la poesía es una bella expresión de la literatura. los versos poseén la magia de trasmitir pensamientos, sensaciones, emociones diversas, son fáciles de aprender y el lenguaje del espíritu cultivado
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martes, 6 de julio de 2010
Las Clases Sociales
Lara comienza reconociendo que los cronistas no tenían idea de una clasificación de la sociedad que estaban conociendo, que el jejruita Juan de Velasco intentó en su "Historia del reino de Quito" elaborar una escala: los gremiales y los burócratas, la plebe o gente común, los artesanos, fundidores, plateros, lapidarios, tejedores, arquitectos, canteros. El tercer grupo lo formaban los orejones, preeminentes que gozaban de honores hereditarios y ejercían cargos de importancia y confianza, el cuarto lo formaban los kurakakuna (curacas) que gobernaban los territorios conquistados. el último grupo era de los descendientes de los soberanos, de la casta solar.
El estudioso formado en la escuela marxista no admite como totalmente posible la clasificación del jesuita, más bien remarca que los agricultores eran también artesanos, aunque termina por reconocer que existieron al menos tres grupos sociales: la dominante que formaba la nobleza, la dominada que era el pueblo, la tercera también dominada pero diferente de la segunda.
La dominante integrada por la nobleza real, llamada inka, la de privilegio llamada tambien inka y la kuraka, que descubre como nobleza adoptiva. La numerosa parentela del inka, la generación de los caciques que se incorporaron sin resistencia con sus provincias al imperio, a los que Manku Qhápaj Inka otorgó los mismos privilegios que a la nobleza incluso el denominarse inkas, la tercera dentro del primer grupo era los kurakunas o sea funcionarios dotados de dignidad y prerrogativas. En la nobleza los de la rama solar, legítima sin mezcla y la bastarda que descendía de los monarcas con sus concubinas de sangre no real.
A los fines de este artículo la sangre asumiría extraordinaria importancia. Los hijos del Inka y la köya no podían mezclar su sangre con la otros sectores. el Sapan Auki debía casarse con la mayor de sus hermanas de padre y madre y sus hermanos con mujeres descendientes de otros soberanos de línea pura. El propio Manku Khápaj Inka fundó la panaka una institución de linaje real. La nobleza era sucesible, la heredaban todos los hijos. Las hijas bastardas de los monarcas que excepcionalmente eran concedidas como esposas o concubinas a los próceres de la nobleza kuraka perdían su dignidad inka y no la podían ya trasmitir a sus hijos. La mujer noble de adopción, esposa o concubina de algún vasallo común esclarecido, perdía asímismo su nobleza y sus hijos pasaban a ser simples plebeyos.
Cada sector de la nobleza se hallaba perfectamente delimitado y no se mezclaba con los otros mediante uniones legítimas. Sin embargo presentaban un conjunto que coordinaba las tareas de administración. La clase dominante se asignaba muchos privilegios. Los dignatarios y los jefes militares recibían del inca un número determinado de servidores (una especie de esclavos sirvientes) que recibían tierra (un tupu) y ganado. "No pesaba sobre los amos el sostenimiento de la servidumbre".
Los hombres de la nobleza tenían derecho a la posesión de concubinas, algunos de ellos llegaron a tener hasta 50, cada una llegaba al Inka con su propia porción de tierra de modo de no afectar la economía del Señor.
La segunda clase estaba formada por la gran masa del pueblo. El vasallo era conocido como "jatunruna" hombre grande, cabal, juicioso. No le faltaba vivienda ni comida, lo mismo que su familia. El cultivo de la tierra estaba a su cargo. Tributaba y el jatunruna tenía derecho a dos mujeres, eso sí no podía acudir a las "yachaywasi" casa del saber, que pertenecían a los nobles solamente, que con saber "el oficio de sus padres, les bastase". En la guerra no podía dirigir grandes grupo, estaba destinado a ser "el héroe anónimo". Sin haber conocido el hambre ni la miseria el jatunruna servía mejor que ninguno a la causa del Inka, sin ser semejante ni al Inka ni al Kuraka.
