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viernes, 17 de mayo de 2013

Pedro Shimose toca las fibras románticas que todos los nacidos en los primeros cincuenta del siglo pasado hemos guardado en un sitio reservado del espíritu. Pedro honra a César Portillo de la Luz, autor entre otros del inolvidable bolero Contigo en la Distancia, cada frase lacera el corazón y el efluvio memorioso brota a raudales


Pocos saben que el autor del bolero Contigo en la distancia es el músico cubano César Portillo de la Luz. (No existe un momento del día / en que pueda apartarte de mí, / el mundo parece distinto / cuando no estás junto a mí). Hoy escribo esta columna porque César (La Habana, 31.10.1922 – idem, 04.05.2013) ha muerto, cuando muchos creíamos que hacía tiempo se había ido al más allá, a sembrar tabaco para siempre.
El notable poeta, ensayista y periodista cubano Gastón Baquero (1918-1997) –exiliado en Madrid hasta su muerte– me pidió, más de una vez, que rectificara el dato de la procedencia de este invento musical. En mi ignorancia, yo creía que la cuna del bolero era México, pero no. El bolero nació en Cuba y de allí viajó a México, donde echó raíces y dio origen a una generación excepcional de compositores y cantantes melódicos. En los años 20 y 30 reinaron el tango, la rumba, la conga, la guaracha y el danzón cubano, exportados en discos de 78 revoluciones; en los 40 y 50 fueron la radio y el cine los medios que impusieron el bolero y la canción ranchera. Como hablamos del bolero, uno de los más populares fue Contigo en la distancia. (No hay bella melodía / en que no surjas tú, / ni yo quiero escucharla / cuando me faltas tú).
En aquel tiempo, los caribeños estaban divididos entre ‘sonistas’ (partidarios del son cubano que preguntaban de dónde eran los cantantes) y boleristas que remozaron el bolero añadiéndole ‘filin’ (del inglés ‘feeling’, sentimiento). Crearon un bolero más urbano e intimista, más complejo y más rico en elementos armónicos y melódicos propios del jazz. Entre los inventores del ‘filin’ se hallaba un guitarrista pobre, pintor de brocha gorda que, a los 24 años, había compuesto Contigo en la distancia. (Es que te has convertido / en parte de mi alma / ya nada me conforma / si no estás tú también).
Como Wifredo Lam –prodigioso pintor cubano– este músico mestizo descendía de criollos, indios taínos e inmigrantes chinos. Estrenado en México (1946), Contigo en la distancia formó parte del repertorio de todos los grandes cantantes melódicos y las más conocidas orquestas del mundo, incluida la Orquesta Sinfónica de Londres. (Más allá de tus labios, / el sol y las estrellas, / contigo en la distancia, / amada mía, estoy). Portillo de la Luz compuso alrededor de 300 canciones, pero ninguna gozó de la popularidad de Contigo en la distancia, nadie sabe por qué. El autor murió, a los 90 años, sin descifrar este misterio. // Madrid, 17.05.2013

martes, 30 de abril de 2013

Jesús Urzagasti murió de repente. su ausencia de las letras es sentida por las virtudes que exhibió en vida. junto a Juan Quiroz de Presencia profundizó en las letras y produjo prosa y poesía no tan conocida como reclama su ilustra memoria. LTD (subeditorial)


Si un concepto puede definir a Jesús Urzagasti es que siempre buscó la esencia. No sólo en la novela y la poesía, sino también en la vida cotidiana y, fundamentalmente, en el periodismo, con el que estuvo relacionado desde que joven, recién llegado a la sede de gobierno desde su amado Chaco, ingresó en el periódico Presencia.
Solitario participante en los más célebres lugares de tertulia, Jesús mostraba en la vida una formidable y consecuente actitud de humildad que sólo puede ser apreciada en los espíritus amplios y que no fue modificada por el éxito, por más serio que éste fuera. Generoso con los más, alentaba a sus pares y a quienes venían tras él a ingresar provistos de pacíficas armas en el duro y complejo proceso de la creación literaria. Como expresión de esa posición, también fue un leal, pero contundente crítico, que siempre se refirió a la esencia del objeto a interpelar sin personalizar el análisis.
Y en el periodismo, hizo suyo el lema del periódico en el que trabajó la mayor parte de su vida: la búsqueda de la verdad. Era riguroso en la cobertura de las noticia y en la elaboración  de las notas, y en el campo de la opinión, siempre mostró una actitud plural de respeto a la diferencia. Tenía un estilo directo, era un fiel enemigo de la retórica y un conocedor e investigador del idioma al que, seguramente, muy pocas veces se le escapó un gazapo.
El sábado en la madrugada falleció Jesús Urzagasti, dejando, probablemente, muchas páginas inéditas que, esperemos, sus familiares nos harán conocer.
Paz en su tumba.

