Páginas vistas en total

miércoles, 24 de agosto de 2016

quien no sonó con la mujer amada al oir el "Poema XX" de Neruda! cómo no recordar a Eduardo Dabura declamándolo en su disco UNO, con el fondo de la Serenata de Schubert! no es al poema, ni al poeta que Claudio Ferrufino se refiere sino ante la dificultad de escribir cuando no hay vocación.

La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos”. El gran Neruda.  El pobre Neruda. O el cabrón Neruda, tantas cosas y la belleza de un verso simple que excede a su autor y que se repetirá en boca de quienes buscan un romance o de los astrólogos que miran cabeza arriba lo insondable de aquellas luces, muchas vivas y muchas muertas. Poco somos ante la magnificencia y sin embargo escribimos.
Cuando a uno le ha ido rondando una idea en la cabeza y logra materializarla en un texto eso equivale a un parimiento. Si el escrito no progresa, carece de interlocutores por una u otra razón, la maternidad (paternidad en mi caso) se transforma en orfandad. Ni quien adopte a un escritor que ve perecer sus letras como otros ven morir sus sueños.
¿De dónde esta digresión? De saber que hay un ultimátum temporal para presentar un escrito y que lo entregado no se aceptó. Ahí el poeta tiene que dar paso al orfebre y tratar de producir una silla que aguante el peso en lugar de alegatos o exabruptos contra vida y personas. ¿Qué nos dice eso en nuestra labor de autores? Que tiene que haber un oficio, que un carpintero no puede caerse y no construir una mesa porque se dobló un clavo. Los obstáculos en la vida de quien escribe sirven para forjar un carácter, para olvidarnos del artista embelesado con su genio y convertirnos en artífices de lo concreto (sin olvidar lo otro), en proletarios de la lengua a quienes no arredran las dificultades ni nadie.
A raíz, la digresión, digo, de un texto rechazado con justificación por la prensa porque ataca a un gobierno que no se anda con minucias, que golpea, da dentelladas y devora. No estamos en Dinamarca para decir lo que, y cómo, se nos antoje. Sin embargo vale. Lo escrito está, no se pierde en un mundo felizmente tecnológico hoy, donde los interlocutores giran en la nube general ávidos de encontrar lo que fuere. Entre ellos, la multitud, los específicos a los que se dirige el texto. La palabra, sobre todo en esta era, más que una bomba de tiempo es una granada. Percutor de un revólver cargado hasta la infinitud. Escribir por ejemplo, decía Neruda, la noche está estrellada. La noche está sangrienta, también, en una América del sur que parece no poder desgajarse de los tiranos. Si otrora fueron derecha, hoy izquierda, y la garantía que tampoco siempre la palabra tiene peso, porque la verborrea trágica de los déspotas de hoy y ayer es como una serpentina de colores, de carnaval, que pierde su tinte al primer sol.
¿Que si estrujo el jugo de la creación para llenar un vacío obligatorio en la página? Tal vez sí. Pero no considero no saber sobre qué quiero escribir cuando el río se ha revuelto. En ese caso hay que escurrirse de los rápidos y esconderse en esas pozas profundas que cavan las cascadas debajo de las piedras. Allí a pesar de lo turbio hay un ambiente de descanso proclive a la creación, no poética sino intelectual al momento.
Volvamos al sentido práctico de los problemas que surgen respecto a la escritura. Es un ejercicio indispensable para el gremio el poder escribir sobre cualquier cosa en cualquier momento. Hablo de algo que tenga sentido, por supuesto, no de la acumulación de palabras con objeto de llenar la cacerola. Tropiezo hoy con una columna rechazada, escrita a sabiendas de que lo sería. No está mal porque pertenece a mi libertad desarrollar aquello en lo que estuve pensando. Pero debo guardar cartas en la manga para no quedarme famélico, hambriento, deshidratado. Ahí aparece el oficio, lo que nos convierte, a los escritores, en labradores y albañiles. No seamos orgullosos, escribir es un trabajo, no una medalla dorada.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Cuando Claudio Ferrufino afirma que su padre era cultor del idioma quéchua, me consta y las veces que le escuché en pleno Club Social debatir acaloradamente (en quéchua) con otros patricios. "hablas como potosino, un quéchua más depurado y sonoro que el cochabambino" me dijo un 14 de septiembre degustando "el ají de gallina" qué recuerdos!