En la historia moderna, cuando se nos hace créer tantos cuentos, no cuesta mucho identificar a los "jatunrunas" de la sociedad actual, ni a los "kurakas" que están tan cerca del trono del Inka-Evo con sus estrechos seguidores que sí gozan de todos los privilegios, las gangas y sortilegios sin ser "inkas" ni pertenecer a la nobleza. lo que sí es cierto que sus privilegios no durarán más tiempo del de su jefe o peor aún hasta cuando gozen de su confianza siempre cambiante.
sábado, 22 de mayo de 2010
"el pimpollo" no era otro que Luis José León Estévez yerno del dictador Trujillo sobre quién Vargas Llosa nos cuenta
MADRID.-Hace unos días, en el piso A3.1 de un edificio que hace esquina entre la avenida Francisco Prats Ramírez y la calle Núñez de Cáceres del barrio residencial El Millón, de Santo Domingo, República Dominicana, se encontró muerto a un octogenario llamado Luis José León Estévez, que, según testimonio de los vecinos, vivía solo como un hongo y nunca recibía visitas. A todas luces, había puesto fin a su vida por su propia mano, descerrajándose un disparo en la cabeza. La pistola Colt, calibre 45, estaba junto al cadáver, que yacía de espaldas en una cama simple en la que, para entrar en la muerte con más comodidad, el suicida había colocado dos almohadones bajo su espalda. Antes de tumbarse, se había quitado los zapatos. En el cuarto había, además, varias maletas hechas, un teléfono, un televisor y un novenario.
Con él desaparece un personaje que fue muy famoso, en el peor sentido que puede tener esta expresión, en los años 50 del siglo pasado, durante la llamada Era de Trujillo, esos treinta y un años (1930-1961) en los que el Generalísimo Rafael Trujillo Molina, Jefe Máximo y Benefactor y Padre de la Patria Nueva, fue el amo y señor ?un verdadero dios? de la República Dominicana. León Estévez era entonces oficial de la Fuerza Aérea, íntimo amigo y compañero de francachelas, correrías y orgías del hijo mayor del dictador, Ramfis Trujillo, del que sería también asesor y cuñado, pues tuvo la suerte de casarse, en 1958, con Angelita, la hija mimada de Trujillo. A ésta se la proclamó reina en el más fastuoso acontecimiento de la era, la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, con que, en el año 1955, se celebraron los 25 años del Generalísimo en el poder.
Cerca de setenta millones de dólares costaron los miliunanochescos festejos en los que participaron las coristas del Lido de París, la orquesta de Xavier Cugat y delegaciones de 42 países "libres" del mundo, muchos presidentes, entre ellos el brasileño Juscelino Kubitschek, y dignatarios internacionales, como el cardenal Spellman, de Nueva York. El vestido de Su Graciosa Majestad Angelita I, confeccionado por dos célebres modistas romanas, era de gasa, encaje y cuarenta y cinco metros de armiño ruso. Su toga era idéntica a la que llevó la reina Isabel de Inglaterra en su coronación.
Angelita Trujillo está todavía viva, en Miami, donde, desde que se volvió una born-again christian, suele cantar himnos bíblicos en las iglesias evangélicas. Ultimamente ha publicado unas memorias en las que muestra una frialdad polar para con su primer esposo, León Estévez, incluso en un tema delicado que debió de ser materia de los primeros conflictos en el matrimonio. La inverificable leyenda dice que Angelita se había prendado de un joven oficial, el teniente Jean Awad Canaán, quien murió por esa época en un oportuno accidente. La familia de éste no creyó nunca que aquella muerte hubiera sido casual y acusó siempre al marido de Angelita de haberla provocado, por celos. En estos días, con motivo del suicidio de León Estévez, la hija de aquel teniente, Pilar Awad Báez, ha resucitado aquellas acusaciones.
Gracias a su matrimonio y su amistad con Ramfis, León Estévez hizo una carrera meteórica. Fue nombrado director de la academia militar Batalla de las Carreras a los 23 años, y muy poco después ascendido a teniente coronel.
Pero la fama de entonces no se debía a sus méritos profesionales, sino a su elegancia y apostura. Aunque su seudónimo era "Pechito", la gente común y corriente, y sobre todo las muchachas, lo llamaba "Pimpollo", es decir, guapo, galano y gentil.
