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domingo, 6 de mayo de 2012

hace algún tiempo Norah Humérez Comtois publicó un delicado libro con el inspirado título de Alma Boliviana rubricado además "tan lejos y tan cerca...mi Patria...de una primera lectura, que recreó nuestro espíritu y lo sumió en dulce añoranza, nos habíamos prometido ir publicando algunos de sus poemas verdaderamente sentidos y dedicados entre otros temas a la Patria añorada.

ERRANTE

Errante mi alma te busca. Adopté al mundo dejando tu suelo, pero en mi vida quedaste engarzada.
Oh tierra fecunda!, amada Bolivia, palpar quisiera tus montañas, danzar en tus suaves valles,
soñar yo quisiera en las orillas de tus caudalosos y cálidos ríos.

Errante mi alma te busca. Mi ser se estremece...qué larga ha sido esta ausencia!
La felicidad, la paz, el sosiego ocultos están en tus hondonadas.
Estos nos esperan y nos guían cual flores que no se marchitan.
Mente, cuerpo, alma vuelan a tu encuentro...mente, cuerpo, alma vuelan a tu encuentro...
Añorada patria, Bolivia!

AÑORANZA

Dónde esta mi Patria! Dónde está el amor? Dónde está mi valle, dónde el jardín en flor?
Respondedme montañas. Sonreídme ríos y lagos. Alúmbrame cielo estrellado. Abrígame sol ardiente.
Que mi pena vibre en la quena, que mi poema se vuelva rocío. Que mi corazón cante en la hondonada.
Que mis pasos lleguen ya al santuario.

Estoy en ti Patria amada. Corriendo en tus valles. Contemplando tus bellos jardines.
Bailando taquirari, huayño y cueca. No más añoranza, no más aflicción.
La paz, la justicia, la hermandad se han unido en melodioso cantar y entonan el himno de la libertad.

CIUDAD NATAL

Cochabamba, encantadora ciudad natal! En gesto materno me abriste tus brazos floridos.
En los años gozosos de la infancia me ofreciste el refugio de tus parques.
En los años románticos de la adolescencia, lloraste generosamente conmigo cuando, ya adulta,
descubrí que la pobreza también habitaba tus calles.

Ciudad heroica que sabes engalanarte para celebrar la vida y honrar a los antepasados.
Ciudad que sabes descollar por tu talento y gracia. Ciudad flor, bendecida de eterna primavera.
Los visitantes extranjeros sonríen al contemplar tus riachuelos risueños y tus exóticos huertos.

Protegida por colinas, guardianas de tu historia, estás siempre animada de ferias y de folklore,
poblada de niños y de adolescentes sonrientes, eres una inmensa escuela del saber y de la vida.
Ciudad natal, te llevo en el corazón por doquier, con el eterno candor y regocijo de la infancia.

viernes, 4 de mayo de 2012

Pedro Shimose con un texto sabroso como siempre nos habla hoy de "desnudeces y pelotudeces" florido lenguaje imperdible