Rod Marsh (Cambridge) hace un análisis interesante de esta novela de Alejo Carpentier. Donde –dice- Rodó y Fernández Retamar se centran en la nación, Carpentier lo hace en la escritura. La pregunta: ¿cómo describiremos esta tierra salvaje con el lenguaje del Otro, del conquistador? Describir la “barbarie” con la lengua del “civilizado” ya que no tenemos otra parece ser la única solución. O callarse.
Cita a Roberto Fernández Retamar en Calibán: “(que) está la confusión, porque numerosos descendientes de comunidades indígenas, africanas, europeas, tenemos, para entendernos, unas pocas lenguas: las de los colonizadores (...) nosotros, los latinoamericanos, seguimos con nuestros idiomas de colonizadores (...) ¿de qué otra manera (podemos) hacerlo sino en una de sus lenguas, que es ya también nuestra lengua, y con tantos de sus instrumentos conceptuales, que también son ya nuestros instrumentos conceptuales?”
Leo una excelente columna de Gonzalo Mendieta Romero (El Día) acerca de la declaración ante una comisión legislativa  de Félix Patzi, gobernador de La Paz, en aymara. Causó revuelo, claro, por existir desde siempre en el país una “discapacidad” (el autor usa el término) idiomática, que se extiende no solo a un analfabetismo oral y escrito de las lenguas “originales” sino al mismo pensamiento boliviano que se desarrolló, a medias y a patadas, hay que decirlo, de espaldas a sus ancestros. El error fatal fue, tema de larguísima discusión el por qué, dejar viva a la población nativa, a diferencia de lo que se ejecutó en Estados Unidos y Argentina, sin que ello fuese tampoco garantía de éxito como se ve. El asunto guarda mayor complejidad de lo que parece; una simple muerte no suele solucionarlo.
Mi padre fue un exquisito del quechua, con un magnífico –e inédito- diccionario trilingüe. Había cierto dejo elitista en él, sin embargo, al diferenciar los “quechuas” según su origen. Hasta en una lengua “menor”, por llamarla sí en comparación a otras, el manejo del lenguaje descubre al personaje, de dónde proviene, quién es y supuestamente qué es. Entonces, como en la cueca, a la que Joaquín diferenciaba entre la “de los señores” y la del “populacho”, existían en Bolivia al menos dos quechuas. Contaba que en los viajes a su destino universitario en Córdoba, en las paradas del tren al sur, había visto a la aristocracia salteña y a su par de Santiago del Estero, en Argentina, hablando una refinada lengua y acullicando coca en la sobremesa en platos de porcelana. Ahí nos encontramos ante un fenómeno que no es contradictorio, que por sobre la identidad “nacional” aglutinada en el idioma está la clase. Poco importa cohesionarse alrededor de una lengua común, ancestral, porque adentro resaltarán de inmediato los matices económicos que determinan al final aquellos de clase. Nos quedamos cortos.
Con Patzi estamos ante una manifestación que aporta el panorama general, no los detalles. A varias décadas de la reforma agraria y la casi desaparición de la casta feudal que gobernó hasta entonces y cuyos descendientes se refugiaron en el melancólico anonimato de las ciudades, podríamos decir que las lenguas indias se han estandarizado entre la población. Vuelvo a otras conflictivas aseveraciones de mi progenitor, de que Bolivia era “país de indios y de aindiados”, pero que incluso dentro de esa en apariencia compacta sociedad regida por tradiciones antiguas, mezcladas con las del conquistador, y vencedoras al fin, había una extrema discriminación. Recuerdo a un académico aymara en Nueva Orleans, murmurando con admiración que la investigadora Silvia Rivera Cusicanqui descendía de los señores aymaras de... No podía esconder la seducción del pongo por el blasón, hacia el chicote, sin cuestionarse.
El límite aceptado de caracteres cae como guillotina. No he dicho nada de lo que quisiera, pero balbuceos valen. Carpentier, entonces, creía en la escritura, la del otro, no importa, y ello lo liberaba. A veces, cuando leo a mis amigos españoles, me siento privado del idioma en los términos que usan y no conozco. ¿Cuánto nos dejó España en lengua? No todo. Ahí cabemos nosotros, y nuestro entorno, para recrearla e inventarla sin olvidar las otras.

viernes, 29 de abril de 2016

si algún poeta boliviano y literato merece ser elevado al altar de la fama y obtener el Nobel, es Armando Soriano Badani, intenso escritor con más de 30 títulos sobre los anaqueles. me enternece cuando se refiere a Gesta Bárbara la pléyade de pensadores bolivianos que encarnó en las letras el alma boliviana. Ivone Juárez Zeballos se refiere a ello.


