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martes, 30 de abril de 2013

Jesús Urzagasti murió de repente. su ausencia de las letras es sentida por las virtudes que exhibió en vida. junto a Juan Quiroz de Presencia profundizó en las letras y produjo prosa y poesía no tan conocida como reclama su ilustra memoria. LTD (subeditorial)


Si un concepto puede definir a Jesús Urzagasti es que siempre buscó la esencia. No sólo en la novela y la poesía, sino también en la vida cotidiana y, fundamentalmente, en el periodismo, con el que estuvo relacionado desde que joven, recién llegado a la sede de gobierno desde su amado Chaco, ingresó en el periódico Presencia.
Solitario participante en los más célebres lugares de tertulia, Jesús mostraba en la vida una formidable y consecuente actitud de humildad que sólo puede ser apreciada en los espíritus amplios y que no fue modificada por el éxito, por más serio que éste fuera. Generoso con los más, alentaba a sus pares y a quienes venían tras él a ingresar provistos de pacíficas armas en el duro y complejo proceso de la creación literaria. Como expresión de esa posición, también fue un leal, pero contundente crítico, que siempre se refirió a la esencia del objeto a interpelar sin personalizar el análisis.
Y en el periodismo, hizo suyo el lema del periódico en el que trabajó la mayor parte de su vida: la búsqueda de la verdad. Era riguroso en la cobertura de las noticia y en la elaboración  de las notas, y en el campo de la opinión, siempre mostró una actitud plural de respeto a la diferencia. Tenía un estilo directo, era un fiel enemigo de la retórica y un conocedor e investigador del idioma al que, seguramente, muy pocas veces se le escapó un gazapo.
El sábado en la madrugada falleció Jesús Urzagasti, dejando, probablemente, muchas páginas inéditas que, esperemos, sus familiares nos harán conocer.
Paz en su tumba.

viernes, 26 de abril de 2013

Pablo Cingolani tiene alma de poeta, será por eso que Claudio Ferrufino nos invita a deleitarnos esta pintura de la Luna Rio Abajo de La Paz...delicioso


Hoy es la primera noche de luna llena en temporada seca, la primera luna llena del invierno en los Andes. Es una noche tan clara, tan transparente, que no sólo deleita y embriaga, sino que embruja, te sacude y te hace sentir absolutamente vivo.

De día, el cielo estaba tan diáfano, tan cargado de intensidad ultravioleta, tan denso, tan espeso, que podías cortarlo en rebanadas para comértelo, para que te llene de fuerza. Ahora, la noche es al revés: es tan liviana que semeja una alfombra mágica que puede deslizarte hacia dónde quieras, música de sirenas desconocidas, el velo ausente de lo que aún no has visto, aún no has tocado, aún no lo sabes, pero lo sueñas: tal cual, la noche, ahora, es eso: la posibilidad de todo sueño, que cualquier sueño se cumpla, por soñarlo nomás.

Fui al almacén a comprar unas vituallas y fue ahí, mientas caminaba, yendo y viniendo, cuando advertí toda la potencia expresiva de la luna, de esta luna que escribo. Estaba tan cerca, que podía tocarla. Estaba tan cerca, que podía establecer de manera exacta dónde se estaba alzando. Y ahora lo anoto: la luna, esta primera luna, estaba dispuesta de manera vertical y directa sobre la quebrada del río Huacallani, ni más ni menos.


Lo que siento, no es una comprobación geográfica –menos de GPS y esas vainas que desorientan-, es una verificación propia, de mis ojos, de mi alma, que la vieron así. La luna estaba justamente encima de la quebrada y porqué afirmo esto es un muy pero muy sencillo: el cerro de adelante, estaba en sombras, pintado de un azul tan oscuro que atemorizaba; el cerro de atrás de la quebrada resplandecía, bañado por los rayos selenitas, estaba vivo de tanta luz, te llamaba, te estremecía.