El ser humano cubrió su desnudez con pieles o con cortezas vegetales para defenderse del frío y atenuar el efecto nocivo de las radiaciones solares. Tal el origen del traje. Los bosquimanos de los trópicos iban calatos. Ir desnudos formaba parte de su naturaleza consustancializada con el mito del Edén. La religión convirtió el desnudo en algo sagrado, manifestación trascendente de la gracia divina y del vigor físico. En los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua, los atletas competían desnudos. Entre los sirios, Astarté simbolizó la belleza femenina; Afrodita, entre los griegos, y Venus, entre los romanos. Los griegos imaginaron a la diosa Afrodita saliendo desnuda del mar. Algo parecido le ocurrió a Botticelli al pintar El nacimiento de Venus y al poeta Vinicius de Moraes al ver, en pleno ‘chaqui’ (resaca), una ‘garota’ emergiendo del mar en la playa de Ipanema, al amanecer.
Una de las esculturas más hermosas de la Grecia antigua es la Afrodita de Cnido, obra de Praxíteles (siglo I a.C.). Es sabido que una cortesana llamada Friné, amante del escultor, sirvió de modelo para tan excelsa obra. Las autoridades griegas la acusaron de impiedad, pues no podía permitirse que el cuerpo de una hetaira (así llamaban los griegos a las prostitutas) representara el cuerpo de una diosa. Friné fue llevada a juicio y un discípulo de Platón, llamado Hipérides, se encargó de defenderla. El tribunal permanecía impávido ante los argumentos del filósofo. Dando por perdida la causa, el defensor hizo que Friné se desnudara ante los jueces que, al ver la belleza de la imputada, la absolvieron. 
A partir del Renacimiento y la Ilustración, el desnudo femenino adquiere otra categoría estética y moral. Desaparecido el sentido sacro de la belleza humana, el siglo XX convierte la desnudez en moda, ideología, negocio y arma política de protesta social. Cunden los campos nudistas y se propaga el desnudo en el cine, el teatro, el cómic, la publicidad, las revistas, la televisión, las redes sociales, el videoclip, el estriptís y el espectáculo musical. Hasta las cantantes de ópera hacen gorgoritos en pelota picada. 
Hoy, las muchachas salen a la calle en plan Lady Godiva, a protestar en cueros por lo que sea. Hace años, por ejemplo, una mujer se empelotó a la entrada del Ayuntamiento de Madrid, cansada de solicitar por las buenas un documento que las autoridades le negaban. Fue inútil. Se había equivocado de oficina. 
Otro caso. En las últimas elecciones presidenciales de la Federación Rusa, mil jóvenes moscovitas se desnudaron y se dejaron tocar los senos por aquellos electores que prometían votar a Putin. Las agencias de prensa publicaron que 7.000 rusos rechazaron la oferta, pero hubo un ‘avivato’ que se dio el lote toqueteando las tetas de mil afroditas putinescas. 
Hoy, las afroditas ‘indignadas’ van desnudas en bicicleta, pedaleando al son de ritmos discotequeros, mientras Apolos en bolas desafían al orden establecido irrumpiendo en canchas de fútbol al grito de: “¡Por mis pelotas!”. Hasta las damas católicas recuerdan que, hace ocho siglos, San Francisco salió en taparrabos por las calles de Asís en señal de protesta contra su obispo. Así estamos, desmadrados y en pleno despelote. // Madrid, 04/05/2012.

viernes, 27 de abril de 2012

sorprende Pedro Shimose que se atreve a llamar las cosas por su nombre "en una Argentina empoderada por la necrofilia peronista" Ejemplar y único


