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viernes, 2 de agosto de 2013

Pedro Shimose
Confesión en Rio

(humor y mofa mezclados en un sabroso texto que el poeta hace público en varios medios

Ave María Purísima.  – Sin pecado concebida. – De haber pecado me acuso, santo padre del sindicato católico.  – ¿Cuánto tiempo hace que no te confesás, ovejita descarriada?
– Desde hace 500 años, santo padre. 
– ¿De qué te acusás, hijo mío?
– De haber intervenido militarmente las oficinas de Petrobras, como si en guerra contra Brasil estuviéramos. Ahora sé que no era necesario.
– ¿Y, entonces, por qué lo hiciste?
– ¿Por qué va a ser, tatita? Para impresionar a los cambas.
– Pero lo que conseguiste fue humillar a la presidenta de Brasil, que pedía diálogo.
– Verdad es nomás, tatita. Cuando ella llegó a la Presidencia ni me invitó al acto de posesión.
– Pero ahora te ha invitado a la JMJ del sindicato católico.
– Sí, pero no quiso salir conmigo en las fotos, juntitos. Siempre en segundo plano; siempre detrás de la Cristinita. Eso es discriminación, santo padre. 
– ¿Y lo volverías a hacer?
– ¿Qué cosa, tatita? No se oye.
– Digo que si volverías a ocupar militarmente las oficinas de Petrobras.
– ¡Cómo, pues! A no ser que me pillara en campaña electoral. Entonces, le metería, nomás.
– ¿No tenés nada más que contarme? 
– A unos hinchas brasileños metí presos también y tres aviones militares brasileños requisé, con ministro incluido.
– Mal hecho, hijo mío. ¿Y de qué otros pecados te acusás?
– De negarle la visa al senador Pinto, asilado en la embajada de Brasil, en La Paz.
– ¿Y por qué no se la das?
– Porque al presidente indio nadie le da órdenes.
– No seás soberbio, hijo mío. La soberbia es el peor de los pecados.
– Es que los ‘llunkus’ no me dejan ser humilde. Eres el “hombre providencial”, me dicen y yo les hago caso. Hasta “eres el mesías de las 36 naciones”, me dicen. ¿Qué debo hacer, santo padre?
– Yo no soy el santo padre.
– ¿Y entonces, con quién me estoy confesando?
– Con Dilma Rousseff, meu filho. // Madrid, 02.08.2013.