Ivone Juárez Zeballos

Comienza la década de los años 50 del siglo XX en la ciudad de La Paz, que se ha convertido en la primera urbe de Bolivia. En ella una clase dominante conservadora marca la tendencia del arte y la literatura, que se precia de su gran influencia europea. Los autores nacionales son apenas reconocidos.
 En la terraza del Domec, una confitería ubicada en pleno centro paceño, en la avenida 16 de Julio -hoy conocida como El Prado- un grupo de jóvenes está reunido sosteniendo una efusiva conversación que llama la atención del resto de los clientes. 
Se trata de algunos de los miembros de la segunda generación de Gesta Bárbara, un movimiento de intelectuales, literatos y artistas creado a principios de siglo XX, en Tupiza, Potosí, bajo el liderazgo de Carlos Medinacelli, autor de la emblemática novela boliviana Chaskañawi. El movimiento estaba guiado por el sentido de revalorización de la producción literaria y cultural boliviana. Su fuerza fue tal que llegó hasta La Paz.
En el grupo de jóvenes en la terraza del Domec están Mario Miranda, Julio de la Vega, Gustavo Medinacelli, Óscar Alfaro, José Federico Delós, Jacobo Liberman y Valentín Abecia, que años después serán reconocidos y recordados como los más grandes poetas y escritores de Bolivia. Entre ellos también se encuentra Armando Soriano Badani, un joven de casi 30 años, estudiante de Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés.
La charla del grupo es espontánea y gira en torno a diferentes temas. A momentos de política, en otros de economía, religión... pero el tema ineludible es el cultural y el literario, en lo que están involucrados todos ellos.
No faltan las declamaciones de versos, poemas y sonetos de amor o de exquisita sátira contra la política y sus representantes...
 Armando Soriano ya tiene escrito un libro de poesía: Alba rota, que años después se convertiría en una de sus mayores obras. La concibió en sus años de estudiante.
 Ahora está cultivando la poesía amatoria, ésa de tinte erótico que le fascina. También está escribiendo Escondida entre mis sueños, una novela en primera persona que describe la experiencia de Gesta Bárbara y los acontecimientos que se dan en la carrera de Filosofía, donde él estudia.
Soriano nació en Cochabamba en 1921, pero radica en La Paz desde muy niño. Es el séptimo de los siete hijos de María Badani, viuda de Soriano. Después de salir bachiller, del colegio La Salle, siguió, simultáneamente, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.
A principios de los años 50, concluidas las dos carreras, logró una beca de estudio en París, donde se especializó en seguridad social, pero, al mismo tiempo, siguió cursos de estética e historia del arte.
 Salió de Bolivia con sus amigos Julio de la Vegas y Mario Miranda, con los que compartió esa experiencia de vivir tres años en "esa libertad extraordinaria” de la Ciudad Luz, donde conoció los museos más famosos del mundo y asistió a diferentes eventos culturales de la época, lo que le representa "una fuente nutriente de enriquecimiento espiritual extraordinario”.
A su regreso a Bolivia, junto a Julio de la Vega y Mario Miranda y otros poetas y escritores, llega a formar parte de la segunda generación de Gesta Bárbara. 
Pese a que el principal sentido del movimiento era revalorizar la literatura boliviana, Armando Soriano y sus amigos estaban  muy influenciados e inspirados en escritores de la época, que representan al cubismo literario, una corriente vanguardista que se originó en París alrededor de 1908.

MEDIO SIGLO DESPUÉS 
Hoy, más de medio siglo después, una ola de recuerdos empapa a Armando Soriano, el último de los caballeros de Gesta Bárbara. Verbaliza sus recuerdos  en medio de la euforia que desata la nostalgia. Describe los momentos junto a sus amigos ya fallecidos, evoca los momentos junto a ellos y hasta recita sus poemas con  emoción.
 "Éramos una familia espiritualmente reunida que se tomaba sus pequeñas licencias nocturnales para escribir,  decir poemas y tertuliar como uno de los símbolos más seductores del intercambio de ideas.  Formaron parte de esa familia poetas estupendos que dejaron su obra importante”, evoca.
"Cada quien guardaba su independencia, no sólo de pensamiento y conducta. Todos éramos absolutamente libres, tanto que si bien algunos teníamos nuestras inclinaciones izquierdistas, habían otros con inclinaciones diferentes, pero todos éramos respetados, éramos igual queridos”, añade este hombre casi centenario, dueño de una intacta memoria, una elegante estampa y un trato caballeroso y galante, propio de los caballeros de Gesta Bárbara.
Soriano se detiene en su amigo Gustavo Medinacelli. "Era un personaje con gran fuerza y entereza, con una personalidad medio extravagante. Era un espíritu completamente libre, el líder de todos nosotros, el fundador”, dice.
  Recuerda que Medinacelli siempre solía sorprender. "A veces, cuando teníamos alguna obra en la que tenía que aparecer, no salía al escenario. ¡De pronto aparecía en algún rincón entre el público!, ¡inuscitadamente!, creando una verdadera sorpresa”.  Gustavo Medinacelli fue el primer miembro de la segunda generación de Gesta Bárbara que murió.
En seguida se le viene a la mente José Federico Delós, "un gran poeta crítico de las autocracias militares”. Para evocar su memoria declama uno de sus poemas, Sarjam: -"Qué quereís en la cumbre, las eternas nieves ciegan aquí a las alimañas, lo lobos deben ir a las cavernas, sólo el águila habita las montañas. No os queremos aquí, ir a hundiros en el cero mismo de la nada, abajo, más abajo, no los queremos aquí, ¡sarjam carajo!”-.
También recuerda a Óscar Álfaro "con su poesía política absolutamente aguerrida, pese a ser un poeta absolutamente de espíritu manso y quieto”.
"Era un niño, por eso se convirtió en el poeta de los niños de Bolivia. Tenía un poema que hablaba de él mismo”, dice y comienza a declamarlo: -"Desde adentro, desde el fondo de mí mismo sale corriendo a mi encuentro un niño que soy yo mismo”-.