viernes, 26 de abril de 2013

Pablo Cingolani tiene alma de poeta, será por eso que Claudio Ferrufino nos invita a deleitarnos esta pintura de la Luna Rio Abajo de La Paz...delicioso


Hoy es la primera noche de luna llena en temporada seca, la primera luna llena del invierno en los Andes. Es una noche tan clara, tan transparente, que no sólo deleita y embriaga, sino que embruja, te sacude y te hace sentir absolutamente vivo.

De día, el cielo estaba tan diáfano, tan cargado de intensidad ultravioleta, tan denso, tan espeso, que podías cortarlo en rebanadas para comértelo, para que te llene de fuerza. Ahora, la noche es al revés: es tan liviana que semeja una alfombra mágica que puede deslizarte hacia dónde quieras, música de sirenas desconocidas, el velo ausente de lo que aún no has visto, aún no has tocado, aún no lo sabes, pero lo sueñas: tal cual, la noche, ahora, es eso: la posibilidad de todo sueño, que cualquier sueño se cumpla, por soñarlo nomás.

Fui al almacén a comprar unas vituallas y fue ahí, mientas caminaba, yendo y viniendo, cuando advertí toda la potencia expresiva de la luna, de esta luna que escribo. Estaba tan cerca, que podía tocarla. Estaba tan cerca, que podía establecer de manera exacta dónde se estaba alzando. Y ahora lo anoto: la luna, esta primera luna, estaba dispuesta de manera vertical y directa sobre la quebrada del río Huacallani, ni más ni menos.


Lo que siento, no es una comprobación geográfica –menos de GPS y esas vainas que desorientan-, es una verificación propia, de mis ojos, de mi alma, que la vieron así. La luna estaba justamente encima de la quebrada y porqué afirmo esto es un muy pero muy sencillo: el cerro de adelante, estaba en sombras, pintado de un azul tan oscuro que atemorizaba; el cerro de atrás de la quebrada resplandecía, bañado por los rayos selenitas, estaba vivo de tanta luz, te llamaba, te estremecía.

Y yo fui. Me dejé llamar, me dejé llevar. Y como dije: la noche era tan sutil, tan etérea y transparente, que no me costó nada elevarme y dirigirme -¿volando? ¿Soñando? ¿Quién sabe?- hacia la quebrada que tanto amo, allí donde siempre voy a honrar a los muertos, a todos los muertos, porque allí está la madre de todas las vertientes y de todas las aguas, allí es donde se conjugan la vida con el más allá, más hoy que la luna caía en picada iluminada, más hoy que toda la belleza del mundo se concentraba en ese tajo entre los cerros.

Vivir entre montañas te procura tantas visiones extraordinarias que la única manera de compartirlas es invitarte a que las vivas vos mismo. Puedo escribir que del fondo de la quebrada, aparecieron –como si fueran de plata- los guerrilleros que amparaba la Simona, todos altivos, todos dispuestos; puedo escribir que se oyó un eco de otras geologías, la carcajada de un ángel o de un arriero o de la arena o las confesiones de un cactus ebrio: puedo escribir que no hay nada más bello que caminar las montañas una noche de luna llena y eso, tal vez, quizás, me lo creas.

Aunque, diré, no se trata de creer, sino de sentir. Sucede que vos estás allí, donde me lees, y yo estoy aquí, entre las montañas, y el silencio, donde escribo. Sucede que tal vez la palabra sirva para eso: para evocar y alentar aquello que está más allá de lo posible y de lo verificable. Tal vez, esa sea la magia. Tal vez, eso sea confiar. Tal vez, uno nunca sepa por qué lo hace, pero escribe igual, tratando de que toda la serenidad de la luna, toda esa perfección insustituible, no se escape de tus dedos, pueda conectar, decir algo, algo que no sea redundante, algo que te permita, tal vez, soñar.

