación de la carne. EL DEBER informó (ED/ 03.08.15) que, por los laberintos sulfurosos del Congreso, circulan demonios provistos de catálogos con ofertas de diablillas ‘calatas’ dispuestas a hacer pecar a los honorables que, por otra parte, no ofrecen mucha resistencia que digamos. Mediante comunicado, la Asamblea Plurinacional considera difamatoria la noticia “sobre una actividad ilegal en el Parlamento” (ED/ 06.08.15) y está que brama. Pero todo quedará en agua de borrajas porque la culpa es de Satanás, que nunca duerme. Lo que algunos diputados y senadores hojean con avidez no son catálogos de “trabajadoras del sexo”, sino ejemplares de la revista Playboy en versión aimara, quechua y guaraní, como manda la Constitución Plurinacional. 

*** Según el procurador general del Estado, don Héctor Arce, el embajador de Bolivia en el Vaticano, don Armando Loaiza, no dijo lo que dijo, solo “reflexionó” en voz alta, delante de un periodista chileno, al decir que el presidente Evo padece de un “trauma anticatólico”. Sorprende que sea el procurador del Estado y no el presidente Evo Morales quien explique este lío plurivaticano. Según Héctor Arce, “el jefe de Estado es de formación de esa religión” (sic). En buen romance, quiso decir que Evo es católico. Y si es católico, ¿por qué calla? (¿al presidente católico se le ha comido la lengua el gato?). El procurador general, “católico profundo” como se autodefine, cree que los “serios cuestionamientos (sic)” del Gobierno con el “sindicato católico” no tienen nada que ver con el ‘Hermano’ Francisco, sino con el cardenal Terrazas y la Conferencia Episcopal. No se ha enterado, por lo visto, de que el papa juega en otro equipo y en otra división. ¿Lo entenderá cuando repase el catecismo? (ED/ 10.08.15).

*** El gobernador de Oruro, don Víctor Hugo Vásquez, ha tenido la ocurrencia de regalar relojes con despertador a 40 funcionarios que llegan con retraso a su puesto de trabajo. El gobernador cree que con este gesto regulará la puntualidad de sus subalternos (ED/ 05.08.15). El canciller Choquehuanca oficializó el reloj aimara, el año pasado (Cumbre cruceña del G-77 + China), con las agujas girando al revés, hacia la izquierda. Que el gobernador orureño no olvide este detalle, no vaya a ser que en vez de llegar mañana, a las 8:25 de la mañana, sus empleados lleguen a las 8:25 en punto, pero del día de ayer. El regreso al pasado, con despertador. // Madrid, 14.08.2015.

miércoles, 29 de julio de 2015

Claudio Ferrufino vive "en su exilio estadounidense" escribe sin parar. produce una obra tras otra, como ésta "Un libro de peso" a cuatro manos con un español MADRID COCHABAMBA, no son crónicas dice el coautor, anque sí lo son, se refieren a 20 temas diferentes de ambas ciudades y pronto estará en la librerías. la obra es esperada con ansias.

¿Autopropaganda al ser yo uno de los autores? Nada de eso. Sucede que he recibido en mi refugio norteamericano los primeros ejemplares del libro (Editorial 3600, La Paz, con prólogo de Miguel Sánchez-Ostiz, contratapa de Willy Camacho y cubierta de Demian Ortiz) y me ha gustado. Ha pasado un año desde que a instancias de Pablo Cerezal (autor español de Los cuadernos del Hafa, obra de culto) iniciamos la aventura. Dos escritores acompañándose, no confrontados, hablando de sus ciudades, Madrid y Cochabamba, en una perspectiva brumosa que hermana a cualquier urbe. Tal vez por eso, Pablo lo subtituló Cartografía del desastre, porque su interior aviva ruinas, que ni impávidas ni silenciosas están o son, sino dinámicas, agonizantes, paridoras, plenas de emoción que no aplaca la valeriana de las viejas brujas.
Preguntan si son crónicas. Respondo que literatura; no que una desplace a la otra, pero carecen del meollo que las harían texto periodístico, sin disminuir tampoco su existencia en un ámbito más personal e íntimo, con las libertades artísticas y de estética (trabajo) que la literatura permite. Sin embargo, son crónicas urbanas, algo rurales también en el caso boliviano, donde ni el 52, ni la modernidad y peor la todavía presencia de generaciones que vivieron el salto, mantienen el rostro nacional como una simbiosis campo-ciudad, muy enraizado el campo en la idiosincrasia boliviana, fuera incluso de las diferencias sociales y hasta raciales.
Estas páginas abordan temas comunes: música, cine, muerte, amor, putas, libros, vicios y aficiones; Vallecas, barrio madrileño y Cala Cala, cochabambino, comparten esas minucias sobresaltadas del ser humano. El entorno las decora, agría o endulza, pero a la larga un cuerpo es lo que es, y un llanto lo mismo, sin importar el lugar ni cómo se llamaba ella (la escribimos dos hombres). Así como todo se olvida, igual se recuerda.
Un punto de apoyo entre ambos estilos, naturalezas, pasaporte y visión, un pivote, viene a ser que los protagonistas, casi casi autobiografía, salen de una clase media trabajadora que se mece entre dos mundos esperpénticos, el de arriba y el de abajo, el cielo y el infierno. En este medio, aunque los anarquistas de la Fracción del Ejército Rojo Alemán afirmarían que en medio no hay nada, es más sencillo manejarse e incursionar en lo otro, en cualquier dirección, y retornar cabizbajos al abrigo del café con leche, del pan con mermelada. Luego de las batallas, siempre las cortinas de la madre se mecen con suavidad de arrullo. De ahí hasta la próxima, en esa guerrilla insomne que es crecer y experimentar.
No confundamos, no es un texto “coming of age” para nada. No hay maestros que regañan ni morales que abofetean. Refugio, sí, el ya nombrado, pero fuera de eso la guerra, con consonancia terribles a veces y gratificantes otras. No es libro de niños bien ni cagaleches; Dostoievski, Nietzsche, Lou Reed, Rimbaud y Henry Miller desquiciados. El marqués, Sade, deambula escapado de Charenton para asociarse en la bruma. No letra con sangre; letra de sangre y esperma.
Desperté a las 4 de la mañana. Hasta las 8 había ya releído las trescientas once páginas. Este libro no es nuestro, ya se escapó. Por eso no puede creerse propaganda; sus autores ya no están, murieron, y, si viven, caminarán por nuevas Troyas de humo y alarido.
Queda acomodar el libro en el estante. Sobrecogedor, cómo explicarlo, una conjunción galáctica, un terremoto. Un tornado, mejor, de esos que pasan y dejan nada, solo memoria.