EXALTADORES de la cultura boliviana


Pero el movimiento Gesta Bárbara no sólo era un espacio en el que este "grupo original de extravagantes” encontraba la motivación para escribir poesía, cuentos, novelas o crítica literaria -afirma Armando Soriano- sino que promovía y organizaba actividades públicas para "mover el ambiente anquilosado de la cultura”.
Cada semana organizaban recitales en el Teatro Municipal,  en el Salón Municipal, de la Cañada Strongest, o en cualquier otro local "de lo más conocido o desconocido”.
En esos espacios los miembros de Gesta leían sus poemas en actuaciones presentadas por Gustavo Medinacelli, "que hacía y decía sus locuras”.
Pero la pluma de los miembros de Gesta Bárbara también alcanzó a los periódicos más destacados de la época. En diarios, como La Razón y Última Hora, eran los encargados de las páginas de cultura, donde escribían críticas sobre la producción cultural en nuestro medio.
"Éramos absolutamente exaltadores y amantes de la literatura boliviana, porque había muchas expresiones un poco falaces, algunos escritores que tenían sus grandes laureles y prestigios, pero eran de una gran modestia creadora. Todo eso nos inducía a tratar de exaltar lo que verdaderamente era una expresión genuina de nuestra cultura”, comenta Armando Soriano.
El autor se regocija al recordar que el grupo llegó a ser estimado por generaciones más antiguas de grandes figuras de la literatura boliviana, como Carlos Medinacelli, Armando Alba y otros grandes escritores.
"Era un estímulo para nosotros. Éramos irreverentes por una rebeldía que nace más de la juventud que de una actitud racional, pero nuestro contacto con esta gente tenía un gran valor en nuestra producción”, expresa.


El GERMEN DE LA POESÍA 


Si Gesta Bárbara fue un estímulo para cada uno de sus miembros,    para Armando Soriano fue el germen que lo convirtió en uno de los mayores conocedores del cuento boliviano  y en un maestro de la poesía amatoria.

En su incursión por el cuento, este barón de  las letras bolivianas se coronó como un especialista, que prácticamente sembró la definición de ese género literario. En 1964 publicó El cuento boliviano, una obra en la que recopiló y analizó todo lo producido hasta entonces por los autores nacionales. 
"Ahí afloran la mayoría de los que comenzaron a escribir sus libros de cuentos”, explica.
Ese exitoso trabajo cruzó las fronteras, porque desde Argentina  le pidieron escribir una antología del cuento boliviano, que fue impresa en 30.000 copias, que llegaron hasta  bibliotecas de Estados Unidos.
En 1989 Soriano escribió su primer cuento, Rumbo de la fatalidad, inspirado en la represión política de la época. Señala que como cuentistas desarrolló el estilo del "desenlace desconcerante que destruye la intriga”.
Y el trabajo de Armando Soriano sigue y suma, porque también escribió sobre autores bolivianos analizando y criticando su obra. Entre esos trabajos destaca Elogio a La Paz, donde se dedicó a revisar el trabajo de los intelectuales y literatos paceños.
En cuanto a Soriano como el maestro de la poseía amatoria, él mismo considera que de sus más de 30 libros y decenas de ensayos,  su obra más exitosa fue la que  escribió hace casi  75 años, pero  que publicó en 1960: Alba rota, un compendio de sus poemas  escritos en el colegio y dedicados a "esos amores que aparecían y desaparecían de repente”.
"Lo publiqué  regañadientes, pero fue muy bien recibido. Es un libro nutrido de sonetos, una de mis inclinaciones porque es una de las formas poéticas más encantadoras, armoniosas y difíciles”, comenta.
Pero  Soriano no sólo cultivó el verso libre, sino la mayoría de las manifestaciones poéticas clásicas que hoy son un gran patrimonio de la poesía boliviana.
Por eso, al referirse al verso de este último caballero de Gesta  Bárbara,  Jacobo Liberman,  su amigo de siempre , ya fallecido, lanzó  una  profecía:   "Soriano, por favor, y no digo nada original, no está para otoños, él es un poeta condenado a escribir un siglo de poesía y su lugar en la lírica boliviana se encumbra a la altura de esta tierra”.

sábado, 12 de marzo de 2016

docente de Literatura en la U. Católica, fue mi maestra por tres años en el Curso de Comunicación Social para periodistas entre 1966 y 69. apegada a su vocación enseñó con entusiasmo y pasión. se mantuvo "toda una vida" entre la creación literaria y la docencia. de las pocas que perseveró en una línea en realidad difícil, si acaso no se posee como Gaby el buen gusto por las letras y la perseverancia en tantos centros de enseñanza. persiste en ello y esta crónica de Los Tiempos, es un reflejo de su sin par dedicación.