Soñar: la luna que vi alzarse sobre Río Abajo, sobre la quebrada de Huacallani, era una catapulta de sueños al resto del universo. Sentía que toda la energía del mundo estaba situada allí, marcada, señalada, tatuada sobre los azules de las montañas que se alejaban, se acercaban, se estremecían, se acariciaban, se distanciaban, se mezclaban, callaban, gritaban, brillantes, silenciosas, invictas.

Hoy es la primera noche de luna llena en temporada seca, la primera luna llena del invierno en los Andes. Hoy, esa luna, es fundacional, es virginal, es propiciatoria. Mi canto es, por ello, tan irremediable como la belleza que me brindó.

Luna de esperanza y victoria. Luna de la quebrada del Huacallani. Nuestra luna, la de acá nomás, la luna de Río Abajo, la que escribo.

Proclamo: derecho a tu propia luna; derecho a tus sueños, a todos los que vos quieras tener, a todos los que nadie te podrá quitar jamás.

Sólo si alzas el rostro, y despojado y audaz, la ves a Ella, a la Madre de Todas las Intensidades y de Todos las Intenciones, a la Diosa Blanca. Está allá afuera y te está esperando.

Río Abajo, 25 de abril de 2013

miércoles, 10 de abril de 2013

Giancarla Quiroga diestra en el uso de los adjetivos, explaya su estilo al presentar la serie de textos de Alfonso Gumucio titulada CRUENTOS. Giancarla nos entusiasma en la lectura del boliviano ilustre tan amplio, tan versátil, tan completo


La escritora Giancarla de Quiroga fue la primera lectora de Cruentos que escribió un comentario sobre el libro. La reseña, transcrita a continuación, se publicó en la revista boliviana Nueva Crónica y Buen Gobierno (Nº 120, marzo 2013).

Femme couchée, de Luis Zilveti
Cruentos (La Paz, Plural 2012) de Alfonso Gumucio Dagron ofrece cuentos, relatos y microcuentos inspirados en una serie de temáticas realistas o fantásticas que muestran la versatilidad del autor, desde relatos mineros, de represión política, violencia, sueños, ensueños, fantasías, humor negro, hasta cuentos de literatura fantástica, erótica y un relato escrito a cuatro manos con Carlos D. Mesa, Descenso, que combina la preocupación futbolística, casi obsesiva, con la evocación de un golpe de estado inscrito en la historia boliviana. Además de su mérito literario, este libro tiene el valor agregado de presentar hermosos dibujos de Luis Zilveti, dando como resultado una feliz combinación: el placer de la lectura con el goce estético visual.

El hecho que Alfonso Gumucio, alias el Moro, además de cuentista – o “cuentólogo”, como definía Julio de la Vega a los “militantes” de este género- sea poeta, comunicador y cineasta, contribuye a forjar historias bien urdidas, bien tramadas y un estilo impregnado de todos las vetas de los diferentes oficios: desde la narración objetiva y realista de la crónica periodística, hasta “tomas” de imágenes propias del cine; o relatos poéticos inscritos en una atmósfera fantasmal, nebulosa y lunar, bajo el silencio de las estrellas, donde por momentos se confunden sueño y vigilia.

No todos los cuentos son cruentos, tal como lo sugiere el título con una “R” roja, ni todos los cuentos son tales, ya que algunos responden más al género del relato- según algunos críticos existen matices que diferencian el relatar y el contar, pero ése es otro cuento…

Un recurso que utiliza con frecuencia el narrador es el tratamiento del lenguaje de los objetos, como enAbarca o en La subida. Los microcuentos, algunos con una capacidad de síntesis plasmada en pocas líneas, están muy bien logrados. El que —en mi opinión— se lleva la flor es Portal, capaz de arrancar una sonrisa en 17 palabras. La hermosa ilustración de Zilveti convierte al artista prácticamente en coautor. A modo de citar algunos microcuentos menciono a Cianuro —de humor negro—, El camino —de denso dramatismo— y El espejo.

El crítico uruguayo Nicasio Perera San Martín enSemiología de los géneros narrativos (1983:52) sostiene que las características principales del cuento son: la brevedad, la ambientación en un lapso de horas o días y la tensión que se resuelve en el final sorpresivo, en un desenlace impactante. Coincide con este criterio Enrique Anderson Imbert que en su Teoría y técnica del cuento (1979) afirma que la trama del cuento debe “construir tensiones y distensiones graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector” (1979:52), tal como lo logra, magistralmente, Gumucio en el cuento eróticoManual del violador y en Chez papá.