Fracasada la intentona de una nueva aventura bélica en las Malvinas, la patota peronista de los Kirchner se ha lanzado al abordaje de YPF/Repsol. Como sabemos, la recuperación de las Islas Malvinas es el tema recurrente de los gobiernos nacionalistas argentinos cada vez que hay problemas en el país de los cinco premios Nobel (Saavedra Lamas, 1936 / Houssay, 1947 / Leloir, 1970 / Pérez Esquivel, 1980 / y Mildstein, 1984) y de Jorge Luis Borges, que no lo obtuvo porque Dios, la Academia sueca y los peronistas no lo quisieron.
Perón destituyó a Borges de su cargo de director de la Biblioteca Nacional, en 1946, y lo designó Inspector de pollos, gallinas y conejos en el mercado de Buenos Aires, puesto que el autor de Historia universal de la infamia rechazó, naturalmente. A Borges no le ofuscó la infamia justicialista; lo que le mortificaba era la marcha de los muchachos peronistas dándole al bombo: “Perón, Perón, / ¡qué grande sos! / Mi general, / ¡volvé otra vez!”. Borges debe revolverse en su tumba ginebrina, porque los fantasmas de Perón y Evita han vuelto de la mano de los Kirchner (Héctor Cámpora fue un paréntesis montonero y Carlos Saúl Menem, un oxímoron peronista-neoliberal).
Tres escritores –Tomás Eloy Martínez, Andrés Oppenheimer y V.S. Naipaul (premio Nobel de Literatura 2001)– nos ayudan a descifrar el enigma de la esfinge peronista y un tango, en el país del tango, aclara precisamente la cosa, ¿viste?: “El honrao se vuelve chorro / por el quiebre del ahorro; / el ladrón es hoy decente / y a la fuerza se ha hecho gente / ya no encuentra a quién robar, / porque la guita que había / otros se la han afanao” (Al mundo le falta un tornillo, de Cadícamo y Barbieri). A esto, los argentinos le llaman ‘El corralito’. Es el corsi e recorsi de los ‘descamisados’, hoy convertidos en ‘yuppies’ expropiadores, amigos del expolio.
Naipaul escribió hace años una crónica profética titulada El regreso de Eva Perón; Martínez, las novelas Santa Evita y La novela de Perón; y Oppenheimer, el artículo titulado Argentina: ¿a contramano del mundo? (El Nuevo Herald, de Miami / EEUU). Ellos nos ayudan a comprender lo que está pasando en “el jardín de los senderos que se bifurcan”, o sea, el laberinto argentino. En 1996, Carlos Fuentes publicó un soberbio comentario a la novela de Martínez. “Santa Evita –escribe– es la historia de un país latinoamericano autoengañado, que se imagina europeo, racional, civilizado, y amanece un día sin ilusiones (…) más enloquecido porque jamás se creyó tan vulnerable, dolido de su amnesia, porque debió recordar que también era el país de Facundo, de Rosas y de Arlt, tan brutalmente salvaje como sus militares torturadores, asesinos, destructores de familias, generaciones enteras de argentinos”. (Suplemento Cultura /La Nación, Buenos Aires).
La necrofilia peronista construye extrañas analogías: Evita muere consumida por el cáncer y Néstor Kirchner de un paro cardiorrespiratorio. A Evita la momifican como una faraona sin pirámide y a Néstor le construyen un mausoleo apto para romerías macabras como ocurre en el relato El simulacro, de Borges. Si Evita se apoyó en un brujo llamado Perón, Isabelita se apoyó en otro, llamado López Rega. Hoy, Cristinita se ha inventado el suyo, llamado Axel Kicillof. Al fin de cuentas, la expropiación de YPF/Repsol es una conjura mágica. Lo que venga después será un cuento chino sobre una ‘Vaca Muerta’ que ya empieza a oler mal. // Madrid, 27/04/2012.
* Escritor

lunes, 5 de marzo de 2012

Hernando García Vespa me llamó poderosamente la atención cuando leí sus primeros escritos. Comparé su estilo y la temática de Constancio G. Vigil, el padre de la espiritualidad en Argentina. El Deber nos ofrece una columna que confirma la grandes dotes de García Vespa