Sin lugar a dudas, Gaby Vallejo Canedo es hoy en día uno de los mayores fenómenos dentro del mundo de las letras bolivianas: es ampliamente conocida en Hispanoamérica por sus novelas incisivas, maravillosamente realistas, apasionadas y profundas. 

Ella es capaz de registrar su vida y la de sus contemporáneos con crudeza y arte.

Sus novelas y ensayos presentan un fuerte realismo y una siempre novedosa manera de narrar en cada una de sus novelas. A eso se suma la variedad y profundidad de sus ensayos que la revelan como una estudiosa apasionada del ser humano; lo que hace que su nombre, con justicia, sea considerado uno de los más imponentes de la literatura nacional, por lo cual fue elegida miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua.

Esta cochabambina es mujer de postura combativa e ideas revolucionarias frente a la sociedad y a los criterios machistas fuertemente arraigados. Persona inteligente que siempre lució a través de las letras su disconformidad, porque su capacidad como intelectual y literata es extraordinaria. Tal vez porque para Gaby escribir sea un acto vital que le acompaña desde muy joven, desde el primer dolor de amor en la tierna adolescencia, cuando descubrió el poder liberador y subyugante de la escritura, para después dejar de ser intimista y derivar a otra escritura, aquella que proviene de las provocaciones del mundo exterior, desde los otros.

La escritura se tornó parte importante de su vida, al punto de no poder concebir la existencia fuera del mundo de las letras. Tanto es así que, la académica boliviana utiliza la escritura para clarificar el mundo, tanto el interior como el de afuera, “al intensificar lo invisible, que nos habita en los sentimientos y en las sensaciones”, pues, encuentra en el arte de escribir el cristal que amplifica sus emociones y le permite revelarse como libre pensadora, insubordinada, como mujer rebelde en tiempos caóticos: en nuestros tiempos…

Carrera profesional

La notable novelista, Gaby Vallejo Canedo ostenta una amplia carrera profesional: fue profesora de Literatura y Lenguaje en la Normal Católica de Cochabamba y docente por 18 años en la Universidad Mayor de San Simón; también fue encargada de Bibliotecas Populares y del Centro de Documentación de Literatura Infantil del Centro Patiño de Cochabamba por 16 años y fue organizadora de la campaña de lectura Cochabamba Lee.

Además de ser colaboradora e invitada en el Consejo de Redacción de varias revistas internacionales como: Lectura y Vida (Argentina), CLIJ (España), Revista de Literatura Infantil Juvenil Latinoamericana (Colombia); las italianas Sfoglia Libro y Eleusis; Bookbird IBBY (Inglaterra), las bolivianas Signo, Teluria, Revista del PEN y Signario; Archipiélago (México) y los suplementos de prensa escrita Presencia Literaria, Correo, Pueblo y Cultura y El Duende, entre otros; donde se encuentran numerosos artículos suyos.

Dirigió algunas publicaciones y revistas como: Escritores en Cochabamba el Último Año del Siglo PEN; en Abriendo Puertas de Los Tiempos; Antología de Ensayos PEN-Bolivia; la revista juvenil Chócale; el Taller de Experiencias Pedagógicas Colección Te Regalo un Sueño del Piali; Memorias de los Congresos Nacionales del IBBY (seis números); la revista del Comité Boliviano de Mujeres Escritoras del PEN Teluria; la Revista del PEN- Bolivia y Signario.

Estudios

Gaby es licenciada en Ciencias de la Educación y tiene postgrado en Literatura Hispanoamericana, por el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, Colombia. Hizo una pasantía en Literatura Infantil en Internationale Judengbibliotek de Múnich, Alemania; además de diversos cursos de interculturalidad y bilingüismo en la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba.

Es eximia bibliófila, fomenta la lectura infantil e inculca a través de la lectura los valores y principios éticos y morales que necesitan los infantes. Fue fundadora del Comité de Literatura Infantil-Juvenil de Cochabamba; del Taller de Experiencias Pedagógicas y de la Biblioteca Thuruchapitas. Además, cuenta con una extensa producción de libros para niños.        

Fue expositora, panelista y conferencista en varios congresos internacionales de la International Board o­n Books for Young People (IBBY, Basel, Suiza); de la Asociación Latinoamericana de Lectura (IRA, EEUU); del Programa de Acercamiento a la Literatura Infantil (Piali, México). Fue presidenta por varias gestiones de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Bolivia; presidenta honoraria de la Sociedad Boliviana de Escritores. Además, es integrante del Comité Internacional Nambook (Corea) y miembro como Biblioteca Thuruchapitas de la Fundación Global para la Infancia (EEUU), entre otros.

Inicios literarios

La niña que se conmovía cuando escuchaba los himnos y las canciones escolares, no sabía que se transformaría en el icono más representativo de la literatura de todo un país. En algún momento ella comentó que: “Era como una vibración interior, un descubrimiento de lo que pueden decir las palabras”. Después vinieron las primeras publicaciones en la prensa nacional en 1966. Luego la publicación de las primeras novelas “Los Vulnerables” en 1973, “Hijo de Opa” en 1977; las obras que le lanzaron a la fama, y después siguió una intensa y exitosa producción literaria.