En el capítulo titulado Desenlace sorpresivo, Anderson Imbert se refiere al final ambigüo, abierto, o al cuento aparentemente inconcluso. En muchos cuentos el Moro utiliza este recurso: el final que no narra, no lo dice todo, sugiere. A través del poder de la alusión el primer cuento del libro, El asalto, alude al ritual que precede a la muerte del protagonista. Otros cuentos tienen un final intencionalmente ambigüo, que exige la lectura participativa, una suerte de complicidad entre autor y lector, comoSecuestro.

Varios relatos atrapan al lector narrando sucesos y situaciones verosímiles o fantásticas, sin que la falta de un final sorpresivo les reste interés, entre ellos destaca Rally Dakar-París que se inscribe en el género de la literatura erótica junto con la pregunta: ¿realidad o fantasía?

Al analizar los cuentos Edgar Allan Poe sostenía que lo importante es que podían leerse “de una sola sentada”, lo que alude no sólo a la brevedad y el tiempo que demanda el acto de leerlos, sino principalmente, al interés que despierta su lectura.  

Ricardo Piglia -citado por Gabriela Ovando, fuente no identificada- afirma que el cuento actual siempre cuenta dos historias: una clara y abierta, otra cifrada y secreta, como si fueran una sola. La historia secreta se construye con lo no dicho, con lo sobreentendido, con la alusión sutil, y éste es el desafío que plantean los Cruentos de Alfonso Gumucio. 

viernes, 29 de marzo de 2013

lo de Pedro Shimoso debió ir en el blog Nuestro Norte la Iglesia, sin embargo por su contenido semántico el texto queda bien aquí cuando nos habla de Ignacio, Francisco y la Iglesia


La palabra ‘papa’ viene del egipcio antiguo y significa ‘padre’. La otra ‘papa’, viene del quechua. Al vicario de Cristo lo llamábamos ‘santo padre’ o ‘su santidad’, pero el papa Francisco prefiere que lo llamemos ‘hermano’. El jesuita Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 17.12.1936) es un papa que sabe latín, pero habla español e italiano con acento porteño.
Por aquí se dice, en tono humorístico, que el papa es “argentino, pero humilde” y “jesuita, pero franciscano”. Tano (hijo de inmigrantes del norte de Italia), tanguero, fumador, cinéfilo, hincha del club de fútbol San Lorenzo de Almagro, matero, lector de Hölderlin, Dostoievski y Leopoldo Marechal (escritor argentino contemporáneo de Mallea, Borges y Arlt), y admirador del pintor ruso Chagall y del cineasta danés Gabriel Axel (El festín de Babette, su película favorita).
Dada la escasa cultura religiosa de nuestro tiempo, la mayoría de los periodistas tienden a confundir la manteca con la mantequilla. Por eso juzgan al Vaticano como si se tratara de una República corriente y moliente. El papa se apresuró en señalar que la Iglesia, siendo una institución humana e histórica, “no tiene una naturaleza política, sino esencialmente espiritual”. Siendo así, tampoco renuncia a su magisterio en problemas temporales ni está exenta de caer en el pecado que ella misma condena y combate… y perdona y pide perdón.
San Francisco de Asís guía los pasos del nuevo papa (“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”), pero en el fondo está Ignacio de Loyola (“Nunca olvidemos que el verdadero poder es servicio”) con su solidez intelectual y su método introspectivo de una fe austera, firme, en una época desquiciada, de abusos, despilfarro y confusión. El papa Francisco seguirá leyendo, con un ojo, el Libro de los ejercicios espirituales, del fundador de la Orden de los jesuitas, y con el otro, el Cántico del sol (“¡Seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza!”), del ‘poverello’ que rechazaba privilegios, santificaba la pobreza, dialogaba con los astros, bendecía la creación, cantaba con las alondras y amansaba las fieras. Uno, humilde y misericordioso; el otro, severo y exigente.
Al nuevo papa le esperan los informes secretos encargados por Benedicto XVI, la revisión de las cuentas vaticanas, la reforma de la curia y la evangelización de un mundo desalmado. ¡Menudo desafío!

viernes, 15 de marzo de 2013

aunque el tema es político y es histórico "Chávez no será embalsamado" Pedro Shimose merece ser leído siempre.