Y yo fui. Me dejé llamar, me dejé llevar. Y como dije: la noche era tan sutil, tan etérea y transparente, que no me costó nada elevarme y dirigirme -¿volando? ¿Soñando? ¿Quién sabe?- hacia la quebrada que tanto amo, allí donde siempre voy a honrar a los muertos, a todos los muertos, porque allí está la madre de todas las vertientes y de todas las aguas, allí es donde se conjugan la vida con el más allá, más hoy que la luna caía en picada iluminada, más hoy que toda la belleza del mundo se concentraba en ese tajo entre los cerros.

Vivir entre montañas te procura tantas visiones extraordinarias que la única manera de compartirlas es invitarte a que las vivas vos mismo. Puedo escribir que del fondo de la quebrada, aparecieron –como si fueran de plata- los guerrilleros que amparaba la Simona, todos altivos, todos dispuestos; puedo escribir que se oyó un eco de otras geologías, la carcajada de un ángel o de un arriero o de la arena o las confesiones de un cactus ebrio: puedo escribir que no hay nada más bello que caminar las montañas una noche de luna llena y eso, tal vez, quizás, me lo creas.

Aunque, diré, no se trata de creer, sino de sentir. Sucede que vos estás allí, donde me lees, y yo estoy aquí, entre las montañas, y el silencio, donde escribo. Sucede que tal vez la palabra sirva para eso: para evocar y alentar aquello que está más allá de lo posible y de lo verificable. Tal vez, esa sea la magia. Tal vez, eso sea confiar. Tal vez, uno nunca sepa por qué lo hace, pero escribe igual, tratando de que toda la serenidad de la luna, toda esa perfección insustituible, no se escape de tus dedos, pueda conectar, decir algo, algo que no sea redundante, algo que te permita, tal vez, soñar.

Soñar: la luna que vi alzarse sobre Río Abajo, sobre la quebrada de Huacallani, era una catapulta de sueños al resto del universo. Sentía que toda la energía del mundo estaba situada allí, marcada, señalada, tatuada sobre los azules de las montañas que se alejaban, se acercaban, se estremecían, se acariciaban, se distanciaban, se mezclaban, callaban, gritaban, brillantes, silenciosas, invictas.

Hoy es la primera noche de luna llena en temporada seca, la primera luna llena del invierno en los Andes. Hoy, esa luna, es fundacional, es virginal, es propiciatoria. Mi canto es, por ello, tan irremediable como la belleza que me brindó.

Luna de esperanza y victoria. Luna de la quebrada del Huacallani. Nuestra luna, la de acá nomás, la luna de Río Abajo, la que escribo.

Proclamo: derecho a tu propia luna; derecho a tus sueños, a todos los que vos quieras tener, a todos los que nadie te podrá quitar jamás.

Sólo si alzas el rostro, y despojado y audaz, la ves a Ella, a la Madre de Todas las Intensidades y de Todos las Intenciones, a la Diosa Blanca. Está allá afuera y te está esperando.

Río Abajo, 25 de abril de 2013

miércoles, 10 de abril de 2013

Giancarla Quiroga diestra en el uso de los adjetivos, explaya su estilo al presentar la serie de textos de Alfonso Gumucio titulada CRUENTOS. Giancarla nos entusiasma en la lectura del boliviano ilustre tan amplio, tan versátil, tan completo


La escritora Giancarla de Quiroga fue la primera lectora de Cruentos que escribió un comentario sobre el libro. La reseña, transcrita a continuación, se publicó en la revista boliviana Nueva Crónica y Buen Gobierno (Nº 120, marzo 2013).