Premios

Gaby Vallejo es una escritora que durante su prolífera carrera ha sido ampliamente galardonada, destacando los siguientes premios: Premio Nacional de Novela Erick Guttentag, 1976. Lista de Honor del IBBY, Oslo 1988, con el libro infantil “Detrás de los sueños”. “Mirlos Blancos”, Internationale Jugend Bibliothek. 

Premio Mircea Eliade. Medalla Dante Alighieri por la Defensa de la Democracia a través de la Literatura (Venecia, 1991). Premio Nacional de Literatura Juvenil, Ministerio de Educación de Bolivia, 1995, por la novela juvenil “Con los ojos cerrados”. En 1989 fue nombrada “Ciudadana Meritoria” por el municipio de Cochabamba. En 2001 recibió el Premio Nacional al Pensamiento y la Cultura de la Fundación La Plata (Sucre, Bolivia). Premio Internacional a la Promoción de Lectura IBBY-ASAHI, Feria Internacional de Libro Infantil, Bolonia, Italia, 2003, compartido con Bibliotecas Hermanas de Carolina del Norte (EEUU). Bandera de Oro del Senado Nacional de la República de Bolivia en enero de 2008. Distinción al Mérito Cultural, Pro Arte, 2010. Medalla Alejo Calatayud entre las 200 personalidades sobresalientes de los 200 años del grito libertario de Cochabamba, septiembre, 2010.

Además, el Instituto Literario y Cultural Hispano (ILCH), con sede en California, EEUU, también le entregó su máxima distinción, el Premio ILCH, por su contribución a la literatura boliviana e hispanoamericana.

Gaby, desde que inició su carrera, estaba predestinada a conquistar a legiones de lectores dentro y fuera de las fronteras de la patria, comprobando que su literatura tiene tinte de universalidad; además de convertirse en una de las voces más poderosas de las mujeres hispanohablantes, ya que su eco está predestinado a alcanzar a generaciones futuras que tendrán que guiar una mirada más atenta y crítica hacia la realidad desencantada y sorprendente que hoy nos rodea.

Como escritora fecunda muchas de sus obras han sido transferidas a otros géneros, por ejemplo: al ballet, al teatro, a títeres y al cine; como la emblemática novela “Hijo de Opa”, llevada al cine por Paolo Agazzi y Ukamau con el título de “Los Hermanos Cartagena”, que ha logrado posicionarse en la cultura boliviana como un ícono. Para mí es una novela monumental en la que ingresan la historia, la psicología, la sociología y el ensayo; además, se detiene en la muerte y en las diferentes facetas de la vida. Retracta muy bien los dolores y los miedos en un país en dictadura militar. Ampliamente divulgada, “Hijo de Opa” fue traducida al inglés. Es importante notar que Gaby fue coguionista de “Los Hermanos Cartagena”.

Esta escritora y singular intelectual posee gran pericia narrativa, capaz de expresar la idiosincrasia latinoamericana con enorme sensibilidad social y con refinada capacidad de transmitir atmósferas y emociones, que plasma con un lenguaje directo y lineal, sin complicaciones literarias y sin alejarse de lo estético; dotando su obra de singular belleza, enalteciendo así el arte de escribir.

Escribió las novelas: Los vulnerables (1973); Hijo de Opa (1977); Juvenal Nina (1981); Mi primo es mi papá (1989); La sierpe empieza en la cola (1991); Con los ojos cerrados (1993); Encuentra tu ángel y tu demonio (1998), Amalia desde el espejo del Tiempo (2012). Publicó los cuentos: Detrás de los sueños (1987); Sí o no. Así de fácil (1992); Amor de colibrí (1995); Del placer y la muerte (2007).

Sus principales investigaciones y ensayos son: “En Busca de los Nuestros”; “Los Juegos, el Rostro Lúdico de las Culturas”; Manual del Promotor de Lectura”; “Leer, un Placer Escondido”; “Lectura Silenciosa Sostenida, Programa de estimulación a la Lectura”; “La Comida y Bebida Indígenas en Cochabamba”; “De Toros y Rosas. Imágenes del Sexismo en Libros para Niños” y “Papeles de Viaje”.

Su escritura

La escritura corpórea y poderosa a lo largo de toda su vida, la acomodan en un lugar sin parangón en la pléyade de escritores bolivianos de todos los tiempos. Gaby se preocupa por la supervivencia de la sociedad latinoamericana contemporánea y deja amplia constancia de ello, al testimoniar las tragedias de un país que comparte el mismo esquema de abusos frente a los derechos humanos, la guerrilla urbana, la injusticia social, entre otras desventuras, con cualquiera de nuestros países latinoamericanos.