En las fotos aparece siempre vestido de manera impecable e imitando el atuendo y las coqueterías de Ramfis, los anteojos oscuros Ray Ban, el bigotito recortado a la manera de los astros del cine mexicano, como Arturo de Córdova, los zapatos brillando como espejos y la sonrisita de triunfador.
En los años 90, cuando yo investigaba sobre los tiempos de Trujillo, el nombre del teniente coronel Luis José León Estévez se me aparecía por doquier en los testimonios escritos y orales. Casi todos ellos coincidían en señalarlo como uno de los más crueles y feroces torturadores y asesinos de aquellos años terribles, sobre todo en los seis meses que siguieron a la muerte del dictador, cuando Ramfis Trujillo, al frente de las Fuerzas Armadas (Balaguer era el presidente nominal) desencadenó una vertiginosa represión en venganza por el asesinato de su padre, en que cientos de dominicanos fueron torturados y asesinados por todo el país. Es seguro que Pechito estuvo en la hacienda María, de Ramfis, el día que seis de los ajusticiadores del tirano fueron arrebatados a la Justicia, secuestrados por militares y llevados allí para que Ramfis y sus compinches, con vasos de whisky en las manos, los mataran a balazos.
Por participar en este crimen, Pechito Estévez fue condenado en contumacia a treinta años de cárcel, en febrero de 1965. Pero no cumplió un solo día tras las rejas, porque ya vivía en el exilio y, en 1977, por prescripción de la pena, pudo volver a Santo Domingo, donde se convirtió en un próspero empresario.
En el exilio se había separado de su mujer a la que acusó de haber "secuestrado" a sus tres hijos?, contraído una nueva unión con una señora acomodada y experimentado una conversión a una forma afiebrada y extrema del catolicismo. Se lo decía miembro de una organización integrista, tal vez el Opus Dei.
Yo visité la iglesita donde el Pimpollo oía misa todas las mañanas y pasaba el copón de las limosnas. Aparentemente estaba ya desencantado de la política, pues, en la cena que me organizó el simpático Kalil Haché, antiguo secretario de Trujillo, para que pudiera conversar con los trujillistas sobrevivientes y fieles a la memoria del tirano ?la más inolvidable de todas las cenas a la que me ha tocado asistir el teniente coronel no se hizo presente. Sólo le interesaban entonces la religión y los negocios.
Después de muchas gestiones e intermediarios, aceptó recibirme en su despacho. Había dejado de ser un adonis hacía tiempo, pero conservaba la pulcritud en el vestir. Era un hombre frío, desconfiado, y no ocultaba su veneración a la memoria de Trujillo. En un momento dado, me dijo que había conversado con una mujer humilde a la que el Jefe le había besado los pies porque ella, en la cama, le dijo que los tenía muy fríos. "Ya ve usted, en contra de lo que se dice, era un hombre compasivo", concluyó.
Le recordé que casi todos los dominicanos que habían sido torturados en la época de Trujillo en la cárcel La Cuarenta y sentados en la famosa Silla Eléctrica para recibir descargas que les quemaran el cuerpo aseguraban que él siempre estaba allí, presenciando el horror, y muchas veces participando en él con su inseparable fusta de jinete, con la que le gustaba azotar a las víctimas. Añadí que, sin ir muy lejos, mi amigo José Israel Coello, que me acababa de dejar en la puerta de su despacho, había sido una de ellas, y que todavía le quedaba en el cuerpo algún rastro de las cicatrices de los fustazos que le infligió mientras, amarrado en la silla, recibía descargas eléctricas.
Estuvo mirándome un buen rato en silencio, mientras palidecía. Pensé que iba a echarme de su oficina o agredirme. Pero se limitó a murmurar, con un gesto de disgusto: "Si quiere que le diga la verdad, no me acuerdo de ese episodio". Su respuesta me produjo un escalofrío. Probablemente era cierto, lo habría hecho tantas veces y con tantos que ya no quedaban caras y nombres concretos de los martirizados en su memoria.