La muerte de Hugo Chávez (Sabaneta de Barinas, 28.07.1954 - Caracas, 05.03.2013) es un enigma. No sabemos dónde ni cuándo murió. Aceptemos, por lo tanto, los datos oficiales. Tampoco importa saber si su cadáver estaba en el ataúd llevado en andas por las calles de Caracas. Lo cierto es que, según últimas noticias, Hugo Chávez ya no será momificado. Menos mal, porque hace tres años y pico, Chávez criticó –en su programa televisivo Aló, Presidente– una exposición científica exhibida en Venezuela con cuerpos humanos embalsamados. Dijo, entonces: “Esto es [el] símbolo de la inmensa podredumbre en la que está [sumida] la sociedad…Estamos en presencia de algo macabro. La gente paga para ver un cadáver”.
Chávez es un mito nacido en la tradición del golpismo militar latinoamericano (1992) e incubado en la crisis institucional venezolana (1979-1993). Elegido presidente constitucional (1998), sobrevivió a un golpe de Estado fallido (2002) y afianzó su poder gracias a la bonanza petrolera de 2004 y al apoyo político y estratégico de Cuba y del movimiento internacional antiestadounidense, no precisamente socialista.
En clave venezolana, el descrédito de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez (1988-1993), el fracaso del modelo democrático bipartidista y los excesos de una oligarquía indiferente a la miseria de la población marginal, explican el triunfo del ‘chavismo’, un movimiento social heterogéneo, de confusa ideología y proclamas demagógicas que conectaron con el pueblo llano de los ‘rancheríos’. Su oratoria torrencial, mitinera, gesticulante, soez y bravucona consolidó su liderato. Chávez encarnó la política como espectáculo. “Mussolini tropical” lo llamó Carlos Fuentes.
Para llevar a la práctica el llamado ‘socialismo del siglo XXI’, Hugo Chávez aplicó un programa de asistencias sociales, privilegios y subsidios que funcionó mientras el caudillo vivía y los negocios eran prósperos. Ahora, el difunto le deja a su ‘heredero’ una Pdvsa en horas bajas de producción, una moneda devaluada, una inflación preocupante, una ingente deuda pública, una creciente inseguridad ciudadana y una corrupción incontrolable. Si pasamos por alto el proceso anticonstitucional de la sucesión, es probable que Nicolás Maduro sea el próximo presidente de Venezuela. Pero Maduro no es Chávez, ni la Venezuela de hoy es la de 2004. // Madrid, 15.03.2013

domingo, 24 de febrero de 2013

cien años de Javier del Granado. poeta, de alma sensible y soñadora, hombre de trato afable y gran conversador, nos distinguió con su amistad