Situada en una encrucijada histórica y cultural de la sociedad latinoamericana, su innovación consiste en plantear “inquisiciones”, para decirlo borgianamente, evitando aspectos fieramente dogmáticos o imposiciones ideológicas. Es ese ojo de la autora que observa al caos y testifica a través de su pluma las contradicciones de nuestra época.

Al desnudarse de la falsa moral, Gaby enfoca la sexualidad con la misma pericia con que analiza la guerrilla urbana, con el mismo estilo límpido y directo, capaz de lucir su inteligencia y su sensibilidad sin falso brillo ni lujo exterior; denotando una autenticidad tan de raíz que es incompatible con el medio. Es otra dimensión la que la identifica. Sus novelas, normalmente, recuperan múltiples vidas e inquietan el espíritu, hacen pensar y vinculan con algo superior, fino y excelso.

Para esa gran intelectual y humanista que la realidad hiere muy duramente, la propia vida justifica o explica una obra de arte trabajada siempre con temas de interés internacional: guerrilla urbana, dictaduras, sexualidad universal, discriminación e injusticia. En suma, es un lujo de escritora sin sombra de dudas, en su obra nada sabe a poco, y tiene la capacidad de llegar rápidamente al lector y atraparlo. Por todo lo expuesto, y por lo que no dijeron mis palabras sobre la calidad de persona entrañable que es Gaby Vallejo Canedo, la considero la papisa de la literatura boliviana.

(*) La autora es escritora.
mar_bara@yahoo.es

LOS TIEMPOS

viernes, 26 de febrero de 2016

Shimose se refiere a la autora de "Matar a un Ruisenor" de Nelle Harper Lee estadounidense de gran talento que con solo el libro nombrado se convirtió en famosa y amasó una fortuna que le permitía una vida sin sobresaltos. admirable biografía. el libro se hizo película con el mismo nombre interpretada por Gregory Peck

En la historia de la literatura ocurren fenómenos extraños. Escritores como Nelle Harper Lee (Monroeville, Alabama, 28.04.1926 – idem, 19.02.2016) pasan a la posteridad por un solo libro: Matar a un ruiseñor (1960). Harper Lee acaba de morir plácidamente, ciega y sorda, a los 89 años, en una residencia de ancianos de su pueblo natal. Después de recibir el premio literario más importante de EEUU (Pulitzer 1961), Lee vivió en Monroeville, alejada del mundanal ruido y liberada de toda preocupación económica. Percibía tres millones de dólares anuales por sus derechos de autora ¡por un solo libro! Vendió 45 millones de ejemplares, llegando a acumular una fortuna calculada en 30 millones de dólares (eso sucede en países serios como EEUU, donde se respetan y estimulan el talento y el esfuerzo individuales, y se cumplen las leyes a rajatabla). No concedió entrevistas y vivió ajena a la figuración social. En 2007 rompió su aislamiento y viajó a Washington D.C. para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad que le entregó el presidente George W. Bush.

Estudió leyes sin llegar a graduarse, dejó Monroeville en 1949 y se instaló en Nueva York, donde por el día trabajaba como recepcionista en una compañía aérea y por la noche escribía. La editorial que publicó Matar a un ruiseñor, rechazó su versión original y le pidió que la reescribiera. Sin pretenderlo, Harper Lee creó un arquetipo: el abogado Atticus Finch, símbolo de la lucha contra el racismo y la intolerancia social, y valiente defensor de los derechos humanos, encarnado en el cine por Gregory Peck (Óscar 1962 al mejor actor). La novelista declaró que había creado su personaje a imagen y semejanza de su padre, el abogado Amasa Coleman Lee. Su novela es un milagro literario porque trasciende la literatura para niños, el costumbrismo y el color local. Su estilo es una sabia asimilación de Mark Twain, Faulkner y Truman Capote. 
Traducido y editado en Argentina, el libro circuló en La Paz sin llegar a impresionarnos. En cambio, la película, dirigida por Robert Mulligan y adaptada al cine por el guionista Horton Foote, nos impactó e incitó a releer la novela de indudables méritos literarios. De todos modos, debo decirlo, el filme engrandeció la fama de la novela, con un Gregory Peck imponente en el papel de Atticus Finch. 

El año pasado se publicó la segunda novela de Harper Lee: Go set a watchman (Ve y pon un centinela). Aunque las ventas han sido exitosas (dos millones de ejemplares vendidos hasta hoy), los críticos no acaban de justificar su publicación. // 26.02.2016.

sábado, 13 de febrero de 2016

Rubén Darío grande entre los grandes poetas de la humanidad, "noobtuvo el Nobel porquelos suecos no lo conocían", asegura Pedro Shimose quién escribe cuando se cumplen 100 años de la muerte del mayor nicaraguense de todos los tiempos. la Radio y TV de España le ha dedicado sentidos homenajes.