En un ambiente bucólico y coloquial, rodeado de la intimidad de su dulce hogar, la última semana de diciembre pasado disfruté de su presencia mayestática, sin imaginarme que poco tiempo después sus ojos se cerrarían para siempre. El gran escritor Hernando García Vespa me confesó entonces que el camino al ascetismo místico siempre ligado a su figura no era para él. Me habló del deleite de la vida, del agradecimiento, de su formación y de la poesía de la atención, y también de sus cuitas. Dijo que la única religión válida es la meditación, que desde el plano filosófico significa contemplación. Proféticamente me abordó el tema de los ciclos que la vida le brinda al hombre para cumplir un rol en este mundo, y los mensajes y reflexiones que quedan flotando una vez que se cumplen dichos ciclos fatales de la existencia humana. Al despedirnos, el anfitrión me obsequió el libro Cascada poética, del vate Oswaldo Rodríguez Román, que en su proemio subraya: “Este poeta romántico y humilde, nacido en San Ramón, en ese pueblo ameno y natural, palpitante y sonoro, de tierra profunda y generosa, que en cada amanecer despierta a orillas del Machupo, un río de aguas dulces, de pájaros azules, de nenúfares en flor y de peces incandescentes”.
A manera de homenaje póstumo, transcribo algunos de sus sublimes pensamientos y reflexiones que me dictó durante las tertulias que degustamos juntos y cuyos apuntes conservo como una reliquia:
“Sin democracia la libertad es una quimera”. “El escritor hace algo mejor que inventar: descubre y se introduce en los meandros del alma viviente”. El hombre ha perdido la llave maestra del cosmos y de sí mismo; desgarrado en su interior, separado de la naturaleza, sometido al tormento del tiempo y del trabajo, camina anonadado en un laberinto que parece no tener salida”. “No es poeta aquel que no ha sentido la tentación de destruir o crear otro lenguaje”. “El amor nace de un flechazo; la amistad del intercambio frecuente y prolongado”. “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… el miedo al cambio”. “El libro es un pájaro con más de cien alas para volar”. “Cuando anuncian por el altavoz que se ha extraviado un niño, siempre pienso que ese niño soy yo”. “El reloj no existe en las horas felices”. “Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte”. “El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo”. “El epitafio es la última tarjeta de visita que se hace el hombre”. “El otro lado del río siempre estará triste de no estar de este lado”. 
Como verán, el Dr. Hernando García Vespa nos sigue iluminando.

viernes, 24 de febrero de 2012

Pedro Shime se refiere "al entierro de la sardina" y otras lindezas de las coplas evistas y los excesos oficialistas


Queridos coleguitas:
Carnestolendas es la abreviatura de ‘Dominica ante carnes tollendas’, locución latina que, en cristiano, quiere decir: “El domingo antes de quitar las carnes”, lo mismo que la palabra Carnaval, alteración de ‘carnelevare’, es decir, quitar la carne en el menú alimenticio de estos próximos 40 días y, si se puede, en el otro menú. Quiero deciros, hermanos pecadores, que “la Cuaresma ha llegado / con su color morado / y sus oraciones / contra las tentaciones”.