Ahora veo en los diarios de Santo Domingo que algunos de los disidentes antitrujillistas que sobrevivieron a las torturas de La Cuarenta, como la doctora Asela Morel, que estuvo allí presa con las hermanas Mirabal, han recordado las siniestras hazañas que perpetraba Pechito Estévez, en 1961, en aquellos calabozos inmundos, oscuros, llenos de humo, sangre, injurias y dolor, en una época en que, casi por doquier en América latina, las dictaduras perpetraban monstruosidades parecidas.
Los jóvenes dominicanos de nuestros días deben oír hablar de todo aquello como de algo prehistórico. Por fortuna, su país ha dejado atrás y cada día se aleja más de semejante barbarie. Es uno de los países latinoamericanos donde la democracia ha arraigado mejor y donde unas políticas sensatas han traído progreso económico e institucional considerable. Desde luego que hay mucha pobreza todavía y la violencia no ha desaparecido en la vida social. Pero, comparada con el horror de aquellos años, la situación actual está a años luz de la de entonces, aunque sólo fuera porque en la República Dominicana de hoy un Pechito Estévez sería inconcebible.
sábado, 1 de mayo de 2010
Georgette Canedo de Camacho presentó su última novela "tan sólo en su agonía" en ceremonia realizada en Portales. En la foto Edwin Tapia y la autora

“Tan solo en su agonía…”, novela de Georgette Canedo de Camacho que refleja la oscura época de las dictaduras militares, desde el realismo, el humor y la ironía, fue presentada el pasado miércoles por la noche, en la Biblioteca del Centro Simón I. Patiño.
lunes, 22 de febrero de 2010
Armando Alba y Gesta Bárbara
Sin duda el más notable potosino del último siglo Armando Alba quién fuera político, parlamentario, ministro y embajador en Madrid, reúne en sí tales cualidades y su extraño amor por la Casa de la Moneda que se ha convertido en algo inseparable a su trayectoria personal. Nacido con vocación por las letras empezó a escribir incluso poesía dedicada a su “María Luisa” inseparable de toda la vida. Jaime Alba formado ingeniero agrónomo se convirtió en gran impulsor de la quinua, así lo conocimos en Cochabamba, al mando de un equipo de técnicos auspiciados por una entidad del gobierno de EEUU para incentivar las plantaciones del producto, hoy ya famoso en todas partes del mundo. Y conocimos también a Maria Luisa Alba militante de las jóvenes católicas y dueña de un buen humor permanente y bonachona, dispuesta a tenderle la mano al amigo.
Armando Alba según refieren sus biógrafos intuyó la función de la Casa de la Moneda que tomó a su cargo, convirtiéndola de un cuchitril en un verdadero museo de carácter continental. Dicho en una frase, la historia detrás de la hazaña de Alba es colosal. La casona construida con las característica de una fortaleza de piedra había servido de todo caballeriza, cuartel, refugio de malandrines, cárcel, guarnición policial, etc., y lo poco que había quedado después del saqueo virtual a que la casona fue sometida con la llegada de los Ejércitos Libertadores argentinos, que como se sabe se llevaron todas las monedas de plata y otras cosas al nacer de la República por los 1820 , sirvió de base para edificar un museo, allí estuvo don Armando, armado de fe y coraje, consiguió los recursos merced a su prestigio y entrega personal, hasta logró que Argentina dispusiera de asesores especializados en dos materias, levantamientos de museos y restauración, pues merced al apoyo de las religiosas del Colegio Santa Rosa y de patricios potosinos se hizo de valiosas obras de arte, como las pinturas de Melchor Pérez de Holguín que recuperó de los hermanos Michel – Chacón según refiere Valentín Abecia cuando nos cuenta sobre los sitios donde se reunían los pioneros de Gesta Bárbara fundada en 1918. El primer sitio conocido donde tertuliaban los poetas, escritores y artistas está marcado con el número 101 de la calle Millares. Fue allí donde se editó La Revista que recogía todas las inquietudes de aquellos potosinos ilustres que daban vuelo a su pensamiento y se paseaban por el mundo entero en viajes imaginarios, haciendo vivir de ilusión y ensoñación a los privilegiados lectores de las letras impresas por Gamaliel Churata verdadero obrero de las letras, pero también Jefe de Redacción y autor él mismo de imborrables páginas.