viernes, 24 de julio de 2015

Horacio vivía a pocas cuadras de mi vivienda Ingavi, esquina Bustillos y su voz se hizo popular en la radio potosina. pronto cambió a La Paz y según lo destaca Pedro Shimose ayudó en la fundación de PRESENCIA, el gran diario católico hoy desaparecido. Horacio cubría noticias del Palacio y el Dr. Paz le llegó a tener aprecio, compartían el hobby de la fotografía y se saludaban con gran cordialidad.

Ha muerto un gran periodista, un testigo de la historia boliviana de los últimos 65 años, un amigo potosino nacido en Sucre. Y no es broma; decidió ser potosino porque le dio la real gana y porque sostenía que en esa Villa Imperial, él había ‘nacido’ como ser humano. Allí transcurrieron su infancia y adolescencia. Horacio Alcázar (Sucre, 10.10.1930 – Santa Cruz de la Sierra, 15.07.2015) ha muerto a los 85 años, consciente de haber vivido una época interesante: guerras, revoluciones sociales, guerrillas, Concilio Vaticano II, hazañas aeroespaciales, el fin del colonialismo, la constitución de la Unión Europea, la desintegración de la URSS, la transición de China comunista al capitalismo, las innovaciones tecnológicas, cibernéticas, informáticas y todo lo que vino después y nos cambió la vida. 

Horacio dominó los secretos del periodismo radiofónico, escrito, fotográfico y digital. Contribuyó a fundar diarios (Presencia, en La Paz, y El Mundo, en Santa Cruz) y fundó empresas comerciales (Fotopress, Publipress). Perseguido por la dictadura banzerista, vivió exiliado en Buenos Aires. Amnistiado, volvió a la patria, pero su vida estaba rota. Aceptó su destino con resignación cristiana y reconstruyó su existencia con dignidad y fortaleza. Era un periodista de pura cepa: creativo, culto y entusiasta. Sus grandes virtudes fueron la modestia, la mesura y la discreción. Como jefe, pasaba inadvertido. ¡Jamás abusó ni hizo ostentación de su autoridad! ¡Jamás elevó el tono de voz! ¡Jamás censuró en público a sus subalternos! Cuando nos equivocábamos al escribir una crónica o al titular una noticia o cuando “pisábamos el palito”, al fiarnos de una fuente falsa, Horacio nos tiraba de las orejas mediante notas pinchadas en el tablero de redacción, en una sección titulada La picota del escarnio. En aquel ambiente y una vez cerrada la edición –pasada la medianoche– realizábamos sesiones de autocrítica, entre tragos, chismes y guitarreadas que, a veces, terminaban como el rosario de la aurora. Sin embargo, a las 10 de la mañana, Horacio estaba al pie del cañón: leído nuestro propio diario, examinados los periódicos de la competencia y dispuesto a planificar la nueva jornada. 

Cuando murió abatido por el cáncer, el cielo cruceño estaba encapotado, hacía frío y el surazo arrastraba el lamento de quienes le amaban y respetaban. Ahora que su cuerpo ha descendido al fondo de la tierra, solo cabe rezar una oración en su memoria y recordarlo como un periodista valiente cuando se trataba de defender sus ideales democráticos, siempre unidos a los combates por la libertad. // Madrid, 24.07.2015.

jueves, 16 de julio de 2015

poema que leyó Mariano Baptista en el zepelio de Luis Ramiro Beltrán (Moro Mayor) escrito por Alfonso Gumucio (Moro Menor) como un homenaje al hombre generoso, comprometido, apasionado, alegre y contagioso.