El Carnaval es uno de los ritos tradicionales del invierno europeo y uno de los desmadres tradicionales del verano sudamericano con aguacero, mosquitos y todo. El calendario lunar europeo coincidía con las fiestas lupercales celebradas en Roma, en honor de Luperco, dios romano cazador de lobos, macho protector de los rebaños de ovejas, convertido en fauno plurinacional, depredador de imillas y ministras que, según la musa oficial de hace unos días, “muy pícaro es” / pues “cambia de chica / en un dos por tres”. En cada lunación, los romanos rendían culto a la fertilidad, de ahí que durante las fiestas lupercales se diera rienda suelta a los instintos sexuales para que la demografía no decayese en el Estado plurinacional. Bailaban, gritaban, correteaban a muchachuelas pinganillas y reían, cantaban coplas licenciosas jaleadas por las feministas, bebían y disfrutaban de la mojazón, el brincoteo y la chupandina.
Los romanos, que eran muy suyos, inmolaban corderos y perros; luego se cubrían con las pieles desolladas y corrían disfrazados entre balidos, ladridos, aullidos, azotando a las peladas con el matasuegras en una mano y globos rellenos de agua teñida, en la otra. A todo esto llegó el papa Gelasio I que condenó, en el año 494, todos estos desmanes carnavaleros, por pecaminosos; pero como somos desobedientes, no le dimos mucha bola. Han pasado más de 1.500 años y no cabe duda de que algo hemos cambiado. Ahora ya nadie mata perros y corderos por estas fechas; solo matamos chanchos y vaquillas para las parrilladas y patascas que cada comparsa ofrece en sus comilonas. A las mujeres ya no las perseguimos ni las azotamos, ni les decimos lisuras al oído, ni las pellizcamos más allá de lo que permite la decencia. Hoy las vestimos, peinamos y maquillamos como si fueran Liz Taylor en el papel de Cleopatra, de pie sobre una carroza triunfal entrando en Roma. Las adornamos con 4.000 plumas de piyo, dejando a miles de ñandúes con el ‘poto pelao’, y las coronamos con diademas de rubíes y diamantes. Es tal la majestuosidad de la reina del Carnaval que poco falta que gritemos: “¡Viva la monarquía!”.
El jolgorio es general y no se queda en las alturas. La fiesta desciende y se pasea por las aceras de las calles. En su puesto callejero, el chef de la ‘nouvelle cuisine cambacolla’ del mercado Abasto de Santa Cruz contempla exultante el paso del corso de Carnaval mientras vende ‘sándwiches de chola’ (cocina mestiza yanquillocalla). Feliz, alabó la hermosura de la divina Davinia y dijo en voz alta: “Bien linda había sabido ser nuestra reinita”. Un camba que pasaba por allí tomando somó, le repuso: “Me alegro que también sea tuya” y se perdió por el segundo anillo, bailando como un loco el último brincao de Aldo Peña, al grito de: “¡Viva el Partido Liberal!
Os espero en el entierro de la sardina. Mientras tanto, portaos bien. // Madrid, 24/02/2012