Femme couchée, de Luis Zilveti
Cruentos (La Paz, Plural 2012) de Alfonso Gumucio Dagron ofrece cuentos, relatos y microcuentos inspirados en una serie de temáticas realistas o fantásticas que muestran la versatilidad del autor, desde relatos mineros, de represión política, violencia, sueños, ensueños, fantasías, humor negro, hasta cuentos de literatura fantástica, erótica y un relato escrito a cuatro manos con Carlos D. Mesa, Descenso, que combina la preocupación futbolística, casi obsesiva, con la evocación de un golpe de estado inscrito en la historia boliviana. Además de su mérito literario, este libro tiene el valor agregado de presentar hermosos dibujos de Luis Zilveti, dando como resultado una feliz combinación: el placer de la lectura con el goce estético visual.

El hecho que Alfonso Gumucio, alias el Moro, además de cuentista – o “cuentólogo”, como definía Julio de la Vega a los “militantes” de este género- sea poeta, comunicador y cineasta, contribuye a forjar historias bien urdidas, bien tramadas y un estilo impregnado de todos las vetas de los diferentes oficios: desde la narración objetiva y realista de la crónica periodística, hasta “tomas” de imágenes propias del cine; o relatos poéticos inscritos en una atmósfera fantasmal, nebulosa y lunar, bajo el silencio de las estrellas, donde por momentos se confunden sueño y vigilia.

No todos los cuentos son cruentos, tal como lo sugiere el título con una “R” roja, ni todos los cuentos son tales, ya que algunos responden más al género del relato- según algunos críticos existen matices que diferencian el relatar y el contar, pero ése es otro cuento…

Un recurso que utiliza con frecuencia el narrador es el tratamiento del lenguaje de los objetos, como enAbarca o en La subida. Los microcuentos, algunos con una capacidad de síntesis plasmada en pocas líneas, están muy bien logrados. El que —en mi opinión— se lleva la flor es Portal, capaz de arrancar una sonrisa en 17 palabras. La hermosa ilustración de Zilveti convierte al artista prácticamente en coautor. A modo de citar algunos microcuentos menciono a Cianuro —de humor negro—, El camino —de denso dramatismo— y El espejo.

El crítico uruguayo Nicasio Perera San Martín enSemiología de los géneros narrativos (1983:52) sostiene que las características principales del cuento son: la brevedad, la ambientación en un lapso de horas o días y la tensión que se resuelve en el final sorpresivo, en un desenlace impactante. Coincide con este criterio Enrique Anderson Imbert que en su Teoría y técnica del cuento (1979) afirma que la trama del cuento debe “construir tensiones y distensiones graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector” (1979:52), tal como lo logra, magistralmente, Gumucio en el cuento eróticoManual del violador y en Chez papá.

En el capítulo titulado Desenlace sorpresivo, Anderson Imbert se refiere al final ambigüo, abierto, o al cuento aparentemente inconcluso. En muchos cuentos el Moro utiliza este recurso: el final que no narra, no lo dice todo, sugiere. A través del poder de la alusión el primer cuento del libro, El asalto, alude al ritual que precede a la muerte del protagonista. Otros cuentos tienen un final intencionalmente ambigüo, que exige la lectura participativa, una suerte de complicidad entre autor y lector, comoSecuestro.

Varios relatos atrapan al lector narrando sucesos y situaciones verosímiles o fantásticas, sin que la falta de un final sorpresivo les reste interés, entre ellos destaca Rally Dakar-París que se inscribe en el género de la literatura erótica junto con la pregunta: ¿realidad o fantasía?

Al analizar los cuentos Edgar Allan Poe sostenía que lo importante es que podían leerse “de una sola sentada”, lo que alude no sólo a la brevedad y el tiempo que demanda el acto de leerlos, sino principalmente, al interés que despierta su lectura.  

Ricardo Piglia -citado por Gabriela Ovando, fuente no identificada- afirma que el cuento actual siempre cuenta dos historias: una clara y abierta, otra cifrada y secreta, como si fueran una sola. La historia secreta se construye con lo no dicho, con lo sobreentendido, con la alusión sutil, y éste es el desafío que plantean los Cruentos de Alfonso Gumucio.