Aire para una tarde de sol

En este mundo pocos respiran.

El aire es con frecuencia violeta
demasiado mezquino y enrarecido.
No lo queremos compartir.
Peleamos por parcelas de aire.
Matamos por parcelas de miedo.

Hacemos como que vivimos,
pero en realidad estamos vegetando a medias
habitantes desorientados
en una construcción de engaños.
Respirar no es solamente inhalar
y expulsar el aire,
sino renovarlo y purificarlo para todos
es un servicio público.



Es lo que hacía a Luis Ramiro especial:
su manera de respirar era ética.
En otras palabras: inspiraba cuando respiraba.

Era un hombre generoso
y comprometido y apasionado y alegre
y contagioso.

Luis Ramiro era peligrosamente contagioso
por su integridad y su aire quijotesco.
Este país sería mejor
con unos cuantos contagiados.

Quiso enseñarnos a ser buenos.
No solamente buenos investigadores,
buenos científicos sociales,
buenos comunicadores y buenos ciudadanos,
sobre todo buenas personas,
dotadas de nobleza, solidaridad y compromiso.

Al Moro mayor del Moro menor,
su discípulo y su amigo.

Moro Gumucio 

sábado, 4 de julio de 2015

de fino sentido del humor, Carlos Antonio Carrasco quién fuera condiscípulo de Vargas Llosa en el La Salle de Cochabamba, se ocupa del nuevo amor del arequipeño y realista y amigable augura al gran escritor una nueva novela de amor.

Lo recuerdo nítidamente, sopando su canuto en el tintero y dibujando en el cuaderno, con sumo cuidado, las palabras que el hermano Lucio pintaba en la pizarra. Prestaba suma atención a la dicción española del fraile, sin poder ocultar sus prominentes incisivos que emanaban de su pequeña boca. Era el único peruano en la clase, y sin que ello sea un complejo se diría que se mostraba, más bien, taciturno, introvertido.
Al año siguiente ya no apareció para continuar el quinto curso de primaria en el Colegio de La Salle de Cochabamba. Empezaba 1946, cuando, durante ese invierno, el populacho paceño colgó de un farol al presidente Gualberto Villarroel. Con contactos esporádicos, seguí su fulgurante carrera literaria, leí una veintena de novelas suyas, comenté algunas de ellas, respondió unas líneas nostálgicas a mi felicitación por el Premio Nobel y a través de la prensa monitoree sus multifacéticas actividades.

Si la reinvención de sí mismo como principal actor de su comedia Los cuentos de la peste fue episodio singular en aquel teatro madrileño, Mario sigue sorprendiéndonos en su quehacer público y por el perfil de su vida privada. Pocos se casan con sus primas hermanas; y menos, muchos menos, con sus tías. Hombre de coraje y tenaz aplomo, últimamente ha confirmado la separación e inminente divorcio de Patricia, con quien había festejado hacía pocos días sus bodas de oro matrimoniales. La causa primordial para ese desfase se llama Isabel Preysler, bella exmodelo filipina de 64 años (que aparenta 63) casada primero con el cantante Julio Iglesias, luego con un marqués hispano, para después quedar viuda hace nueve meses del antiguo ministro de Hacienda español Miguel Boyer.
La noticia sobre este affaire afirma que estando ahora libres los dos, resolvieron fortificar la amistad que los unía desde hace 20 años. Naturalmente ese tórrido romance no es entendido por comentaristas envidiosos de la chance que tiene el novelista peruano al implantar una cálida primavera en el otoño de su vida. Se le critica por dejar a su mujer con la que estuvo casado 50 años, pero si la hubiese abandonado a los 50 días, la admonición hubiese sido mayor. Mario, como canta Julio (su predecesor de alcoba), “por querer ser siempre el primero… se olvidó de vivir”. Escribió en detalle la aventura de sus personajes, imaginando llegar a ser tal vez alguno de ellos, para romper la monotonía de un hogar ordenado, aburrido. Pero lamentablemente la vida “se vive solo un momento”, y a su edad, tanto para nobeles como para núbiles, cada día es valioso y el reloj de la existencia, en cruel cuenta regresiva, se acelera indefectiblemente.
Sería deplorable desperdicio que ese literato de portentosa inventiva se resigne a calzar pantuflas y a jugar con sus nietos, en lugar de dar rienda suelta a su papilla gustativa para saborear la vida con su favorita. Además, ambos son marqueses, amantes de la farándula, ricos, famosos y con buena salud. Ya sea en las residencias que Mario posee en Madrid, en Londres, en París o en Nueva York, será una pareja de celebridades altamente apreciable y halagadoramente frecuentable. Erudito en los misterios de la educación sentimental, Isabel será la musa, algo ajada, de su nueva novela, en la que, entrelazados, cocinarán una bella historia de amor para deleite de sus lectores y envidia de sus detractores.