* Escritor

miércoles, 15 de febrero de 2012

la aparición de la obra de Cordero historiando el teatro en Bolivia, nos da pie para un aporte sobre el teatro potosino. continuamos con la resena de la obra El Santo Cristo de Bronce.



Teatro en Potosí. II
Mauricio Aira

Correspondió a José Zarate (Pepe) la iniciativa y puesta en las ondas de Radio Potosí de las primeras radionovelas adaptadas de las crónicas potosinas como el Tapado de Rocha, Tarapaya, La Cueva del Diablo, el Justo Juez y especialmente El Cristo de Mondragón o el Santo Cristo de Bronce que trata el mismo tema. En verdad que personalmente nunca escuché un solo capítulo de ninguno de ellos salvo mi participación personal en la puesta en escena de Juan Huayparrimachi (el poeta indio) por el mismo Zárate, que habiendo pasado alguna temporada en Colombia y Venezuela aprendió el arte de dramatizar las leyendas y adaptarlas para la radiodifusión tan en boga aquellos decenios del 50, 60, 70 antes de la aparición en Bolivia de las primeras trasmisiones en blanco y negro de la televisión oficial impulsada por el Presidente Barrientos, que consideraba un atraso intolerable no contar con el medio, mientras que para el Dr. Paz, no era todavía tiempo de gastarse fortunas (se refería aa la economía nacional) en importar equipos con valor agregado que beneficiasen a otras economías.
He tratado de indagar quién conserva alguno de aquellos “libretos” escrito a pluma y candela por Pepe Zárate (sinónimo del sacerdote José Zárate contemporáneo del primero y que ocupó funciones de Prefecto, Alcalde, dirigente cívico y Vicario General por sus extraordinarias condiciones de sabiduría, carácter y responsabilidad, siendo mi profesor de literatura en el Colegio Franciscano)
En el primer texto de esta serie adelanté el extraordinario contenido de esa leyenda del Cristo de Bronce relacionada con una modestísima comarca próxima a la Villa Imperial conocida como Mondragón, ubérrimo microvalle escenario elegido por el autor anónimo de la leyenda que recogieron cronistas de la colonia y reprodujeron otros como Modera Terán Erquicia en la era republicana. Mondragón en el Norte de España vinculada a Bilbao y San Sebastián, es un modelo excepcional del cooperativismo mundial. “La meca. El lugar de visita o peregrinación si se quiere obligado de todos los lideres cooperativistas del mundo”, allí convergimos con nuestro proyecto de Cooperativismo Latinoamericano y pudimos beber de sus fuentes de inspiración admirables y de las que nos ocupamos en otro blog llamado “Cooperativismo Solidario”.
En Mondragón, Potosí se conserva una rústica capilla en cuyo fondo se conserva una cruz de madera que deja adivinar la silueta del Crucificado que ha dibujado con sangre la proyección de su cuerpo pendiente de la cruz. Cuando uno visita el sitio, el guía que nos acompaña saca a relucir toda la historia, a todas luces original y tan propia de la portentosa ciudad colonial, la Villa Imperial de Carlos V, tan poblada y próspera como la mayor en América del Sur, gracias a sus yacimientos de plata que extraída a raudales de sus fuentes algunas a flor de tierra, fueron el sustento de la economía ibérica que actualizó su valía pagando deudas retrasadas a sus poderosos vecinos como Alemania, Italia, Francia y aún le quedó bastante para hermosas sus ciudades, construir nuevos templos y palacios y potencia su Tesoro por cerca de tres siglos más.
La leyenda nace en un día de Corpus Christi, que el ordinario del clero convocó a celebrar con gran solemnidad. La clase alta española y otras familias emparentadas con lugareños ocupaban sitios de honor y privilegio ya dentro del templo, no existían los bancos de madera como empezaba a suceder en Europa, sino que en torno del atrio del Altar Mayor se parcelaban los espacios y las damas españolas tendían sobre el piso lujosas alfombrillas cada una diferente a la otra para singularizar su posesión. Criollos, mestizos e indígenas ocupaban el resto por orden de llegada. En algunas versiones de la misma leyenda la protagonista se llamó María Sauraura y en otras Magdalena Téllez acaudala chola, lujosamente presentable, joven y hermosa con sus largos cabellos de negro azabache no dudo en ingresar al gran templo y se adelantó tranquila hasta tender su pollerón en uno de los primeros sitios desplazamiento a la dueña de la reserva.
Poco antes de iniciarse la ceremonia del Corpus, ingresó Ana Sáenz de Barea dueña del mantón y se trabó una agria discusión que fue subiendo de tono hasta que intervino Don Juan Sáenz el caballeroso esposo de la dama, que en forma violenta y humillante para Magdalena la sacó a empellones del lugar sagrado. Impotente y fuera de sí pronunció el juramente de venganza. Esta humillación no quedará aquí “juro por el Cristo del Altar que me las pagará Don Juan y doña Ana y todos los cobardes que nada hicieron por defender mi honor, por evitarme esta humillación”
(Continuaremos con el texto III)

domingo, 5 de febrero de 2012

Carlos Mesa es leído no sólo en su producción del pensamiento político sino tambien como prosista de poética vena que arropa hoy la regia personalidad del Gran Borges. un caramelo dulce y sabroso