Previus: lo visité algunas veces tanto en su hogar de Cala Cala como en su pequeño negocio de venta de detergentes y otros, siempre lleno de bondad, insistía en que este editor actuara de Maestro de Ceremonias en los solemnes actos en que recibió los íkonos de la poesía, el laurel de oro y sendas condecoraciones de Manila y de Madrid. su verbo destilaba poesía, el verso métrico en que fue maestro inspirado y tierno. organizó los juegos florales en varias ocasiones y coronó a su vez a otros poetas que se inspiraban en su trabajo persistente, laborioso, interminable. Loor a don Javierito, cuya vena poética heredó Marlene Fernández que supo interpretar con arte, algunos de sus poemas. La familia debería continuar en su empeño de perpetuar su memoria porque quién podría poner en duda, esa cualidad inconfundible y única de escribir poesía. Mauricio Aira
“Laureado poeta”, “eximio sonetista” y “cantor del valle”, son algunos de los calificativos que ha recibido el poeta cochabambino Javier del Granado, de quien este 27 de febrero de 2013 se recuerda los 100 años de su nacimiento.
Javier del Granado recibe de Barrientos un premio
Con el aún vigente debate sobre el real peso literario de este autor a la historia de la poesía boliviana, sus méritos como sonetista que ensalza la naturaleza, su pasión por la historia nacional y su capacidad de versificar hechos importantes, son indiscutibles.
Del Granado nació en Cochabamba el 27 de febrero de 1913 y falleció en 1996. Realizó sus estudios básicos en esta ciudad. Casi toda su juventud la pasó en su propiedad agraria de Colpa, Arani. Presidió la Sociedad de Escritores y Artistas de 1947 a 1954.
Fue también miembro de la Academia Boliviana de la Lengua y en su larga carrera poética recibió una gran cantidad de premios y condecoraciones por su trabajo. Sus poemarios son tan abundantes como los galardones recibidos.
Adolfo Cáceres Romero, novelista e historiador de la literatura boliviana, recordó que las paredes de la oficina de Del Granado no alcanzaban para acoger sus diplomas y galardones. “Le gustaba mucho lucirlos a la juventud y a todos los que lo visitaban”.
Para Alfonso Gamarra Durana, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua y estudioso de la obra de Del Granado, este bardo fue un verdadero nacionalista y bolivianista. “Tiene el mérito de narrar la historia de Bolivia a través de la poesía. Ha escrito poemas épicos de gran soltura y emoción”, dijo.
La poesía de Del Granado, según Gamarra, es bucólica, paisajística y campestre. En tanto, Romero la califica como tradicionalista, “no es del gusto de la juventud. Es una poesía descriptiva. Muy diferente a la que, por ejemplo, emergió en ese tiempo de otros poetas bolivianos como Jaime Saenz.
Algunas distinciones que recibió Del Granado fueron el Laurel de Oro y la Banda del Gay Saber, hasta 1950, siendo galardonado con el título de Maestro del Gay Saber.
“Eran premios auspiciados por gobiernos, por damas que hacían labor social, clubes del libro, Club de Leones y allí acudían determinados grupos de escritores, no era para todos”, dijo Romero.
Sobre el trabajo de Del Grabado, Gamarra aseguró que el poeta cochabambino escribía con una fluidez enorme. Que exaltó lo bello de las comunidades indígenas; escribió contras las influencias negativas del mundo moderno sobre el campo e influyó en muchos poetas de la época.
Destacó que el poeta se dedicaba 100 por ciento a la poesía. “Daba la impresión de que en su mente estaba la poesía. Estaba reflexionando siempre en poesía. Cualquier cosa que leía quería transformar en poesía. Tuvo una forma especial de querer transformar los mitos del país y a tomar el patriotismo como una forma elocuente de mostrar lo boliviano”.
Para Romero, la poesía de Del Granado tiende a ser extremadamente descriptiva. No es una poesía que cuestiona a la sociedad. Canta a la naturaleza, canta al amor, a los valores propios de la región. Es un poeta que destaca el suelo natal. “Hay otros que han sobresalido y han tenido mucha más influencia que Del Granado”.
Y sigue Romero, “Del Granado es un poeta conservador que tiene su público. Es un poeta de reflexión serena. Su mérito está en haber mostrado valores del país a través de su participación en certámenes”.
Para Gamarra, una virtud destacable de Del Granado es su manejo impecable del arte poético. “El soneto es un género que requiere de una precisión matemática. La rima va en cada número determinado de versos. Los acentos, invariablemente, tienen cierto lugar en cada verso”.
Para Gamarra, el sonetista tiene que ser breve pero preciso. “Del Granado no solamente escribe matemáticamente, sino que aporta tanta belleza que no se puede dejar de leer sus sonetos”.
POESÍA CONSERVADORA Y CUESTIONADORA

En un análisis que el historiador de la literatura boliviana Adolfo Cáceres Romero hace del trabajo poético de Javier del Granado, dijo que el poeta cochabambino fue un conservador de las tradiciones clásicas y no trascendió. “No tiene una resonancia como otros poetas de su tiempo”.
Otro elemento que destaca Romero de la vida de Del Granado es que a éste le gustaba mostrar premios y distinciones, tenía una banda, una corona y medallas que las lucía en toda ocasión. “A mucha gente no le gustaba porque parecía que era ostentoso, era una forma de mostrar lo que uno había hecho, tenía su valor e importancia y ha sido muy criticado en ese sentido. Sin embargo, su situación es comprensible porque fue un poeta que ha trabajado en ello”. Entre las pasiones de Javier del Granado estaban la tierra y la naturaleza, y las plasmó en su poesía. Pero hay otra poesía que cuestiona valores sociales y es ésta la que ha marcado una tendencia predominante, finalizó Romero.

“Tiene el mérito de narrar la historia de Bolivia a través de la poesía. Ha escrito poemas épicos de gran soltura y emoción” 
Alfonso Gamarra, Académico