Hace seis días, recordamos el centenario de la muerte de Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 18.01.1867 – León, Nicaragua, 06.02.1916), celebérrimo poeta de Iberoamérica, tan famoso como Martí, Borges, Neruda y Octavio Paz, y tan importante como los menos famosos Ricardo Jaimes Freyre, Leopoldo Lugones, Vicente Huidobro y César Vallejo, por ejemplo. Si el jurado del Premio Nobel –estrenado en 1901 con el poeta francés Sully Pruddhomme– hubiese tenido mejor información sobre las letras en lengua española, no le habría otorgado el premio de 1904 al economista, político y dramaturgo español José Echegaray, sino al poeta, periodista y diplomático nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío. Entre los años 1888, fecha de publicación de Azul, y 1905, cuando publica Cantos de vida y esperanza, Darío era ya, sin discusión, el poeta más innovador e influyente de la literatura en español, pero los suecos no se enteraron.

Darío era el poeta de los grandes silencios y las hondas melancolías, con unas manos tan bellas “que él creía de marqués, en su esnobismo plebeyo, y que eran más bien las de un obispo cortesano”, al decir de Vargas Vila, que también le encuentra “una extraña semejanza física” con Beethoven. Según el autor colombiano, Darío vivía con decoro, con dignidad, de sus artículos publicados en La Nación, de Buenos Aires. “Darío no fue nunca –dice Vargas Vila, que lo conoció y trató en sus días de gloria y decadencia– el bohemio profesional que muchos se gozan en pintar; era serio, era meditativo, era honesto; (…) si hubiera sido adinerado, habría sido el más espléndido de los anfitriones; amaba los ricos manjares y (como Rossini, Dumas padre, el español Álvaro Cunqueiro y el cubano Gastón Baquero, añado yo) gozaba en preparar algunos con sus propias manos, alardeando de sus conocimientos en el arte de Brillat-Savarin”.
Parco en palabras, “sabía escuchar, defendía a sus amigos y no hablaba mal de nadie, ni aun de aquellos que le habían hecho mayor mal”. Su paso por la diplomacia, representando primero a Colombia y a su país, después, fue esporádico y problemático. En realidad, fueron hechos fortuitos. Hay una foto muy conocida de Darío, vestido de librea y entorchados del uniforme diplomático, pero ese, el de la foto, no era él. Darío disfrutaba del mundo y sus placeres, pero más disfrutaba de su inmensa soledad, a pesar de estar rodeado de una corte de aduladores que no le dejaban vivir. Sus debilidades fueron el alcohol, las mujeres y el terror de saberse mortal. Su frase recurrente: “Tengo sed”. Murió a los 49 años, dejando una obra imperecedera. // Madrid, 12.02.2016

viernes, 5 de febrero de 2016

Pedro asume su opinión al menos en 6 asuntos de la noticia. asume con picardía, su verbo es crítico, pero también satírico y sin dejar de llegar al núcleo del asunto, no abandona el humor.

¿Cómo no me va a encantar, después de 10 años de felicidad plurinacional y seis horas de discurso evista? Estoy chocho de la buena vida y del buen vivir, con estos referéndums del Puede que Sí o Puede que No que me producen escozores.

** En la etapa precarnavalera, el vicepresidente Álvaro García Linera se disfrazó de indio y viajó a Porco (Potosí) a inaugurar una escuela. Allí arengó a los escolares a que “si alguien, de aquí a cinco, a diez años, quiere venir a quitar el petróleo, la electricidad, pónganse sus cartuchos de dinamita (sic) y vayan a botarlos a patadas” (El Día, 01.02.15). Ojalá que los chicos porqueños no se tomen en serio las bromas de don Álvaro y no se conviertan en yihadistas plurinacionales. ¿Y el Gobierno se proclama pacifista?

** Desde hace días se viene discutiendo la cuestión de la libreta de servicio militar del vicepresidente García Linera. Discusión inútil. A los discutidores se les olvidó que don Álvaro tenía su propia libreta de servicio militar en otro ejército: el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). 

** El Tribunal Electoral Supremo ha demostrado que no es tan supremo. A pesar de haber dictaminado que el presidente no puede usar los actos de entrega de obras públicas como propaganda partidista a favor del Sí en el referéndum del 21 de febrero, el ‘presi’ sigue metiéndole nomás. Don Evo quiere batir su propio récord constitucional modificatorio cambiando el cambio que haya que cambiar para seguir cambiando, según Cantinflas. 

** En la provincia Sud Yungas, departamento de La Paz, se levanta un prodigio de la ingeniería autóctona. Se proyectó un puente que debería acortar el camino que va a Chulumani, pero los cálculos de ingeniería fallaron porque el puente no va a ninguna parte. El puente será declarado patrimonio cultural de la humanidad despistada. (El Día, 30.01.2016).

** Un fiscal de La Paz fue pillado en un club nocturno que no tiene los papeles en regla y en un estado algo embarazoso. Esto ocurrió en el Café con piernas, situado en El Alto de La Paz. El interfecto alegó inocencia porque, según él, fue abducido por unas alienígenas locas que han invadido Bolivia. (La Razón, 30.01.16). // Madrid, 05.02.2016.