Siempre que pienso en escribir algún texto de ficción se me viene a la cabeza la obra de Borges. Es cuando me pregunto si después de leer su inmensidad tiene algún sentido escribir. ¿Es que se puede decir algo de mejor manera? ¿Se puede indagar en el hombre y en el mundo aportando algo que no haya dicho? Y que conste que llegó después de Esquilo y Dante y Shakespeare y Cervantes y Montaigne…
Recuerdo como entre brumas la única vez que lo vi y lo escuché, con esa voz entre tímida, suave e irónica que tenía. Era 1971, yo estudiaba literatura en Madrid y allí llegó el hombre con su bastón dubitante. En un salón que me parece oscuro en la memoria, nos contó cosas de su obra, del arte de escribir, de las invenciones eruditas para hacer del texto un ingenioso y demoledor laberinto en el que el lector debe sumergirse. Al terminar la conferencia me paré en la puerta de ingreso como tantos otros muchachos que querían estar cerca de un famoso, y lo sentí pasar a mi lado, lento, como congelando cada paso. Fue un susurro, sólo eso.
Yo ya había leído “Ficciones”. Hoy creo que es su libro capital (suponiendo que su obra entera no lo sea) y probablemente no lo había entendido demasiado. A Borges hay que leerlo una y 1.000 veces, detenerse, repetir en silencio una de sus palabras o una de sus frases, hasta que se apropien de la mente. Luego es dable continuar la lectura.
Eran los días en que el deslumbramiento me había llegado por la vía de “Conversación en La Catedral” y la magia incandescente de “Cien años de soledad”. América Latina lo era todo para mí, era mi casa, mi alma, mi pasión. Me sentía profundamente latinoamericano y devoraba la literatura del boom sin medida, sin descanso, como en una alucinación. Encontré entonces, por recomendación de mi madre, “Todos los Gatos son Pardos”, quizás la obra crucial para entender el desgarramiento del mestizaje del continente. En ese escenario que transitaba por “El Siglo de las Luces” y que me había emborrachado de desmesura, el estilete borgiano aún no tenía cabida, como no la tenía todavía la palabra de Octavio Paz en “El Mono Gramático” o en “Sor Juana Inés de la Cruz” o las “Trampas de la Fe”.
Hoy siento todavía, y de modo bien distinto al de hace 40 años, la soledad del silencio que rodeaba la voz de Borges, entonces un hombre de 72 años. Yo tenía 17 y medía al escritor con la vara de los instrumentos refulgentes de la música literaria de los jóvenes pro cubanos que escribían sobre nuestra identidad. No entendía todavía que la identidad de los personajes borgianos no era otra que la esencial, la humana…profundamente humana.
No sé si al día siguiente de esa presencia que se alojó en algún rincón de mi espíritu, o un tiempo después (la fecha de la edición desmiente categóricamente esta pretensión) compré su obra poética en una frágil impresión de Alianza Bolsillo que por supuesto conservo, y quedé sobrepasado para siempre por un poema: “Ajedrez”. No sé si ahora diría que es su mejor poema, probablemente no, pero importa poco. Me pareció entonces y me lo parece todavía, que en sus versos está la clave del drama humano: “no saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino…también el jugador…es prisionero de otro tablero de negras noches y blancos días”, e inmediatamente cuando ya todo el aliento parece haberse ido: “Qué Dios detrás de Dios la trama empieza…”.
Borges juega con la obsesión por desentrañar los desafíos del destino, la oscuridad del universo y el extraño papel de Dios. Juego siempre, afinada ironía, cruel constatación. No es la reflexión de Sábato en “Uno y el Universo”, es, por el contrario, una persecución implacable del inocente abismo de nuestro pensamiento. Ni dueños y señores de nuestro destino, ni sujetos-víctimas del perfecto plan divino. En muchos sentidos su clara preferencia por los cuentos policiales y el secreto de su estructura narrativa, creo, tienen que ver con la propuesta esencial, la sorpresa, el giro impensado, la solución insólita. Vale para la vida de cada uno de nosotros.
Hay en todo esto una delgada línea entre el caos y el azar. Una secuencia de causa y efecto, alguna vez. Una relación inevitable desde el primer día de la especie, alguna otra. Una explicación inapelable, finalmente.
Si como se lee en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” un espejo y la cópula son abominables porque ambos multiplican el número de los hombres, los hombres serían una anomalía en el “orden natural”. Pero Borges demuestra que no es abominable la belleza fría y casi perfecta de la palabra trabajada en sus textos, los de un hombre producto de la cópula, lo que nos permite pensar que el azar valió la pena si fue para construir edificios literarios tan inmensos.
Un día el escritor murió y fue enterrado en un lugar que retrata quizás la limpieza de su prosa. Entonces, cumplió aquella frase que está también en “Ficciones”. Llegó a “un alto y claro balcón que miraba el ocaso”.