Cuánta dedicación, capacidad, recursos y verdadera pasión puso Armando Alba en convertir a la Casa de la Moneda en lo que es hoy en día, un referente histórico de la Colonia, del tesoro del Cerro Rico, de las monedas legales que servían para negociar dentro y fuera del Reino de España, lo más notable es que antes de la Guerra del Chaco (1932 al 1935) los miembros de Gesta Bárbara incluido Armando se reunían en plena casona, desprovista de las comodidades de la vida moderna y soportando los rigores del invierno y otras estaciones en aquella fortaleza a donde no llegaban los rayos del sol. Cuántas historias, anécdotas, pasajes literarios, trozos de poemas se habrán desgranado en sus salas (hoy el Museo tiene 33 ambientes con diversos objetos de exposición) la agrupación legendaria reunía también a pintores, músicos, y según referencias de su producción artísticas eran “rebeldes” tanto por la influencia social del padre Zampa y del propio pensamiento social de la época que empezaba a echar sombras sobre el legado que nos había dejado la dominación colonial, ello explica que naciera y muriera después de corta existencia un grupo menor de escritores avanzados llamado La Palestra compuesto por Justo P. Ayala, Juan Manuel de la Quintana, Alfredo Vera Álvarez, Lucio Lanza Solares.
Al concluir mi tiempo en el Colegio Don Bosco de Sucre regresé a Potosí y por la muerte de mi padre llegué a formar parte de la familia Torres – Miranda, cuyo titular don Augusto Torres había merecido toda confianza de Armando Alba y lo nombró Contador. Largas tertulias sostuve con don Augusto, quién relataba pasajes sorprendentes del Administrador de la Casa de la Moneda, así supe por ejemplo que parte del patrimonio de la familia Alba se sumó a las fuertes erogaciones que demandaba mantener en pie el Museo que por entonces apenas tenía ingresos. Jaime Alba muchos años después confirmó lo mismo. “Mi padre quedó pobre debido a la Casona”. Lo evidente es que gracias al potosino ilustre se instaló una imprenta editorial cuya producción le significó saneados ingresos para subsidiar los ítems que producían pérdidas.
Alba que murió recién en 1974 a los 73 años de edad fue sucedido por mi condiscípulo de colegio, colega periodista y escritor Wilson Mendieta Pacheco aposentado entonces en Tarija quién puso énfasis en el trabajo de la editorial habiendo reimpreso algunas de las obras de Gesta Bárbara y otras muchas, resultó en todo caso digno sucesor de don Armando orientando en el mismo objetivo de darle vigencia al Museo como faro luminoso de la potosinidad que con el grupo preclaro de Gesta Bárbara primera época enriqueció la intelectualidad boliviana.
domingo, 21 de febrero de 2010
Gamaliel Churata y José Antonio Zampa
Gestores de la Gran Gesta Bárbara
Un intelectual el primero conocido por nosotros, los que tratamos de seguir la historia, por su pseudónimo, discípulo y seguidor del segundo franciscano, pobre como el que más aunque enriquecido por la Gracia y la vida interior supo inspirar a un grupo llamaremos de “sus amigos” la flamante doctrina social de la Iglesia que empezó a conocerse por aquellos años fruto de la Rerum Novarum y que nomás llegado de Italia encarnó en su espíritu imbuido de piedad cristiana y fervoroso en el servicio de Dios.
Aun cuando no podemos a ciencia cierta precisar fechas y lugares, dando por seguro que toda la historia sucedió en la benemérita Villa Imperial de Caros V, se puede recrear que Gamaliel llamado en realidad Arturo Peralta llegado del Perú (zona del Lago Titicaca) dicen los historiadores, adolescente y bien conocido por los franciscanos, quizá alumno aventajado del catecismo y de la filosofía católica, a demandar cobijo en el Convento de San Francisco, situado apenas a tres cuadras de la plaza 10 de Noviembre.
