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lunes, 18 de mayo de 2015

himno, oración, odas por las enfermeras todas, aunque Gastón Cornejo "viejo cirujano" ha conocido tantas y tan meritorias que su texto adquiere dimensión histórica. Bien Gastón merecido homenaje al brazo derecho de los médicos "las abnegadas enfermeras"

Envuelta en el sayal piadoso de la misión fraterna, con tu erguida apostura de alba majestad ornada. Serena, imperturbable, meditativa, tierna, acudes presurosa allá donde el dolor lacera la esperanza. Elegida vestal de los mortales, predestinada de la albura en que la fe palpita; conoces la miseria que en silencio conspira, la angustia que yugula, el horror que calcina. Oblación de ternura, corola entumecida de pétalos floridos, cifra de amor que la humana gratitud consagra, humilde flor de arroyo. Dr. Federico Rivas Torrico. Bioquímico.

Ahora, mi homenaje personal como viejo cirujano que conoció, comprendió y admiró la distinguida profesión de enfermería, la más útil, benefactora y antigua consagración de servicio al ser humano sufriente. “Enfermera, noble apostolado, femineidad consagrada al alivio del dolor que estalla en llanto. Manos pródigas que acarician y generan serenidad y paz a pesar del sufrimiento; cual las manos de Cristo redivivo posadas con ternura en el soma que ya abisma su horizonte, por milagro inmediato, retornan la sanidad y la armonía homeostática. Replicada Madre Teresa de Calcuta, sin edad ni tiempo, en tu labor de ángel, restañas también las heridas sempiternas del espíritu. Profesional de Enfermería del tiempo posmoderno; a tu dulzura de mujer consagrada al servicio del prójimo, agregas sabiduría científica. Observas los eventos sucedidos en la interioridad de las entrañas, las ondas de energía que emergen del corazón, las solemnes del fuelle pulmonar, las del ritmo digestivo, la profundidad metabólica de las raíces orgánicas y las vísceras ocultas que trabajan silenciosas en urdimbre, conectadas siempre en favor de la vida. Enfermera, delicado ser que auxilia sin umbrales de fatiga, experta en la eficacia de la activa terapéutica; inyectas, movilizas, transportas, cooperas, proporcionas substratos; con rápida mirada de signos y de síntomas traduces la clínica objetiva, profetizas procesos, y cual nauta en bajel de vanguardia previenes riesgos, fomentas bienestar y condensas alegría en el alma de quienes requieren tu concurso. En tu diaria jornada, privilegias la bioética, suprema consigna insumida en tu conciencia, la portas cual presea, cuidadosa y digna. Tu compromiso no admite el peligro de un contagio, y sin reparo de riesgos, sin protesta alguna, a veces caes inmolada portando la bandera de la vida. En tu homenaje, la mejor salutación sensible es evocar la presencia intemporal y sagrada de todas las enfermeras pioneras que antecedieron las actuales de la salud obreras; significando el respeto que merecen todas y cada una de las multiplicadas heroínas. Al hacerlo, rescato con amor el recuerdo de Mirna Salinas caída en la trinchera, y pido la bendición de Dios para el ángel tutelar de la salud, para todas las enfermeras de la Patria. Cuántas heroínas conocí en mi larga profesión de cirujano: la Rda. Virginia Arnone del Pabellón en el viejo hospital Viedma; la Rda. Justina, encargada del quirófano en el hospital Setton; la Rda. Elyzabeth del Maryknoll atendiendo altruista a los pobres en Condebamba; la Madre Caroline Mayer, de Chile, ahora deCochabamba; la Madre Fulvia del Pio X; la Madre Estefanía que alimentaba a los pobres en sus visitas nocturnas; la enfermera Alejandrina Candia en cirugía mujeres 1º. Y enfermeras científicas, por miles. Yo privilegio con amor a mi enfermera esposa. Todas bondadosas y de enorme valor existencial e inolvidables. Honor y afecto a todas ellas en el Día consagrado a la Enfermera.