El fraile Zampa imbuido de las lecciones sociales de León XIII que tan claramente instruyó a los pastores que se familiarizaran con la cuestión social, resultó de los primeros en predicar la doctrina social de la Iglesia. Los derechos de los trabajadores, el salario justo, la contratación, la obligación al patrón cristiano de atender todas las necesidades del obrero incluyendo su educación, a su familia, sus intereses culturales y recreativos. Uy! Era demasiado!
Las enseñanzas del franciscano no cayeron bien allá por el 1900 y hasta molestaron sin duda a los grandes patrones de la minería que se perfilaban con toda fuerza y que algo mas tarde constituirían el Superestado contra el que luchó Paz Estenssoro, juan Lechín, Siles Suazo, Walter Guevara y que fue el pilar de lucha para fundar el gran movimiento obrero que culminó en la Central Obrera Boliviana. Y llevó a los anales de la historia el mayor logro del último siglo. La Revolución Nacional. Lo cierto es que el fraile, más bien de baja estatura, muy desaliñado, que a pesar del crudo invierno potosino andaba siempre con sandalias casi descalzo. Lo cierto es que fue extrañado de Bolivia, posiblemente a Perú o Argentina de donde abría de regresar para continuar con su labor espiritual que fue fecunda ya que José Antonio Zampa fue el primero, mucho antes de la Reforma Agraria en fundar las famosas “Escuelas de Cristo” que se multiplicaron en forma asombrosa, creo que llegaron a ser más de 300 en el tiempo de nuestra permanencia en Potosí. 1949 hasta 19953.
Cobijado en el convento donde nada material llegó a faltarle Gamaliel logró poner en marcha con la ayuda efectiva del religioso una pequeña imprenta, oh! Prodigio! Que sería nada menos que la cuna matriz de ese priivilegiado grupo de intelectuales poetas y escritores que conocemos como Gesta Bárbara.
Porqué Churata y ningún otro. La explicación es simple. Ya en Perú, posiblemente en una casa religiosa el peruano aprendió las artes de la impresión y la composición. Podía armar matrices y estamparlas sobre el papel. Aquello para los inicios de los 1900 en Potosí, era nada menos que algo maravilloso.
Y para llenar los contenidos estaban los escribidores de la Gesta, pródigos, generosos, entusiastas y febriles para plasmar su sapiencia en el papel y divulgar sus pensamientos por doquier. Quién lo creyera el fraile fue el instrumento y Gamaliel el obrero que además fue escribiendo de a poco y nos ha dejado un magnífico y polifacético legado de su producción que se lee con deleite.
Este cronista, hijo de español aposentado en Potosí recuerda vagamente al franciscano que se llegaba hasta nuestra casa ubicada en calle Bustillo esquina Ingavi con un bolso bastante grande de lona. Venía donde don Bernardino el nombre de mi padre para depositar el dinero que recibía el franciscano de Italia, España y algún otro país interesado en coadyuvar con él en la fundación de las escuelas.
Los bancos no eran de fiar y hacían demasiadas preguntas, mejor tener el dinero en efectivo a la mano con el asturiano bien conocido, poseedor de una caja fuerte (de color verde) empotrada en el recibo de la Sala, perfectamente cubierta por la victrola sobre un mueble de madera. De paso mi padre le dejaba algún interés por el dinero depositado que a su vez, servía para atender otras necesidades de algunas casas religiosas como las Hijas de Santa Ana del colegio Santa Rosa.
Gamaliel tenía a su cargo la imprenta para producir los cuadernos y las cartillas de lectura de los miles de alumnos de las Escuelas de Cristo que el padre Zampa distribuía en forma personal e incansable viajando de sol a sol. El legado de Churata merece otra nota que con placer entregaremos a nuestros lectores.
martes, 29 de diciembre de 2009
dos autoras cochabambinas Lilibeth Galindo y Velia Calvimontes poetisa la primera y narradora la segunda
Del libro de la Unión de Poetas y Escritores 2009
Mauricio Aira
El texto de 274 páginas primorosamente impreso comprende cuatro grupos de selecta lectura en poesía, narrativa, ensayo y anecdotario de los que ofrecimos ocuparnos sucesivamente habiendo escogido hoy los versos de Lilibeth Galindo de Guardia quién honra la vena literaria familiar con estudios en Bogotá, por supuesto también en Cochabamba y la publicación de sus libros “De donde vienen los sueños” “Y…en las tardes la imaginación” con aportes de Beba Rodríguez Estenssoro, Norma Méndez de Paz y Velia Calvimontes. Todos sus poemas de tinte romántico vivencial respiran halitos espirituales capaces de transportarnos de la mano, allí donde su autora lo propone “perdí mi cuaderno de poemas no lo recuerdo no lo siento partió como llegó ráfagas en mi mente. Miré sobre la nieve mi pluma tal vez mi sombra. La rosa encarnada está en el balcón inerte sus cabellos son hiedras pétalos de un día. Recogeré esos poemas entre las sombra del color de otoño o sobre un tronco herido”. O este otro elegido al azar “mi universo corre por las venas de tus manos si ellas viven vivo yo sino no estoy. En tu pensar yo pienso en tu dolor yo siento en tu alegría yo danzo en tu tristeza me ahogo. El tiempo como un atajo me hizo volar tan lejos. Las piedras en el camino marcaban mi destino. Destino incierto tan mío del partir y la tristeza”
En cuanto a narrativa Velia Calvimontes Salinas es una escritora cochabambina caracterizada por su notable aporte a la literatura infanto juvenil, aunque también se la cita en antologías del cuento erótico donde ciertamente figuran contadas damas del entorno literario nacional. Hemos asociado de manera espontáneo de su serie Naturaleza Viva, Invierno Frente a mis Ojos, debido al frío actual en Escandinavia, más propiamente en Gotemburgo de seis grados bajo cero cuando ha pasado ya la medianoche. “Hubo ya dos días seguidos de tormenta de nieve –refiere Velia- que ahora extendida por doquier se ve hermosa, con una helada serenidad, como un inmenso manto que quisiera envolver a la tierra.
Miro por la ventana la casa vecina, el techo de impecable albura, el espesor de la nieve debe ser de unas doce pulgadas, en cierta parte esbozando una sonrisa plácida, la nieve se estiró como con pereza en forma de ondeando faldón que cuelga unos tres metros de largo, festoneando su orilla se descolgaron más de una docena de carámbanos cristalinos di diferentes dimensiones y que al reflejo de la luz de los pequeños focos navideños, cobran el aspecto de diamantinas agujas intentando dar puntadas en félido aire. Detrás se divisan las ramas desnudas y temblorosas de un árbol que semanas antes, el viento despojó de su otoñal vestimenta y en cuyas venas la savia duerme el sueño de renovación.
Bajo la vista, los pinos enanos cual centinelas ornan las fachadas de las viviendas, en su mayoría tienen la forma de esferas, ensenan pasivos sus nevadas cabezas a guisa de postres generosamente cubiertos con abundante crema.
Nieve. Frio. Blanco. Silencio. Belleza congelada.
Espectáculo imponente, estremecedora muestra de la Madre Natura.
Mi corazón, tibio capullo queda sobrecogido. Una lágrima resbala. Me he sentido dentro del pasado, presente y futuro” Qué casualidad , Velia lo escribió en diciembre del 2000 en un invierno de Chicago parecido en mucho al invierno aquí, de una quietud impresionante, de un silencio sepulcral que se rompe apenas con el sonido del tranvía que trae de regreso a los jóvenes del barrio que han estado reunidos celebrando con los amigos en el centro de la ciudad donde bulle la alegría, dentro de los bares y restaurantes han encontrado el calor humano que ya en la calle está ausente, quizá por ello y especialmente por ello buscan la presencia de otros jóvenes ante quienes presumir de sus pocos años, de su ropa de marca, de su saber fumar y de tener dinero para poderlo gastar en los marcos de una austeridad colectiva donde nadie puede excederse, ni siquiera en una cerrada noche de invierno en que las luces navideñas son las únicas compañeras del tunante de regreso al hogar y preparándose para celebrar un año nuevo que en el fondo ellos desean no será tan aburrido ni tedioso como el que acaba de pasar.
Gotemburgo, 30 diiembre 2009